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Chapter 144 - Capitulo 132: Reencuentro

*AETHERIUS*

Después de días más de viaje, la carreta crujió al entrar finalmente en Aesha, la capital del sur. Me enderecé en el asiento, incapaz de apartar la vista de las torres, murallas y edificios que se extendían frente a nosotros. A la distancia, como un gigante dormido, podía ver la academia. El lugar donde tendría que volver.

La carreta se detuvo frente a las puertas de entrada. Atheria se levantó, mostró su identificación y los guardias le hicieron una señal para seguir. Uno incluso saludó con respeto.

"La maestra del Gremio Leviatán. Bienvenida de vuelta."

Otto chasqueó la lengua, y los caballos reanudaron el paso. Althea cargaba a Calafell, que dormía boca arriba con la boca abierta. Dorian iba sentado junto a Elowen, que observaba por la ventana con los ojos muy abiertos. Yo permanecía al frente, mirando cada detalle de la capital que trataba de recordar.

Pasaron unos minutos más hasta que el enorme edificio del gremio apareció. Las puertas doradas, el emblema del tridente azul, las ventanas largas. El lugar no había cambiado desde la última vez.

La carreta se detuvo y todos bajamos.

No alcancé a poner los pies firmes en el suelo cuando escuché mi nombre.

"¡¡Aetherius!!"

Fredic me embistió con su abrazo.

"¡Pensé que ya no volverías, monstruo dormilón!"

Nora salió detrás de él, rodeándome por la espalda.

"Nos dejaste solos con montañas de papeleo! Devuélvenos el tiempo perdido!"

Sara me agarró del brazo.

"Debiste avisar! ¡Íbamos a organizar algo!"

Valentina abrazó lo que quedaba libre.

"¡Mira que venir sin previo aviso! ¡Egoísta!"

Sus voces se mezclaron, y el aire me faltó cuando todos apretaron al mismo tiempo.

"¡Chicos, suéltenlo!" gritó alguien desde atrás. "Lo van a matar de ternura!"

Se separaron al fin. Giré hacia la voz.

Layra.

Mi hermana avanzaba entre la gente con paso rápido. Cabello rubio pálido recogido a medias y ojos verdes que reconocí sin esfuerzo. Habían pasado meses desde la última vez.

"Finalmente te encuentro, dormilon profesional," dijo antes de abrazarme fuerte. "No sabes lo raro que es entrar aquí y no verte dando vueltas."

"Yo también me alegro de verte," respondí, aunque las palabras se sintieron torpes en mi boca.

Mi madre se acercó cargando a Calafell. La niña seguía dormida sin enterarse de nada.

"Layra, querida," dijo mi madre. "Te ves más alta que antes. O será que yo estoy cansada."

"Hola mamá," respondió Layra, sonriendo y tocando la cabeza de Calafell con cuidado. "Y esta pequeña ya creció mucho en poco tiempo."

Calafell no reaccionó, solo ronco.

Dorian apareció detrás.

"Muy bien, jovencita," dijo con los brazos cruzados. "Atheria y Otto nos contaron que te estás volviendo famosa. Aventurera de rango medio antes de los veinte, ¿eh?"

Layra levantó una ceja.

"¿Famosa? Solo estoy trabajando. Aunque sí, gané un trabajo grande hace unas semanas. Todavía no puedo contarlo."

"Eso significa que fue arriesgado," comentó Elowen. "Si no puede contarlo, es misión importante."

Layra se inclinó y pellizcó su mejilla.

"Sabrás mucho cuando te toque ir a una."

Elowen protestó y se escondió detrás de papá.

Fredic cruzó los brazos.

"Así que tú eres la otra hermana problemática. Tiene sentido."

Layra lo miró de arriba abajo.

"¿Y tú quién eres? ¿El primo perdido de un muñeco de nieve?"

Sara se rió.

"Nunca falla, siempre se pelean al primer minuto."

"Eso es mentira," respondieron los dos al mismo tiempo.

Atheria levantó una mano y respiró profundo.

"Bien, ya se saludaron todos. Entren. Tenemos dormitorios limpios, comida esperándolos y mucho de qué hablar. Aetherius tendrá que ponerse al corriente de muchas cosas y ustedes también."

Otto ya estaba cargando las bolsas como si no pesaran nada.

"Se suponía que iban a bajar primero y luego abrazar. Siempre lo mismo."

Nora señaló hacia el interior.

"Por aquí. Les guardamos la sala grande."

Todos empezaron a moverse hacia la entrada. Yo miré el interior desde el umbral. Alfombras azules, paredes blancas, el sonido de pasos y conversaciones desde pasillos lejanos.

