Cherreads

Chapter 23 - Capítulo 22- La Calma Antes de la Tormenta

Aclaraciones:

-"Persona Hablando"-

-(Persona Pensando)-

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[Habilidades o Magia]

(JC: Notas del Autor)

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Empecemos

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Dando una buena mirada, me di cuenta exactamente de cuánto habían cambiado todos los ahora Onis. Se habían encogido una cantidad decente, lo que hacía que su ropa les quedara holgada, aunque aun así conservaban la dignidad suficiente para llevarla bien. La belleza es una maldita cosa útil en momentos como estos.

No pensé que Kurobe pudiera lograrlo, pero creo que tomó prestado un atuendo de Kaijin, y sorprendentemente le funcionaba. Si no fuera por los cuernos, casi lo confundiría con un Enano.

Hakuro era el único que físicamente no había cambiado tanto. Su atuendo todavía le quedaba de forma normal.

Shion, por otro lado, era un caso un poco más… Precario.

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-(Eeh… Mejor hacer algo al respecto. Garm debería ser informado de esto de inmediato)-

Pensé, mientras seguía intentando no mirar su pecho.

La placa del pecho de Souei todavía estaba en pedazos también. Me había olvidado de haberla destrozado, pero al menos había una manera fácil de compensarlo. Ya era hora de que todos los Onis obtuvieran ropa y equipamiento nuevos. Les había prometido encargarme de lo básico, y no quería que pelearan usando prendas viejas y maltrechas.

Así que los llevé a todos a la caseta de Garm.

-"¡Hey, jefe!"- Me saludó, sonriendo mientras dejaba de trabajar. -"¿Esos son los nuevos amigos Ogros que tenemos? ¿Estás seguro? Porque seguro que no me parecen Ogros, pero..."-

Parecía bastante sorprendido, ya que sus ojos se desviaron directamente hacia el pecho de Shion.

-(En serio… Estoy rodeado de pervertidos...)-

-"Sí, bueno, los nombré a todos, así que ya no son exactamente Ogros. Onis es el término para ellos ahora"-

-"¡¿Onis?! Es una raza de alto nivel, ¿no? Nacida solo en ocasiones extremadamente raras entre los Ogros..."-

-"¿Lo es? Bueno, ahí lo tienes"- Respondí secamente. -"¿Crees que podrías hacer algo de ropa y armadura para ellos?"-

-"Oh. Sí, claro"-

Garm todavía parecía dudoso, pero se abstuvo de hacer más comentarios mientras llevaba a los Ogros al interior. Estaba seguro de que comenzaría a medirlos a todos en breve.

Hakuro estaba bien tal como estaba, y Kurobe aparentemente había tomado prestados hace unos días unos trajes de Kaijin. Ropa de trabajo simple, en serio, pero Kurobe parecía bastante feliz con ellos.

Y eso me recordó algo: ¿por qué su vestimenta se veía tan japonesa?

-"Hakuro"- Llamé al anciano Oni. -"Sus armas son bastante inusuales, ¿no?"-

Como él relató, hace unos cuatrocientos años, un grupo de guerreros blindados llegó a la tierra natal de los Ogros, gravemente heridos y aparentemente perdidos en el bosque. Los Ogros eran un grupo de guerreros en aquel entonces, más parecidos a Monstruos de lo que son ahora, pero incluso así, dudaron en atacar a los indefensos.

Eran una raza de alto nivel, no muy preocupada por la comida, así que se ocuparon de ellos.

Los guerreros, agradecidos por esto, instruyeron a los Ogros en técnicas de batalla y les regalaron su armadura. Uno de ellos sabía cómo forjar armas de estilo katana, y después de un largo proceso de prueba y error, lograron producirlas en grandes cantidades.

-"Uno de los guerreros que entrenaron fue mi propio abuelo"- Dijo Hakuro con orgullo. -"Y él se aseguró de enseñarme todas las habilidades que tenía"-

-"Sí"- Agregó Kurobe. -"¡Y mi familia está entre los herreros que los suministran a todos!"-

-"¿Así que pueden hacer esas espadas ustedes mismos?"-

-"Estoy más versado en la espada recta"- Dijo Hakuro. -"Pero al menos he aprendido cómo encargarlas y utilizarlas bastante bien. Kurobe, sin embargo, es una especie de maestro de armas para nosotros"-

-"¡Sip! Hice todas estas espadas. No soy muy bueno peleando, ¡pero si quieres que golpee un poco de metal, soy tu Ogro!"-

-(Vaya. No tenía idea de que había un armero entre ellos)-

Kurobe era notablemente más débil que los demás, así que supongo que la fuerza no era lo único en lo que podía destacar.

-(Pero analizándolo bien, ese grupo de hace cuatro siglos bien podría haber sido de otro mundo, como yo)-

No es que tuviera alguna forma de saberlo con total seguridad. Lo importante era que los Ogros eran lo suficientemente inteligentes como para preservar sus tradiciones.

-"Muy bien"- Dije, ahora con un plan claro en mente para aprovechar las habilidades de estos monstruos. -"En ese caso, Kurobe, serás el herrero consagrado de nuestra aldea a partir de ahora"-

-"¡Acepto, Yukimaru-sama! ¡Haré lo mejor para usted!"-

Le presenté a Kaijin de inmediato, y como ya se habían reunido el día anterior, nuestras discusiones fueron rápidas. Los dos se pusieron manos a la obra de inmediato, y cuando me retiré, ya estaban hablando animadamente sobre nuevas armas que podrían fabricar… Además de algún tipo de extraña "investigación" que Kurobe quería abordar.

No sé si fue por esto, pero parecía que Kurobe había obtenido una Habilidad Única conocida como [Investigador]. Sonaba un poco similar a mi propia Habilidad [Depredador], aunque estaba orientada a la producción de objetos. Ofrecía Habilidades secundarias como [Análisis Completo], [Almacenamiento Espacial] y [Transformación de Material].

El [Almacenamiento Espacial] era básicamente como mi [Estómago], y la [Transformación de Material] le permitía manipular los objetos almacenados dentro de él. Por ejemplo, podía "guardar" una gran pila de chatarra y transformarla en lingotes sólidos para su posterior procesamiento. Más o menos como mis propias Habilidades de copia.

Era curioso cómo [Investigador] le otorgó a Kurobe exactamente el tipo de Habilidades que él, y solo él, encontraría útiles. También había adquirido [Manipulación de Fuego] y Resistencia a la Temperatura, y aunque yo lo consideraba rango B en combate, esas Habilidades lo convertirían en un oponente bastante problemático para la mayoría de las personas.

Aun así, parecía que el propio Kurobe deseaba dedicar su vida exclusivamente a forjar katanas.

Ahora, al menos, estaba bastante seguro de que los Hobgoblins no tendrían que preocuparse por el origen de sus armas. Pero antes de que comenzaran con la producción en masa, realmente quería que forjaran algunas espadas para mí y para los demás Ogros. Le entregué a Kurobe un suministro bastante grande de Acero Mágico y lo puse a trabajar.

-<¿Quieres más katanas?>- Preguntó Ddraig con confusión. --

-(Eso tal vez sea cierto, pero he entrenado mi técnica con la espada para usar dos, o incluso tres katanas al mismo tiempo)- Comenté con orgullo. -(Incluso yo mismo creé y desarrollé técnicas de ese tipo)-

-<¿Tres?>- Preguntó con un tono sorprendido. -<¿Cómo es posible usar tres katanas a la vez? ¿Y lo desarrollaste todo tú solo?>-

-(Bueno… Tal vez copié la técnica de un anime famoso…)- Admití con algo de vergüenza. -(Pero aun así fui capaz de realizarla por mí mismo)-

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Y así, de repente, dejó de hablar…

-(Espera… ¿¡Él puede ver mis recuerdos!? Tengo que hablar seriamente con él sobre la privacidad...)-

-"¡Voy a hacer las mejores espadas que jamás hayas visto!"-

Prometió Kurobe, golpeando un puño contra su pecho para dejar claro su entusiasmo.

