Zeus, el dios principal de su región y uno de los dioses más poderosos que existían, compartía dicho título únicamente con sus hermanos.
Se elevó en el aire y, levantando su brazo hacia el cielo, habló con una voz fuerte y clara para que todos los presentes pudieran escucharlo.
—¡El Denatus comienza!
Al mismo tiempo, enormes círculos mágicos de color blanco se manifestaron en el firmamento, cubriendo el cielo con un resplandor divino.
Cuando alcanzaron su máximo brillo, estruendosos truenos comenzaron a resonar por toda la arena.
Un instante después, un gigantesco rayo descendió desde las alturas en dirección al enorme dragón que acababa de reclamar su victoria.
La criatura no tuvo tiempo de reaccionar.
El relámpago la impactó de lleno.
Desafortunadamente para ella, ni siquiera tuvo oportunidad de sentir dolor o emitir un último rugido.
En el momento en que el rayo la alcanzó, su cuerpo quedó reducido a cenizas.
Los dioses que apenas unos momentos antes se encontraban eufóricos quedaron congelados en sus lugares.
Algunos mostraban miedo.
Otros, sorpresa.
Justo cuando Zeus estaba a punto de regresar a su trono, varias voces se alzaron para detenerlo.
—¡Oye! ¡Vas a pagarme todo el oro que me hiciste perder!
La que habló fue una mujer de largo cabello rojo y ojos del mismo color.
Y con un pecho...
Inexistente.
—¡Yo también perdí por tu culpa!
—¡Sí! ¡Yo también!
Al ver que alguien se había atrevido a reclamar, varios dioses se unieron a las protestas, expresando su inconformidad por haber perdido sus apuestas debido a la intervención de Zeus.
Este simplemente les dedicó una fría mirada.
Solo eso fue suficiente para que la mayoría desistiera de inmediato.
Bueno...
La mayoría.
—¡¿Qué?! ¡¿Acaso quieres pelear?! ¡No te tengo miedo, dios de pacotilla!
A diferencia de los demás, la diosa pelirroja no parecía intimidada.
Por el contrario, la mirada de Zeus solo consiguió enfurecerla aún más.
Y al notar que este no la tomaba en serio, comenzó a activar su Arcanum.
Al verla hablar en serio, Zeus frunció el ceño antes de intentar calmar la situación.
—Está bien. Pagaré lo que perdiste. Solo no armes un escándalo.
Aunque aquella diosa no representaba una amenaza real para él y podía someterla por la fuerza sin demasiados problemas, decidió evitar el conflicto.
Si ambos comenzaban una pelea, esta podría prolongarse durante días.
Y la dirección del Denatus terminaría desviándose por completo.
—Después de esto puedes venir al Olimpo para resolver este asunto...
Loki.
Zeus pronunció aquel nombre con evidente cansancio.
Satisfecha con la respuesta, Loki sonrió triunfante y regresó tranquilamente a su asiento.
Al comprobar que casi todos los dioses importantes estaban presentes, Zeus continuó observando las gradas.
Solo unos pocos se encontraban ausentes.
Entre ellos destacaba un trono vacío perteneciente a una facción particularmente poderosa.
—¡El Denatus de hoy podría poner fin a nuestro mayor enemigo!
Su voz resonó por todo el coliseo.
—¡El aburrimiento!
Esta vez logró captar la atención de una gran cantidad de dioses.
—Les propongo algo...
Hizo una pausa dramática.
—A todos los dioses...
¡¡Crear un mundo con seres hechos a nuestra imagen y semejanza!!
Los ojos de los presentes brillaron al escuchar aquellas palabras.
Zeus tomó aire y esperó hasta asegurarse de que toda la atención estuviera puesta sobre él.
—Si unimos nuestras fuerzas, podremos crear vida.
Seres con conciencia propia.
Con deseos.
Sueños.
Ambiciones.
Podremos convertir sus vidas en nuestro mayor entretenimiento.
El silencio dominó las gradas.
—A diferencia de nosotros, estas criaturas serán extremadamente débiles.
Sin embargo, también serán lo suficientemente fuertes como para sobrevivir por sí mismas.
Con algunos obstáculos adecuados para ponerlas a prueba, eso bastará para hacer sus vidas interesantes.
Los dioses guardaron silencio mientras analizaban la propuesta.
Lentamente, Zeus descendió hasta una de las plataformas cercanas a las gradas.
—Por supuesto, no podemos hacerlo solos.
Necesitamos la ayuda de todos ustedes.
Así que...
Aquellos que estén dispuestos a participar...
Levanten la mano.
A pesar del apasionado discurso del dios, solo unos pocos respondieron.
Entre los miembros de su propia facción y aquellos que decidieron brindar apoyo, apenas logró reunir a un centenar de voluntarios.
Ante aquella respuesta, Zeus soltó un largo suspiro.
Según sus cálculos, la cantidad de poder divino necesaria para crear el mundo que imaginaba era inmensa.
Y para llevar a cabo semejante proyecto necesitarían, como mínimo...
La ayuda de doscientos dioses.