Era extraño pensar que, de un modo u otro, este lugar había sido mi hogar antes de dormir por meses.

Layra se colocó a mi lado mientras caminábamos dentro.

"Y ahora sí," dijo. "Vas a contarme TODO lo que pasó. No me importa si lo recuerdas a medias."

"Haré lo que pueda," respondí.

La puerta del salón se abrió y entramos juntos.

Pasaron un par de horas antes de que las pláticas se calmaran lo suficiente para que todos se acomodaran en la sala grande. Layra, Fredic, Sara, Valentina, Otto, Atheria, mis padres y mis hermanas estaban dispersos por los sillones, atentos.

Atheria me miró con los brazos cruzados.

"Bien, Aetherius. Dijiste que nos contarías cómo ha sido todo desde que despertaste."

Asentí. Respiré hondo.

"Desperté hace poco más de tres meses… y honestamente, ha sido un desastre raro."

Fredic rió.

"Qué descripción tan científica."

"Déjalo hablar," dijo Layra golpeándole el brazo.

Me rasqué la nuca.

"Es difícil. No tener recuerdos… es como si cada día fuera la primera vez que veo algo. Y sí, algunas cosas regresan, pero no completas. Es como si recordara una escena sin sonido, o solo el sonido sin ver nada. Piezas… flotando."

Mi padre apoyó un codo en la mesa.

"Pero has logrado mantenerte estable."

"Con esfuerzo," admití. "Adaptarme a cómo funcionan las cosas otra vez… a cómo funciona la magia… no es sencillo."

Otto se acomodó en la silla.

"Eso sí es verdad. Cuando entrenamos hace unos días, pensé que me ibas a arrancar el brazo del golpe."

Layra abrió los ojos como platos.

"¿Qué? ¿Así de fuerte pegaste?"

"Fue sin querer," dije. "Estaba practicando canalizar la electricidad. Pocas veces me cuesta controlarla." 

Mi madre intervino, tranquila.

"Al principio estaba completamente desbalanceado. Su magia eléctrica se disparaba sola. Literalmente era una chispa andando."

"Una chispa peligrosa," añadió Dorian.

"Los escucho, ¿eh?" dije.

"Por eso mismo lo decimos," contestó Fredic.

Solté un suspiro.

"Bueno, controlar mi magia eléctrica ha sido… una aventura. Mamá me ayudó bastante. Hicimos una especie de meditación combinada. Respiras, dejas fluir el mana, y al mismo tiempo dejas que la electricidad recorra el cuerpo. Si lo haces mal, duele. Si lo haces bien, también duele… pero menos."

Sara se inclinó hacia adelante.

"¿Y funcionó?"

"Más de lo que pensé. Creamos una secuencia de movimientos. Algo así como… estiramientos combinados con el flujo de la corriente. Luego empecé a generar esferas de electricidad a mi alrededor."

Valentina parpadeó.

"¿Esferas?"

"Sí, pequeñas. Son puntos de apoyo para concentrarme. Se mueven según cómo me muevo. Es un tipo de danza involuntaria, supongo. Me ayuda cuando los dolores de cabeza vienen con los recuerdos."

Layra me observó con los brazos apoyados en sus rodillas.

"Eso suena… bastante útil."

"Lo es," respondí. "Cuando las esferas giran, puedo seguirlas. Me centran. Aunque todavía no tengo la precisión que quisiera."

Otto levantó una ceja.

"Pero golpeas fuerte. Muy fuerte. No olvidemos eso."

"Lo tomaré como un cumplido," dije.

Entonces Fredic soltó:

"Y la otra magia, ¿qué? Esa cosa rara tuya. Las sombras."

Todos me miraron. Incluso mi padre dejó de fingir que no escuchaba.

Me acomodé en el asiento.

"Esa es… complicada. No tengo la menor idea de cómo usarla."

"¿Ningún avance?" preguntó Layra.

"Ninguno. A veces siento que algo se mueve alrededor de mí, pero no hace nada. No responde. No forma nada. No obedece. No se manifiesta como las otras magias."

Fredic apoyó su mentón en su mano.

"Debe ser jodidamente frustrante."

"Sí," admití sin rodeos. "Me siento inútil sin recuerdos. No saber quién era antes… no saber qué hacía… no poder usar algo que se supone que ya dominaba. Es… extraño."

Mi madre me miró, pero no dije más. No mencioné la parte que realmente me inquietaba: la revelación de que yo era una persona reencarnada de otra época. Eso me lo guardé.

Layra se enderezó.

"Bueno. No lo sabes todo ahora. No pasa nada. Ya lo recuperarás con tiempo."