Lo esperaba con ansias.

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Tomadas sus medidas, Benimaru y Souei salieron vestidos con atuendos de piel. Personas tan apuestas se veían bien con cualquier cosa. Estaba seguro de que, en mi mundo, ellos serían perseguidos por todo tipo de mujeres.

-(Bueno… Ahora con mi apariencia actual, probablemente viviría algo bastante similar…)- No pude evitar admitirlo.

-"¿Hmm? ¿Dónde están Shuna y Shion?"-

-"Ah… Sí. Sobre eso..."-

Benimaru se mostró un poco reacio a explicarlo. Después de insistirle un poco, me di cuenta de que ambas estaban aparentemente insatisfechas con el uso de pieles simples. Teniendo en cuenta lo elegantes que eran las vestimentas habituales de Shuna, no podía culparla. Ella había dicho que arreglaría su propio atuendo, considerando que el pelaje desnudo era demasiado irritante para sus gustos.

-"La Princesa Shuna, verá"- Dijo Souei. -"Está muy dotada para la costura y ese tipo de cosas. De hecho, es una de las mejores entre nosotros"-

Podía creerlo. Ella y Shion habían confeccionado ropa con una tela que solo podía describir como seda, suponiendo que existiera algo equivalente aquí. Se fabricaba tejiendo cuerdas hiladas a partir de capullos producidos por criaturas cercanas conocidas como Polillas Demonio, y luego infundiendo el hilo con una gran cantidad de magia para obtener protección adicional.

También llevaban ropa hecha de lo que parecía cáñamo trenzado, no muy distinta de los trapos simples que usaban los Goblins, aunque estaba mucho mejor cuidada. No se trataba de las mismas plantas base, por supuesto, pero el resultado era básicamente idéntico. Los Ogros cultivaban en gran cantidad un cultivo similar al algodón, algo que supuse Shuna podría procesar, y el tejido resultante era lo suficientemente resistente.

Sería útil para la ropa de uso diario. Definitivamente necesitábamos más equipo de batalla hecho de seda, considerando la defensa que ofrecía. Sería perfecto como una capa base debajo de la armadura que Garm estaba fabricando para nosotros. Decidí mencionarlo una vez que lo vi siguiendo a Benimaru.

-"Ya veo"- Dijo Garm. -"Ropa de tela trenzada..."-

-"Sí, en realidad me preguntaba si podríamos hacer algo con seda"-

-"¡¿Seda?!"-

Me sorprendió la intensidad de su reacción. Aunque, pensándolo bien, tal vez no debería haberlo hecho, considerando lo cara que era en el Reino Enano cuando estuve allí. El cáñamo y el algodón estaban por todas partes, pero la seda era una auténtica rareza. Ni siquiera sabían cómo producirla, y los materiales necesarios eran más que preciosos.

Souei entonces intervino. -"Tal vez podría ayudar con eso"-

Las Polillas Demonio eran Monstruos de rango B, capaces de encantar a las personas con el polvo que liberaban de sus cuerpos, pero en estado larval eran indefensas. Simplemente bastaba con localizar los capullos que contenían insectos juveniles y cosecharlos.

Decidí dejar la recolección en manos de nuestra tropa de Caballeros Goblins, con Souei guiándolos a los lugares secretos que conocía. Tarde o temprano, me gustaría capturar algunas larvas e intentar criarlas en instalaciones dentro de la aldea. No es que supiera mucho sobre cómo funcionaba ese proceso, pero si en la Tierra podían criar gusanos de seda en cautiverio, tenía que ser posible aquí también. Probablemente requeriría algo de prueba y error, pero podría convertirse en un trabajo con grandes beneficios económicos tanto para mí como para la aldea.

Shuna y Shion salieron poco después, con sus ropas ya arregladas. Llamé a Garm y al bastante aburrido Dold, y les presenté formalmente a Shuna.

-"¡Oh, cielos!"- Exclamó ella cuando le expliqué la situación. -"Sería capaz de ayudarlo, Yukimaru-sama"-

Así que, mientras hablábamos, comencé a delegar deberes. Shuna produciría textiles y telas de alta calidad para vestimenta. Garm fabricaría equipo de batalla artesanal hecho de seda. Dold se encargaría de teñir los tejidos y la ropa terminada. Con sus esfuerzos combinados, en poco tiempo tendríamos toda la ropa cómoda que necesitábamos.

Mientras repasábamos esto, de repente me pregunté si podríamos usar mi [Hilo de Acero Pegajoso] en alguno de los procesos. Dada mi capacidad de Cancelación de Fluctuación Térmica EX, probablemente podría manejar la mayoría de los ataques de calor, o al menos hacer que la ropa resultante fuera resistente al fuego.

-"¡Oh, gracias, Yukimaru-sama!"- Sonrió Shuna. -"Estoy segura de que podré producir la mejor tela que haya para usted"-

Le devolví la sonrisa con sinceridad. -"¡Eso espero!"-

-"Solo déjemelo a mí, Yukimaru-sama"-

Agregó, sonrojándose ligeramente.

-(Qué linda)-

Debía haber amado recibir ese apoyo. Coser era su pasatiempo, y poder usarlo como parte de sus deberes como princesa parecía darle mucha motivación.

Por lo que había visto con los hermanos Enanos, trabajar junto a una joven Ogra tan atractiva tampoco les desagradaría.

-(Por favor, por favor, por favor… solo no intenten nada indebido con ella...)-

Podía lucir adorable, pero era mortal. Si intentaban algo fuera de lugar, dudaba mucho que siguieran con vida al amanecer.

Por un capricho, decidí hacer algunos bocetos. No había papel disponible, así que seguí usando carbón sobre madera. Mis Habilidades hacían que diseñar lo que quería fuera bastante fácil; en este caso, algo que en mi mundo llamaríamos un traje de negocios.

Dibujé varios ejemplos tanto para hombres como para mujeres, intentando imaginar a Benimaru usándolos. Con la apariencia que todos tenían, pensé que ese tipo de vestimenta los complementaría perfectamente.

-(Shion en particular, con su apariencia tan digna)-

-"Muy interesante"- Dijo Shuna cuando se los mostré. -"Me encantaría intentar coser algunos de estos"-

Así que eso quedó decidido. Mientras tanto, yo optaría por algo un poco más informal: una camisa ligera y pantalones, adecuados para el calor del verano. Tampoco me molestaría algún tipo de sudadera, aunque de ninguna manera podría recrear una cremallera en este mundo.

Por ahora, había usado [Comunicación Telepática] para transmitir mi imagen de cómo deberían verse y sentirse las prendas a las personas relevantes, además de varios bocetos hechos a mano con bastante detalle. Esperaba que, tarde o temprano, pudieran hacerlo realidad.

Con esos encargos hechos, todos nos despedimos del taller… Excepto Shuna.

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El Lago Sisu estaba situado en el centro del Bosque de Jura, rodeado por una amplia región de pantanos. Era el dominio de los Lizardman.

Un puñado de cuevas rodeaba el lago. Estas formaban una especie de laberinto subterráneo natural que obstaculizaba a cualquiera que intentara entrar, y al final de este se encontraba la vasta caverna que albergaba la fortaleza de los Lizardman. Allí, la raza mantenía el control sobre el área del lago, asegurada por la protección natural con la que habían sido bendecidos.

Hoy, sin embargo, los Lizardman fueron recibidos con noticias que tenían el potencial de afectar el futuro mismo de su gente.

Las fuerzas Orcas estaban aquí… Y avanzaban hacia el Lago Sisu.

El jefe, al escuchar esto, logró mantener la compostura.

-"¡Prepárense para la batalla!"- Gritó. -"¡Vamos a patear a estos cerdos al abismo del que vinieron!"-

Estaba sumamente confiado, pero eso no significaba que se durmiera en sus laureles. Junto con la orden de ataque, envió una llamada para reunir toda la información posible sobre el ejército Orco que su gente pudiera obtener. Necesitaban conocer sus números antes de actuar.

Un Lizardman promedio, carnívoro y feroz en batalla, era de rango C+. Sus líderes de batallón probablemente alcanzaban el B-, quizá unos pocos incluso el B. Alrededor de la mitad de la tribu serviría en combate, y solo esa mitad ya representaba una fuerza formidable en cualquier guerra.

La sabiduría convencional dictaba que un cuerpo de caballeros completamente armado de cualquiera de los pequeños reinos que rodeaban el bosque constituía una amenaza sólida de rango C+. En la mayoría de esos reinos, los ejércitos no superaban el cinco por ciento de la población total, y por lo general ni siquiera alcanzaban el uno por ciento, a menos que estuvieran involucrados en una guerra prolongada. Una fuerza Lizardman de diez mil guerreros, demostrando el trabajo en equipo y la sincronización por los que la raza era conocida, no dejaría ninguna esperanza a un reino con menos de un millón de habitantes.

Y esta sería una pelea en su propio territorio.

Al jefe le gustaban sus probabilidades.

Pero aun así, algo lo inquietaba.

Los Orcos no tenían problema en perseguir a oponentes más débiles, pero nunca se atrevían a desafiar a aquellos que estaban más arriba en la cadena alimenticia. Los Lizardman no eran débiles. Eran "superiores", por así decirlo. Atacar Goblins era una cosa… Pero ¿qué los hacía actuar con tanta audacia contra los Lizardman?

La pregunta plantó una pequeña semilla de duda en su mente, una que incluso ahora apuñalaba el corazón del jefe. Era un líder audaz, pero también cuidadoso; un equilibrio indispensable para cualquiera que deseara guiar a una tribu tan feroz.

Y sus preocupaciones resultaron ser demasiado acertadas.

-"¡¡La fuerza Orca suma un total de doscientos mil!!"-

El informe del equipo de espionaje, entregado al jefe y al Consejo de Ancianos de la tribu, envió una oleada de miedo a través de la gran caverna. Las palabras, pronunciadas entre respiraciones agitadas por los guerreros Lizardman, congelaron a todos en su lugar.

-"Ridículo"- Se burló uno de los ancianos. -"¡Eso no puede ser posible!"-

El jefe estuvo de acuerdo. Él mismo habría dicho lo mismo si no fuera porque tantos otros estaban presentes. Su deber era ser una roca para su pueblo, impasible ante cualquier mala noticia. No podía creerlo… Pero tampoco podía permitirse decirlo en voz alta. Si el informe resultaba ser cierto, debía aceptarlo y pensar en contramedidas.

Se aventuró a preguntar:

-"¿Es esto cierto?"-

-"¡Por mi propia vida, lo es, mi Lord!"-

-"Muy bien. Puedes ir a descansar"-

Asintió con un gesto y ordenó que los Lizardman, que sin duda habían corrido día y noche para entregar la noticia, salieran de la cámara. La imagen del jefe, tan sabio y reservado como siempre, debió haberlos aliviado lo suficiente como para que cayeran al suelo justo donde estaban, demasiado agotados para continuar. Aquello era prueba más que suficiente de que el informe era verdadero.

-(¿Doscientos mil…? Es una locura...)-

Mientras observaba a otros guerreros llevarse al equipo de espías, el jefe se vio obligado a reevaluar la situación. Los Orcos eran, sin duda, una raza que se multiplicaba con rapidez, pero dudaba que incluso ellos pudieran reunir a tantos hombres y mujeres en un solo lugar.

-(¿Cómo podrían siquiera tener la logística necesaria para alimentar a doscientos mil estómagos hambrientos?)-

Sería un esfuerzo colosal mantener abastecidas esas líneas de suministro. Transportar semejante cantidad de comida simplemente no debería haber sido posible para una muchedumbre tan indisciplinada.

-"Estos Orcos son patanes egoístas"- Le susurró uno de sus asesores. -"No se preocupan en absoluto por nadie más que por ellos mismos. ¿Cómo pudo alguien haberlos reunido en una sola unidad cohesiva?"-

-(Esa es la pregunta)- Pensó el jefe.

Incluso el líder más talentoso no podía controlar una fuerza de doscientos mil a la vez, a menos que tuviera un control absoluto sobre todos ellos. Mil ya sería el límite práctico. Los Orcos eran monstruos de rango D, con una inteligencia inferior a la de los Humanos. Se preocupaban poco por cualquier cosa que no estuviera justo frente a sus narices. Eran estúpidos, uno y todos, y la palabra cooperación simplemente no existía en su vocabulario.

El jefe ya tenía las manos llenas manejando a los Lizardman que le servían, que sumaban alrededor de veinte mil. Y esa era una raza que, en general, vivía en armonía consigo misma. Agregar un cero a esa cifra superaba por completo toda comprensión.

-"¿Hay algún tipo de genio entre ellos liderando las fuerzas?"-

Se dijo el jefe a sí mismo.

-"Difícilmente podría ser el caso"- Respondió su asesor. -"Cualquiera capaz de mantener el orden entre ellos tendría que ser un Monstruo único, y jamás he oído hablar de más de una de esas criaturas existiendo al mismo tiempo"-

-"En efecto"- Intervino otro. -"La idea de que múltiples Monstruos únicos de tal calibre, mi Lord, nazcan entre los Orcos… Es imposible de concebir"-

El jefe asintió mientras todos sacudían la cabeza en incredulidad.

-(No. Tiene poco sentido. Pero tampoco tiene sentido negar los hechos. Si debo asumir que este informe es válido, ¿qué son realmente capaces de hacer los Orcos?)-

Incluso si los Orcos contaran con varios Monstruos únicos como el propio jefe Lizardman, ¿habrían sido capaces de cooperar entre sí para alcanzar un mismo objetivo? Reunir una fuerza tan absurda requeriría otra presencia… Algo que empujara a todos esos Monstruos únicos y talentosos a luchar por una causa común sin intentar arrancarse el cuello entre ellos.

Un líder con un carisma tan aplastante significaría que ni siquiera los Orcos de bajo nivel se atreverían a rebelarse. De hecho, podrían convertirse en una amenaza como ninguna antes vista.

-(¿Debo actuar bajo la hipótesis de que un líder superior se encuentra entre ellos? ¿Los Orcos realmente tienen eso "dentro" de ellos…?)-

-(Espera… ¿Podría ser…?)-

Al llegar a ese punto en su razonamiento, el jefe se agitó visiblemente. Era un pensamiento que deseaba expulsar de su mente, pero no podía hacerlo. Alguien capaz de gobernar semejante fuerza. Alguien que, según las leyendas, solo nacía una vez cada varios siglos…

-"¡¿Podría haber un Lord Orco entre sus filas...?!"-

A pesar de lo bajo que fue el susurro del jefe, resonó con claridad en medio de la creciente conmoción. Aquellos que comprendieron el significado de sus palabras guardaron silencio, y poco a poco, toda la caverna quedó en completo mutismo.

-"Un Lord Orco..."-

-"Pero seguramente..."-

-"Si, por casualidad, este fuera el caso..."-

Los ancianos, que servían como asesores del jefe, tampoco pudieron negar la posibilidad. Un Lord Orco era una criatura de leyenda y, según los relatos, era plenamente capaz de comandar un ejército de seis cifras. Cuanto más reflexionaban sobre ello, menos podían concebir otra explicación para la situación actual.