"No estoy seguro de eso," respondí.

"Con tiempo," repitió ella, dándome un golpecito en la frente. "El cerebro necesita espacio."

Fredic me apuntó con un dedo.

"Y mientras recuperas tus recuerdos, podrías al menos aprender a no electrocutar a medio mundo cuando te estresas."

"No fue mi culpa esa vez," dije.

"Sí lo fue," corrigió Otto.

"Bueno… un poco," concedí.

Sara levantó la mano.

"Entonces… ¿qué vas a hacer ahora?"

"Volver a la academia," dije. "En unos días. Atheria ya hizo los trámites. Debo seguir entrenando si quiero recuperar lo que perdí."

Valentina sonrió.

"Y aquí también entrenarás. No te vas a librar de nosotros tan fácil."

"Ni quiero," dije.

Layra soltó un suspiro exagerado.

"Bueno, ahora sí vuelves a sonar como tú."

"¿Así era antes?" pregunté.

Ella se cruzó de brazos.

"Más pesado. Igual de torpe. Pero más pesado."

Fredic levantó su mano.

"Confirmo."

Otto también.

"Segundo la moción."

Mi padre levantó la mano sin siquiera mirarme.

"Voto a favor."

Todos rieron.

Yo solo asentí.

"Supongo que… eso es algo."

Una voz grave cortó la conversación al instante.

"¿Ya se aburrieron de hablar sin mí?"

Todos voltearon.

Trevor estaba apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, y esa media sonrisa que siempre anunciaba que venía listo para molestar.

Reconocí su cabello cenizo como el de papá, aunque más largo de lo que recordaba, y sus ojos morados, idénticos a los de mamá y a los míos.

Pero lo que más llamaba la atención era lo alto que estaba. Y ancho. Había ganado músculo, no poquito, bastante.

"Trevor," dije, sin darme cuenta de que estaba sonriendo.

Él entró, y fue directo a nuestros padres.

"Escuché que llegarían hoy," dijo mientras chocaba la mano con papá y luego abrazaba a mamá con cuidado.

Dorian lo miró con una sonrisa burlona.

"¿Y cómo le va al Discípulo del Sur?"

Trevor resopló como si hubiera cargado un costal.

"Bien, supongo. Sigo en la etapa verde."

Layra soltó un silbido para picarlo.

"Un año como discípulo y todavía verde, ¿eh?"

Trevor le tiró una mirada.

"¿Quieres pelear, diplomada?"

Ella levantó las manos.

"No gracias. Solo digo."

Fredic intervino:

"Entonces te falta pasar a azul y luego a negra, ¿no?"

"Exacto," dijo Trevor. "Azul primero, si algún día me digno a despertar algo nuevo. Y negra… bueno. Ahí están los descendientes. Todavía me falta."

Otto cruzó los brazos.

"Pues se nota el entrenamiento físico al menos. Pareces un armario con piernas."

"Gracias, supongo," respondió Trevor sin saber si era cumplido u ofensa.

Trevor finalmente me miró.

"Y tú… te creció el cabello."

Me llevé la mano al mechón frente a mi rostro.

"Sí. No he pensado en cortarlo. Y no creo que pueda decidir todavía si me gusta o no."

Trevor se acercó un paso más, estudiando mi cabeza.

"Mitad rubio, mitad blanco… sigues viéndote extraño."

"Gracias por la observación profesional," dije.

"No hay de qué," contestó él golpeándome el hombro.

"¿Cómo estás?", preguntó entonces, más serio.

"Bien," respondí. "Dentro de lo que cabe."

Trevor iba a decir algo más cuando un chillido nos hizo girar la cabeza.

Mamá Altea, cargando a Calafell, comenzó a acunarla cuando la pequeña se removió, frunciendo el ceño y sobándose los ojos con sus manos regordetas.

"Despertó," murmuró mamá.

Me levanté y caminé hacia ella.

Altea me pasó a Calafell con cuidado, y yo la sostuve contra mi pecho. La niña apenas abrió los ojos, luego apoyó la cabeza en mi hombro como si fuera su lugar designado en el mundo. Su respiración se estabilizó rápido.

Trevor chasqueó la lengua.

"Aún no me acostumbro a esto. Trece años y ya cargando a tu hija."

"Ni yo sé cómo pasó," respondí.

Valentina levantó la mano.

"Literalmente sabemos cómo pasó."

"Ya entendimos, gracias," dije sin girar.

Todos rieron.

Trevor negó con la cabeza.

"De verdad. No puedo creerlo. Cuando yo tenía trece apenas aprendía a no incendiar mis cejas. Y tú…"

"Soy un prodigio," dije con voz plana.