-"Si… Si de alguna manera tienen un Lord Orco entre ellos, eso explicaría por qué se han unido de esta forma..."-

-"¿Pero con qué propósito?"-

-"¿Importa en este punto? ¡La única pregunta es si podemos derrotarlos o no!"-

La caverna estalló nuevamente en alboroto, los asesores intercambiando opiniones cada vez más tensas y hostiles.

-(¿Si podemos derrotarlos o no…?)-

Luchar en una llanura pondría a los Lizardman en una clara desventaja numérica. Los pantanos, en cambio, eran su territorio.

Con una mano cuidadosa y las trampas adecuadas colocadas en los puntos correctos, tenían todas las posibilidades de ganar.

O al menos, eso creían.

Si se trataba de una simple horda de Orcos como cualquier otra, el jefe conocía innumerables formas de aniquilarlos. Pero si realmente había nacido un Lord Orco, la situación cambiaba por completo. Superados en número, tendrían que mantener la moral alta y aplastar al enemigo mediante su trabajo en equipo. El jefe sabía que era posible, gracias a su conocimiento del terreno… Pero esa estrategia no funcionaría contra un Lord Orco.

Un Lord Orco era un Monstruo capaz de oler y devorar el miedo que se ocultaba en los corazones de sus aliados.

-(¿Cómo podemos escapar de este dilema?)-

Si la existencia de un Lord Orco resultaba ser una falsa alarma, no podría pedir un mejor desenlace. Aun así, se sentía obligado a tomar todas las precauciones posibles antes del enfrentamiento.

Necesitaban apoyo.

Con la decisión tomada, el jefe llamó a uno de sus hombres. Su nombre era Gabil y, por muy prudente y considerado que fuera el Jefe Lizardman, no podía imaginar la cantidad de combustible que aquel individuo estaba a punto de arrojar a las llamas de este caos.

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Los pálidos Jefes Goblin se miraron nerviosos al comenzar su reunión. Había menos asistentes que antes, lo cual tenía sentido. Muchos habían huido ante esta amenaza sin precedentes, una que podía cambiar drásticamente el Bosque de Jura para siempre…

Todo había comenzado con el ataque de los Lobos Colmillo. Eso, y con todos los Goblins que abandonaron las aldeas a las que pertenecían los guerreros nombrados. A pesar de esta deserción en masa, los luchadores nombrados lograron defenderse de los Lobos.

Un salvador entre ellos había usado una fuerza incomprensible para protegerlos. No solo lograron superar la amenaza de los Lobos Colmillo, sino que incluso los obligaron a cumplir sus órdenes; y ahora estaban intentando reconstruir. Los aldeanos que habían expresado su deseo de luchar junto a ellos en un tribunal tiempo atrás ya se habían marchado, trasladándose a la aldea gobernada por ese salvador.

Los Goblins, esas pequeñas e insignificantes criaturas, no tenían esperanza de sobrevivir si no vivían en grupos, ayudándose mutuamente. Pero incluso después de todo lo sucedido, no había forma de que aquellos Goblins, tras abandonar a sus parientes de esa manera, pudieran tragarse su orgullo y suplicar perdón.

No importaba cuánto, en lo más profundo de sus corazones, realmente lo desearan.

De hecho, algunos ya lo habían verbalizado. Pero si intentaban unirse ahora, sin duda serían tratados poco mejor que esclavos. Pensándolo de esa manera, resultaba completamente impráctico. Afortunadamente, ese salvador no había dado señales de querer absorber las aldeas circundantes. Quizás podrían mantener el statu quo y seguir viviendo como antes. Eso sería lo mejor, sí.

Pero la vida no fue tan amable con ellos.

Un día, de la nada, un pequeño grupo de Caballeros Orcos vestidos con armaduras de placa completa llegó a visitarlos.

-"¡Somos caballeros de la Orden Orca! A partir de este momento, esta tierra está bajo el control de nuestro valeroso Lord Orco. Les concederemos la posibilidad de que estos gusanos sigan vivos, si así lo desean. Deberán reunir todas las provisiones de alimentos que puedan en el transcurso de varios días y traerlas a nuestro cuartel general. Si lo hacen, perdonaremos sus vidas y los trataremos como los esclavos que son. Si no lo hacen, no habrá piedad. No ofrecemos términos de rendición a quienes se nos oponen. ¡Piensen bien antes de actuar! ¡Gahjajaja!"-

Con su declaración unilateral completada, los Caballeros Orcos se retiraron audazmente.

Los Orcos eran, en el mejor de los casos, monstruos de rango D. Más fuertes que los Goblins, sí, pero no de manera abrumadora en un enfrentamiento uno a uno. Una fuerza como esta estaba más allá de la comprensión de cualquiera.

Algo desconocido y aterrador estaba ocurriendo en el Bosque de Jura; ahora todos estaban seguros de ello. Algo que presagiaba una oscuridad que no solo afectaría a esta aldea, sino a todas las de los alrededores. En el momento en que las aldeas se reunieron y descubrieron que los Caballeros Orcos les habían hecho exactamente las mismas exigencias, la desesperación se apoderó por completo de ellos. En ese instante, todos los Goblins comprendieron que no había adónde huir.

Los Orcos querían que los Goblins suministraran su comida, eso era evidente. Pretendían usar a los Goblins para no tener que preocuparse por conseguirla ellos mismos. De lo contrario, habrían arrasado las aldeas Goblin a primera vista, reduciéndolas a cenizas.

Decían perdonarles la vida, pero si confiscaban cada pedazo de comida que poseían, ¿cuál era realmente la diferencia? Morirían de hambre o serían asesinados. La elección era entre una muerte segura o una posibilidad infinitamente pequeña de sobrevivir; por más que apretaran los dientes, a los Goblins solo les aguardaba la aniquilación total.

Sus fuerzas listas para el combate no alcanzaban ni los diez mil. No había forma de contactar con sus compañeros en tierras exteriores sin la intermediación de los ancianos tribales. No había nada que pudieran hacer.

Justo cuando se encontraban atrapados en este callejón sin salida, recibieron noticias que los empujaron aún más al borde. Un emisario Lizardman había venido a visitarlos.

¿Era esto un rayo de esperanza?

Los ancianos Goblin se apresuraron a reunirse con el mensajero, un Lizardman llamado Gabil, quien afirmaba liderar a los guerreros de su tribu. La llegada de una criatura nombrada hizo que se arremolinaran a su alrededor, como si se tratara de un salvador destinado a sacarlos de aquella situación desesperada.

-"Quiero"- Les dijo este supuesto salvador. -"Que me juren su lealtad. ¡Háganlo, y su futuro será verdaderamente brillante!"-

Los ancianos decidieron confiar en él de inmediato. Era el error clásico de los débiles: aferrarse a cualquier cosa que pareciera ofrecer ayuda. Algunos Goblins sugirieron que sería preferible reincorporarse con sus antiguos hermanos en lugar de someterse al dominio de los Lizardman, pero estaban en minoría.

La votación fue realizada.

Y así, quedaron bajo la autoridad de Gabil, sin saber que aquella decisión había sellado sus destinos en piedra…

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Gabil, Lord Guerrero de los Lizardman, había llevado a cien luchadores con él fuera de los pantanos bajo un mando directo. El jefe le había dado sus órdenes, órdenes que particularmente no le agradaban. Él era un monstruo nombrado, y su jefe sin nombre lo estaba usando como si fuera un par de bueyes enganchados a un carruaje.

E incluso si ese jefe era su propio padre o no, estaba empezando a poner a prueba su paciencia…

Él sabía que había sido elegido. Especial. Esa certeza era una fuente de orgullo para Gabil, y el pilar principal de su autoestima.

Y "elegido" realmente había sido. En el pasado, se había encontrado con cierto Monstruo en los pantanos, y ese Monstruo le otorgó un nombre.

-"Tienes potencial"- Le dijo aquella figura. -"En el futuro, puedo imaginarte como mi mano derecha. ¡Volveré a verte algún día!"-

Así fue como obtuvo el nombre de Gabil. Lo recordaba como si hubiera sucedido ayer: el evento y el Monstruo, Gelmud. Para él, Gelmud era su verdadero maestro.

-(Él podrá ser mi padre, ¿pero por qué debería dejar que un siervo sin nombre me guíe para siempre? Algún día debo gobernar sobre todos los Lizardman. ¡Tengo que hacerlo, por el bien del Señor Gelmud!)-

¿No era así como debían ser las cosas? No podía ser de otra forma, o al menos eso pensaba Gabil. Era un efecto secundario de su deseo de ser reconocido por su padre, la figura siempre estricta de su vida, el gran líder de todos los Lizardman. Su orgullo estaba nublando su juicio, aunque no tenía las palabras necesarias para comprenderlo.

-(¿Y ahora qué…?)-

El jefe le había ordenado viajar por las Aldeas Goblins y buscar su cooperación. Se le permitió amenazarlos hasta cierto punto, pero se le prohibió explícitamente hacer cualquier cosa que pudiera volverlos hostiles contra los Lizardman. Una idea absurda, en opinión de Gabil. Con los Goblins, las demostraciones de fuerza siempre funcionaban. Siempre. Desde su punto de vista, su método sería más que suficiente; tenía todo el poder que necesitaba para imponerlo.

-(¡Sí! ¿Por qué deberíamos obedecer a un jefe tan débil que el simple pensamiento de una horda Orca lo hace temblar de miedo? ¡Esta es mi oportunidad de tomar el control de toda la tribu!)-

La ocasión parecía perfecta. Pero no sería sencillo ganarse a los Lizardman. Valoraban el poder, sí, pero también la solidaridad, por encima de casi todo lo demás. El jefe mantenía el control sobre todos sus ciudadanos, incluso sobre el más humilde, y Gabil sabía que pocos se pondrían de su lado al inicio.

Aun así, estaba convencido de que podría reunir suficientes soldados que le fueran leales. Los Goblins, por ejemplo. Criaturas de bajo nivel, sí, pero servirían bien como escudos vivos. En cantidades suficientes, incluso ellos podrían representar una amenaza. La fuerza estaba en los números, y diez mil le parecía una cifra más que útil.

-"¿Por qué preocuparse por los Orcos? Con mis poderes como el guerrero más fuerte entre los Lizardman, no son más que una tontería. ¡Y además puedo usar esta oportunidad para obligar a mi padre a abdicar de una vez por todas!"-

-"Entonces"- Intervino uno de los guerreros que lo acompañaban. -"¿La era de Gabil-sama está pronto a llegar?"-

-"¿Mmm…? ¡Ahjajajaja! ¡En efecto, en efecto!"-

-"¡Excelente, mi lord! ¡Le prometemos que lo seguiremos hasta el fin del mundo!"-

Gabil asintió con confianza. En su mente, su futuro como el nuevo jefe y gran líder de los Lizardman ya era un hecho consumado. Tal vez entonces, finalmente, su padre lo vería por lo que realmente era.

Por ahora, sin embargo, debía ser discreto. Permanecer en las sombras y esperar el momento adecuado. La construcción de sus fuerzas era la prioridad.

Así que viajó a las Aldeas Goblins. Una por una, las puso bajo su mando. Al parecer, ya habían tenido contacto con los Orcos, y eso fue suficiente para que lo trataran como una especie de dios benévolo. Esto no hizo más que inflar su confianza, llevándolo por caminos cada vez más peligrosos.

-(¡Yo soy el verdadero héroe aquí!)-

Pensó Gabil.

Sus acciones se volvieron más audaces, más temerarias. Sus ambiciones infladas tenían hambre… Y pronto exigirían ser alimentadas.

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Varios días pasaron.

Al principio, me había preocupado que Benimaru y los Ogros no se llevaran bien con mi gente, pero resultó que no tenía nada de qué preocuparme. Para los Hobgoblins, los Ogros estaban uno o dos rangos por encima en la jerarquía natural, pero aun así, los Goblins tenían la capacidad de aceptarlos como propios. Y dado que los Ogros no mostraban interés alguno en abusar de los más débiles, prácticamente se convirtieron en figuras dignas de adoración desde la perspectiva Goblin.

Con Kurobe forjando espadas, Shuna cosiendo ropa y Souei recolectando capullos de Polillas Infernales, todos estaban ocupados. Benimaru y Hakuro se encontraban en la caverna subterránea de la que les había hablado.

"Entrenamiento", lo llamaban.

Lo cual estaba bien para mí. En sus formas evolucionadas, sin duda tenían nuevas Habilidades que necesitaban poner a prueba.

Shion me había comentado dónde se encontraban mientras inspeccionábamos las estructuras que actualmente estaban en construcción dentro de la ciudad. O, para ser precisos, yo estaba inspeccionando, mientras Night caminaba a mi lado y Shion me seguía un paso detrás. Ella se había ofrecido voluntariamente para actuar como mi secretaria, y no tenía ningún motivo para rechazarla.

¿Y Ddraig?

No había dicho una sola palabra en varios días. Al parecer, el Dragón entrometido aún no terminaba de revisar mis recuerdos.

Mientras inspeccionaba la aldea, o más bien, la ciudad; no pude evitar sentirme orgulloso de lo que habíamos logrado. Ya la llamaba ciudad, y era la mejor forma de describirla. Ciertamente, ya no era una simple aldea. En cuanto al futuro, nuestro alcance comenzaba a expandirse considerablemente. Por supuesto, seguíamos ocupados con el sistema de alcantarillado y otras infraestructuras subterráneas, así que aún pasaría tiempo antes de que muchos cambios fueran visibles en la superficie. Aun así, dado el entusiasmo que Mildo estaba poniendo en su trabajo, tenía razones de sobra para esperar grandes resultados.

El centro de la ciudad comenzaba a llenarse de edificios, aunque la mayoría eran temporales. Se estaba convirtiendo en nuestro distrito industrial: una fila de casas de madera situadas junto a los almacenes, utilizadas como talleres para la fabricación de armas, armaduras y ropa. Kurobe estaba escondido dentro de uno de ellos, riendo junto a Kaijin mientras trabajaban en algo. Decidí no interrumpirlos; tenía la sensación de que hacerlo afectaría su proceso creativo.

Así que nos dirigimos al edificio donde se encontraba Shuna.

-"¡Ah, Yukimaru-sama!"-

Sonrió en cuanto me vio. Se levantó rápidamente y me tomó del brazo, como si intentara alejarme de Shion. Yo, por mi parte, no pude evitar sonrojarme ante su acción.

Se aferró a mi brazo con fuerza, como lo haría una novia con su pareja. Tan solo pensarlo hizo que mi rostro se calentara aún más.

Ella comenzó a mostrarme cómo estaban manejando su trabajo. Parecían divertirse bastante, lo cual me alegró ver, y mientras conversábamos, no expresó ninguna queja en particular.

-(Bien por ella)-

Me alegraba saber que estaba feliz.

Cada vez que Souei regresaba con nuevos capullos, Shuna y los demás se dedicaban de inmediato a la producción de seda. El trabajo con el cáñamo y la tela de algodón también avanzaba sin problemas. Su velocidad era verdaderamente impresionante.