"Un prodigio accidentado," agregó Sara.

"Me sirve," respondí.

Calafell se aferró a mi camisa con los dedos gorditos.

"¿Y la niña cómo se porta?" preguntó Trevor mirando a mamá.

"Como una Emwind," dijo Altea con orgullo. "Come, duerme y manda."

Papá asintió.

"Tal como su padre."

"Espero que salga menos problemático," agregó Layra.

Yo solo terminé diciendo:

"Bueno, si voy a darle problemas al mundo, al menos no lo haré solo."

Trevor me dio un pequeño golpe en la espalda, con cuidado de no despertar a Calafell.

"Eso quiero verlo," dijo.

Calafell volvió a quedarse completamente dormida, así que la acomodé mejor y caminé hacia mi mamá.

"Toma," dije en voz baja, pasándosela con cuidado.

Altea la recibió como si fuera cristal.

"Gracias, cariño."

Trevor apenas esperó a que mis manos quedaran libres.

"Bueno," dijo haciendo crujir los nudillos, "ahora sí. Quiero ver qué tanto has progresado después de… ya sabes, descender como piedra al fondo del pozo."

Layra soltó aire entre dientes.

"Trevor… en serio. ¿No puedes dejarlo respirar un rato?"

"Respirar lo hará después," respondió él. "Ahorita quiero ver si se acuerda de cómo levantar un chispazo sin electrocutarse los dientes."

"Gracias por la confianza," dije.

"Siempre," contestó Trevor.

Mamá frunció el ceño mientras balanceaba a Calafell suavemente.

"No. Ninguno de los dos. Hoy no habrá peleas, pruebas ni chispazos. Recién llegamos y no pienso llevar a nadie al sanador."

Trevor levantó las manos en señal de rendición —falsa, obviamente.

"Solo quiero medirlo un poco. Nada mortal."

"No," insistió Altea, firme.

Entonces papá se aclaró la garganta.

"Déjalos."

Todos volteamos.

Dorian tenía esa mirada de papá que ya decidió antes de hablar.

"Son hermanos," dijo. "Y después de todo lo que ha pasado, no veo nada malo en que midan fuerzas. Aetherius necesita moverse, reencontrarse con su cuerpo, con su magia. No recuperará lo perdido solo caminando y contando historias."

Mamá entrecerró los ojos.

"Dorian…"

"No voy a dejar que se maten," dijo Trevor, sonriendo.

Layra bufó.

"Eso no tranquiliza a nadie."

Papá se encogió de hombros.

"Unas chispitas, unos golpes controlados. Nada más. Mejor que lo haga con su hermano que con un desconocido en un callejón."

Yo levanté la mano.

"Yo estoy bien con eso. En serio. Me va a servir."

Fredic se cruzó de brazos.

"A mí me parece justo. Si se revienta contra Trevor ahora, evitará caerse de un puente en tres días."

"Gracias por la fe," dije rodando los ojos.

"Aparte," intervino Sara, "un hermano mayor entrenando al menor siempre es buena historia. Y si uno de ellos queda inconsciente, pues… también."

Valentina levantó el dedo.

"Y tenemos curaciones básicas del gremio. Así que, técnicamente, todo está bajo control."

Mamá suspiró como si el mundo entero le hubiera fallado.

"No puedo creerlo," murmuró. "Estoy completamente rodeada."

Trevor se inclinó cerca de ella y señaló con la cabeza hacia mí.

"Prometo no arrancarle ningún brazo."

"Eso sí sería algo nuevo," murmuré.

Papá palmeó el hombro de Trevor.

"Ve con todo lo que tengas," dijo con aire de entrenador.

"¿Todo?" preguntó Trevor.

"Todo lo legal," aclaró Dorian.

Otto resopló.

"Si fuera ilegal, lo usaría igual."

Trevor solo sonrió más.

Yo respiré hondo.

"Está bien. Pero si alguien termina chamuscado… no soy yo."

Trevor giró hacia la puerta.

"Entonces vamos al patio. Antes de que mamá nos amarre a todos al suelo."

"Podría hacerlo," advirtió Altea con voz dulce.

"Justamente por eso," dijo Trevor.

Y todos empezamos a movernos hacia una de las salas de entrenamiento del gremio.

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N/A: Quiero informarles que estaré intentando publicar varios capítulos en los próximos días para compensar el tiempo en el que no hubo actualizaciones.

Agradezco mucho su paciencia y el apoyo que han seguido mostrando durante este proceso. Estoy trabajando para traerles nuevo contenido lo antes posible.

Gracias por seguir aquí.

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