-"Bueno, tenemos que agradecértelo a ti, Yukimaru-sama"-

Resultó, y no tenía idea de esto; que Shuna había obtenido la Habilidad Única [Análisis], la misma que yo había estado utilizando con tan buenos resultados. Al parecer, había heredado varios beneficios relacionados con mi Habilidad [Gran Sabio]: [Aceleración de Pensamiento], [Analizar y Evaluar], [Cancelación de Canto] y [Toda Creación]. En su caso, sin embargo, sus capacidades de evaluación eran tan avanzadas que podía usar [Percepción Mágica] directamente para analizar objetos, mientras que yo necesitaba recurrir primero a [Depredador].

Era bastante conveniente.

No obstante, al adquirir esa Habilidad Única, había perdido una cantidad considerable de Energía Mágica. Aquello redujo su nivel aproximado a B+, aunque la evolución seguía representando una mejora general de fuerza, algo de lo que ella no tenía ninguna queja.

-"No tienes que agradecerme"- Dije con sinceridad. -"Tú y los demás son quienes hacen el verdadero trabajo. Soy yo quien debería estar agradecido. Gracias, Shuna"-

Le sonreí y, sin darme cuenta, terminé acariciando suavemente su cabeza.

-"Jejejejeje~"-

Ella se rió de una forma increíblemente linda.

-(No hay duda, soy adicto a las cosas lindas)- Pensé sin dudarlo. -(Primero fue Neko-chan y ahora Shuna. Tanta ternura me va a matar...)-

-"Yukimaru-sama"- Dijo Shion mientras yo dejaba de acariciar la cabeza de Shuna. -"La Princesa Shuna tiene su trabajo que atender. ¿Tal vez sea mejor que la dejemos por ahora?"-

Ella tenía un horario preparado para mí, como cualquier secretaria decente.

-"¿Oh? ¿Entonces estás cuidando bien de Yukimaru-sama?"-

-"¡Por supuesto!"- De repente, Shion me agarró del otro brazo, alejándome de Shuna. -"Me ocuparé de todas las necesidades de Yukimaru-sama, así que no hay necesidad de preocuparse por eso"-

-"¡Jejeje! Ciertamente tampoco me importaría encargarme de cuidarlo"-

-"En absoluto, Princesa Shuna. No hay necesidad. ¡Yo lo atenderé completamente!"-

Casi podía ver chispas volando.

-(Nah, solo es mi imaginación)-

Además, no necesitaba que me "cuidaran" en absoluto. Había vivido toda mi adolescencia solo, el tiempo suficiente como para poder hacer todo lo que necesitaba por mi cuenta.

-(Tal vez sea hora de que salga de aquí)-

-"¡Yukimaru-sama! ¿Quién cree que es la más adecuada para satisfacer sus necesidades? ¿Shion o yo?"-

Fui demasiado lento.

-"Um, sí... Tienes seda para tejer o algo así, ¿verdad, Shuna? Supongo que podrías ayudar cuando estés libre, ¿quizás?"-

-(¿Ayudar en qué, exactamente? Aunque podría dibujar y enseñarle diseños de ropa de mi mundo)-

-"¡Muy bien! ¡Me alegra que me tenga en cuenta de ese modo!"-

Shuna sonrió. Eso fue suficiente para ella, supongo. -(Bueno, está bien. Dejémoslo así)-

-"¡Gracias!"-

Respondí. Ella asintió tiernamente en respuesta.

-"¡Absolutamente! ¡Con mucho gusto serviré como su Chaman cuando lo necesite!"-

Levanté una ceja. -"¿Chaman?"-

-"¡Sí! Usted me ha aceptado como su Oráculo, la que le venerará y le servirá, ¿no es así?"-

-(Um, ¿lo hice? ¡Porque estoy bastante seguro de que lo habría recordado!)-

Pero dudé en decirlo, sintiendo que podría ser un poco peligroso.

-"Oh, sí. Seguro"- Me encogí de hombros. -"Diviértete siendo mi Oráculo entonces"-

Fui recompensado con una sonrisa rosada.

-"¡Usted está en buenas manos, Yukimaru-sama!"-

Tan linda. Estaba listo para dejar que me dijera casi cualquier cosa.

-"En ese caso, Yukimaru-sama, ¡es mejor que nos vayamos!"-

Shion, por supuesto, aprovechó la oportunidad para arruinar el momento, arrastrándome rápidamente.

-"Um, ¿gracias?"-

-"¡De nada, señor!"-

Dijo Shuna, con una sonrisa tensa en su rostro, como si acabara de salir victoriosa de algún tipo de batalla épica.

Me alegró ver que se resolvió de ese modo. Sentí que la temperatura a nuestro alrededor había descendido un poco, aunque estaba seguro de que era solo mi mente engañándome. Con muchas cosas en este mundo, es mejor para todos simplemente atribuirlas a la imaginación.

Ahora nos dirigíamos hacia donde estaban Benimaru y los demás. Sin duda se encontraban ocupados probando sus nuevas Habilidades, y yo quería descubrir qué habían logrado hasta ahora.

Llegamos a la caverna subterránea para encontrarnos con Benimaru y Hakuro cruzando espadas. La hoja de madera de Benimaru estaba, por alguna razón, envuelta en un aura blanca. Cuando atacó a Hakuro, esta liberó un brillante arco de luz que se lanzó hacia adelante. El corte atravesó el cuerpo de Hakuro sin dañarlo, pero partió limpiamente por la mitad una roca situada detrás de él.

Al instante siguiente, Hakuro apareció detrás de Benimaru, con su propia espada de madera apoyada contra el cuello de su oponente.

Eso marcó el final del combate.

-(... U-Umm... Estos tipos son Ogros, ¿verdad? Porque ese pequeño fragmento que acabo de presenciar se veía demasiado refinado. Esos movimientos. ¿Y esa luz blanca...? ¿Qué se supone que es eso? ¿Por qué unas simples hojas de práctica de madera son suficientes para romper rocas? Si es así, entonces...Está volviendo las espadas completamente inútiles…)-

Hakuro fue el primero en notar mi presencia.

-"Ah, saludos para usted, Yukimaru-sama"- Dijo. -"Es un lugar bastante agradable aquí. Tranquilo, además"-

-"Me disculpo por haberme mostrado de esa forma, Yukimaru-sama"-

-"Oh, no. Escuché que estaban entrenando, así que pensé en venir a ver cómo iban. Buen trabajo. Puedo notar que se han vuelto más fuertes que antes"-

-"Estamos progresando bien, sí"- Dijo Benimaru. -"Hakuro ha recuperado suficiente juventud como para ser tan fuerte como un hombre de la mitad de su edad"-

-"¡Jojojo! En efecto, es tal como dice Lord Benimaru. ¡Puedo sentir el poder fluyendo dentro de esta vieja y marchita forma!"-

-"¡Ah, pero esto apenas ha comenzado para nosotros dos, Hakuro! Todavía soy más fuerte que tú, recuérdalo. Eso debería haber sido suficiente para ganar, pero..."-

El rostro de Benimaru se agrió visiblemente. Me di cuenta de que sus reservas de Energía Mágica superaban claramente a las de su oponente.

-"De hecho, joven maestro… O debería decir, Lord Benimaru. Me temo, sin embargo, que confía demasiado en sus reservas de fuerza. Debe prestar oído a su espada, tal como yo lo hago, y convertirse en uno con ella. Odiaría dejarme perder hasta que logre eso"-

Incluso antes de evolucionar, Hakuro ya era un luchador lo suficientemente magistral como para ocultarse detrás de mi espalda. Todavía recordaba cómo evadió mi [Percepción Mágica] el tiempo suficiente como para intentar decapitarme. No quería insistir demasiado en ese pensamiento, pero ahora podría ser lo bastante fuerte como para continuar con ese trabajo.

-"Sí, casi me tomas por sorpresa"- Dije. -"Si no te importa mi honestidad, eso me impresionó y me asustó"-

-"¡Jajajajaja! ¡Y luego usted se lanzó a pelear de una forma magnífica! Creo que fui yo quien estuvo más cerca del pánico"-

Bueno… Eso era cierto, sí. Exacto. Pero solo ocurrió porque tenía [Prodigio] y [Regeneración Ultrarrápida] de mi lado, sin olvidar mi Resistencia a los Cortes. Aun así, lo que Hakuro no sabía no podía hacerle daño.

-"Sin embargo, me impresionó mucho cómo te las arreglaste para esconderte por completo. ¿Cómo funcionó eso?"-

-"Esa es una Habilidad conocida como [Voluntad de Batalla]. Utiliza mi aura, lo que la coloca dentro de una familia distinta de Habilidades a la magia"-

Tal como lo explicó Hakuro, [Voluntad de Batalla] era un tipo único de Arte, o Habilidad Técnica, que transformaba la energía mágica dentro del cuerpo en espíritu de lucha, energizando así la forma física del portador. Si el aura es lo que uno emite incluso cuando no está haciendo nada, el espíritu de lucha es lo que el cuerpo libera mientras, bueno, lucha. Aunque, dado que las auras ya están disponibles para los Monstruos de alto nivel, me parecía que eran seis de uno, media docena del otro.

También existían otras Artes. [Movimiento Instantáneo], por ejemplo, que permitía exactamente eso, o [Ocultar Forma], que forzaba al oponente a perderte de vista. [Voluntad Ejemplar], que fortalecía puños y armas, era más un Arte para principiantes, y esa era la luz blanca que acababa de presenciar; incluso podían dispararla como un proyectil. Todo era un poco como magia… Excepto que no lo era. Al no requerir tiempo de casteo, resultaba mucho más útil ponerlo en práctica en una situación de apuro.

Dado que cualquier persona con el nivel adecuado de inteligencia podía aprender Artes, supongo que la visión de Ogros utilizándolas no debía haber sido una sorpresa. Shuna también tenía su [Magia Ilusoria], después de todo. Era de esperarse que los Monstruos de alto nivel contaran con este tipo de recursos, por regla general. Genial si estaban de mi lado; realmente molesto si no.

Si algún aventurero llegaba a encontrarse con un Monstruo que tuviera ese tipo de arsenal a su disposición… No podía imaginar cuántos desafortunados habían encontrado su final de esa manera. Me tomé un momento para ofrecer una oración silenciosa por ellos.

Esta cosa de la [Voluntad de Batalla], sin embargo, era fascinante. Definitivamente quería aprender [Ocultar Forma], contra la cual la [Percepción Mágica] parecía no tener ningún efecto. Mi forma normal me había dado una vista ordinaria, pero si no hubiera contado con eso, habría quedado completamente expuesto a ese ataque.

Tal como lo describieron, el Arte comenzaba suprimiendo el sonido, luego el olor, después la temperatura, luego el espíritu, y una vez alcanzado ese nivel, ya ni siquiera perturbabas la energía mágica a tu alrededor.

Definitivamente, una Habilidad que quería tener.

-"Lord Hakuro fue nuestro instructor"- Explicó Shion. -"Y el espadachín más poderoso entre nuestros retenedores"-

-"Genial. Entonces, Hakuro… Quiero aprender esa cosa de la [Voluntad de Batalla], y también me gustaría que los Hobgoblins se entrenen en ella. ¿Te importaría flexionar un poco más tus músculos para mí, como mi Instructor oficial?"-

-"¡Jojojo! ¿Busca un favor de este viejo decrépito?"- Cayó sobre una rodilla. -"¡Me alegra oírlo! Si es por su bien, Yukimaru-sama, ¡me encantaría ejercitar mis cansados huesos una vez más!"-

-"Yukimaru-sama"- Agregó Benimaru. -"Usted dijo que planeaba construir una nación en esta tierra, ¿verdad? ¿Servirá usted como Rey, y Rigurd como su principal Ministro? Yo no sé nada sobre gobierno, pero cuando se trata de asuntos militares, creo que hay pocos que puedan igualarme. Si desea nombrarme para un rol en ese sentido, lo aceptaría gustosamente"-

-"Me parece bien… Pero eso sería un paso hacia abajo para ti, ¿no?"-

-"Nada de eso. Le servimos ahora, Yukimaru-sama, y le hemos ofrecido nuestra lealtad. Si puedo cumplir con eso sirviendo como su vasallo, pondría gustosamente todo lo que puedo ofrecer en la línea"-

-(Hmm. Me pregunto cómo manejar esto. Ciertamente parece hablar en serio)-

Él había hecho una petición similar hacía unos días, pero, sinceramente, todavía no lo había considerado en serio. Tal vez fuera yo quien le debía un poco más de respeto.

-"Muy bien. Espero poder contar con tu fuerza entonces"-

Tenía que corresponder a su determinación de una forma u otra. Ahora era el momento. El tiempo para que estos Ogros y yo camináramos firmemente, por fin, codo a codo.

-"¡Eso es terriblemente injusto! ¡Yukimaru-sama! ¡Si es así, también me gustaría ser nombrada para un puesto!"-

-(Cielos… Me sobresaltó)-

Shion, que todavía sostenía mi brazo con firmeza contra su pecho, estaba haciendo pucheros de forma visible.

-(Supongo que también tendré que preparar algo para ella)-

Me alejé unos pasos para quedar frente a ellos. Les dediqué la mirada más seria que pude, transmitiendo la gravedad de la situación. Benimaru y Shion parecieron sorprendidos, pero se arrodillaron en silencio ante mí en lugar de decir algo.

-"Muy bien. Benimaru, por la presente te designo como mi General Samurái. De ahora en adelante, serás responsable de dirigir los asuntos militares de mi nación"-

-"¡Sí, mi Lord! ¡Le serviré bien, dentro y fuera del campo de batalla!"-

-"Y a ti, Shion, por la presente te nombro mi Guardia Real. Tus deberes serán principalmente de Secretaría. Aun así, haz tu mejor esfuerzo, ¿de acuerdo?"-

-"¡Muchas gracias, mi Lord! ¡Haré un gran esfuerzo todos los días para servirle lo mejor que pueda!"-

Así que ahora no solo los había nombrado a todos, sino que también les había dado tres "clases" distintas para desempeñar. No podrían haber estado más absortos por la emoción. Kurobe también parecía disfrutar enormemente de su propio trabajo. Tal vez debería haberles dado títulos formales desde el principio. Shuna y Souei también merecían algo.

Justo cuando ese pensamiento cruzó mi mente, una figura apareció de repente junto a Benimaru. Era Souei, y parecía haber surgido prácticamente de su sombra. El resultado, explicó, de la Habilidad [Movimiento de Sombra] que había obtenido como parte de su evolución. Sabía que implicaba aprovechar las sombras de las personas para desplazarse del punto A al punto B en el menor tiempo posible, aunque no conocía los detalles a fondo.

Yo mismo la había aprendido; era parte de lo que había obtenido de los Lobos Colmillos Tormenta, pero aún no la había probado. Probablemente era más útil de lo que parecía a simple vista. Tenía tantas cosas entre manos en ese punto que no había tenido tiempo de experimentar con todo. Será mejor que me ocupe de ello pronto, al menos.

-(Especialmente si Souei ya está bien versado en su uso. Sería ideal para reunir información)-

Al notarme, Souei cayó sobre una rodilla.

-"¡Reportándome, mi Lord!"-

-"¿Sí?"-

-"He completado mi misión de recolección de capullos, y en el camino de regreso fui testigo de un grupo de Lizardman en movimiento. Al verlos tan lejos de los pantanos que llaman su hogar, me pareció muy inusual, así que consideré mejor informarle lo antes posible"-

Souei se veía perfectamente sereno. Su respiración no estaba alterada en absoluto, aunque estaba seguro de que debía haberse apresurado. Mi Habilidad [Detección de Calor] me indicó que la temperatura de su cuerpo era ligeramente superior a la normal.

-"¿Lizardman? Eso es extraño"-

Dijo Benimaru con tono pensativo.

¿Así que Lizardman y Orcos…? Definitivamente algo estaba ocurriendo ahora.

-"Souei"- Dije, ya con una idea clara en mente para su función. -"Quiero que te encargues de labores de inteligencia para mí. A partir de hoy, actuarás como mi Agente Encubierto, reuniendo información para mí y para nuestra causa"-

-"No podría soñar con algo mejor, mi Lord"- Respondió con una voz baja, pero firme. -"Siempre me dijeron que mis antepasados estaban dotados con las llamadas Artes Oscuras, y espero ejercer esas habilidades al máximo para usted"-

Así, ahora los Ogros y yo éramos una gran familia… Más o menos. Tenía un pequeño grupo de agentes leales trabajando bajo mis órdenes. Habían evolucionado en Onis y habían recuperado un buen número de las Habilidades de sus antepasados.

Cuando evolucionaron por primera vez, había supuesto que se encontraban en el límite superior del rango A. Pero ahora, a medida que adquirían Habilidades y se acostumbraban a sus nuevos cuerpos, sus rangos individuales estaban cambiando. Eran, sin duda, cabeza y hombros por encima del resto de la ciudad en términos de fuerza, aunque seguían evolucionando.

Tenía la sensación de que la asignación de trabajos, o "clases", había ayudado a consolidar la cantidad exacta de energía mágica con la que cada uno debía operar. Lo mismo había ocurrido con los Hobgoblins a los que se les habían otorgado clases.

Al final, el éxito en la batalla tenía menos que ver con la fuerza bruta y más con cómo esta se emparejaba con las Habilidades del enemigo. Fueron mis Habilidades las que derrotaron a Ifrit, no la fuerza de mi cuerpo. Ver a estos Onis obtener Habilidades Únicas de la misma manera resultaba fascinante.

Tenía la sensación de que Shuna había forzado un poco mi mano, pero no me importó. Ella solía ser una Chaman, después de todo, así que la clase que le había otorgado encajaba bastante bien. Además, parecía lo suficientemente feliz con ello.

Así, ahora tenía seis Magos Ogro trabajando bajo mis órdenes, cada uno con su propia clase: Benimaru, el General Samurái; Shuna, la Oráculo; Hakuro, el Instructor; Souei, el Agente Encubierto; Shion, la Guardia Real; y Kurobe, el Herrero de Espadas.

Me gustaba.

....

.....

...

....

.....

Gabil estaba encontrando mentes muy receptivas entre las Aldeas Goblin a las que había hecho visitas personales. No necesitaron discursos grandilocuentes sobre lo fuerte que él era; estaban ansiosos por seguirlo prácticamente a primera vista. Así era como funcionaban las razas más débiles, supuso. Y si mostraban algún indicio de desafiarlo, estaba listo para azotarlos y someterlos.

Las órdenes del jefe ya no figuraban en la mente de Gabil. Había reunido a los guerreros más hábiles de cada aldea, obligándolos a traer cualquier alimento que pudieran sacar de sus depósitos. Eran siete mil en total, vestidos con una endeble armadura de cuero y armados con toscas lanzas cuyos picos estaban tallados en piedra. No valían la pena para confiar en una batalla real, pero eso bastaba por ahora. Los que estaban demasiado asustados para luchar ya habían huido de todos modos.

-"¡Ancianos!"- Gritó. -"¿Hay otras aldeas en el área de las que deba ser consciente?"-

Los ancianos intercambiaron miradas entre ellos, hasta que uno finalmente se adelantó con timidez para responder.

-"Bueno… Tal vez no sea una aldea, exactamente, pero debería haber otro asentamiento, sí"-

-"¿Asentamiento?"- La elección de palabras del anciano irritó al Lizardman. -"¿Qué tiene de tan preocupante este 'asentamiento' del que hablas?"-

Los ancianos respondieron con una historia asombrosa: la de una banda de Goblins montando Lobos Colmillos. No tenía sentido para él. Aquellos caninos eran Monstruos poderosos, vagaban en manadas y gobernaban las llanuras. Incluso los guerreros Lizardman se movían con cautela en su territorio. ¿Por qué se someterían a la voluntad de una especie tan baja como los Goblins? Era absurdo.

Y las historias de los ancianos solo se volvieron más exageradas a medida que continuaban. Al parecer, estaban siendo guiados por un chico humano, nada menos.

-(Ridículo)-

Pensó Gabil. ¡La criatura del nivel más bajo que existía! Tal vez podrían encontrar alguna forma de embaucar las mentes de los Goblins, igual de estúpidos, pero ¿a los Lobos Colmillos? Por favor.

Gabil necesitaba verlo con sus propios ojos. Tal vez había algún truco detrás de la fundación de ese "asentamiento" del que pudiera apropiarse para sus propios fines. Si todo salía bien, quizá incluso esos supuestos Lobos Colmillos se unirían a su causa, convirtiendo las vastas llanuras en sus terrenos de caza personales. Con eso en mente, entró en acción, dejando que sus deseos lo impulsaran.

La ubicación que le dieron no conducía a una aldea. Aquello lo irritó, pero lo dejó pasar. Si quería obtener el control sobre los Lobos Colmillos, tendría que soportar contratiempos aquí y allá. Al haberse liberado de cualquier sentido del deber hacia sus superiores Lizardman, le resultaba imposible reprimir su deseo de poder; aun así, sabía que la paciencia era clave.

En ese momento, la existencia de su jefe no era más que un obstáculo en el camino hacia los objetivos de su ejército. Si lograba la cooperación de los Lobos Colmillos, los demás Lizardman sin duda reconocerían a su nuevo Rey. ¿Los Señores de las Llanuras, emparejados con el Rey de los Pantanos? ¿Quién tendría algo que temer de esos cerdos de bajo nivel, sin importar cuán numerosos fuera?

Nadie. Gabil estaba seguro de ello. Los aplastaría rápidamente y luego gobernaría sobre el Bosque de Jura.

-(Y eso, me imagino, sería una hazaña lo suficientemente digna como para ponerla a los pies del Señor Gelmud)-

Imaginar la alegría que su maestro mostraría al escuchar la noticia le facilitó a Gabil mantener la paciencia. Ya tenía hombres estacionados en el Lago Sisu, esperando órdenes adicionales. Los suministros seguían siendo escasos, así que debían actuar pronto. No había tiempo que perder.

Uno de sus hombres informó haber descubierto nuevas huellas en el área. Gabil dio la orden de inmediato. Un grupo de diez luchadores de élite, incluyéndose a sí mismo, cabalgaría sobre sus Lagartos de Montura hacia el objetivo. Ni siquiera se molestó en ocultar su presencia en las llanuras. Los Lobos Colmillos eran una posible preocupación, pero si estaban obedeciendo a los Goblins, entonces ya no podían ser una amenaza real.

-(¡Tendré que entrenarlos!)- Pensó. -(¡Y devolverlos a sus antiguas glorias!)-

No tenía idea de lo que le aguardaba. Su mente estaba demasiado llena de orgullo ante la idea de servir al Señor Gelmud, el único maestro que realmente amaba.

¡¡¡CONTINUARÁ!!!

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