Cherreads

Chapter 19 - "PUNTO DE INFLEXIÓN I

La aldea ya no era una aldea.

Era un matadero.

El aire quemaba al entrar en los pulmones, saturado de ceniza, sangre y ese olor metálico que se pegaba a la garganta. Había pasado casi una hora desde el primer grito… pero el tiempo había dejado de importar hacía rato.

Todo era ruido.

Todo era fuego.

Todo era muerte.

A mi lado, Azumi respiraba pesado. Su postura seguía firme, sus cuchillas listas… pero ya no era la misma de hace unos minutos.

Ninguno de los dos lo éramos.

Detrás de nosotros, mi madre sostenía el campo.

Un tenue resplandor blanco se extendía desde sus manos, envolviéndonos como un hilo frágil que mantenía nuestros cuerpos en pie. Sin eso… ya habríamos caído.

Apreté los dientes.

Inútil.

Esa palabra no dejaba de repetir en mi cabeza.

Con mi magia restringido… sin poder usar maná … en un campo como este, no era más que una variable débil. Un punto que proteger.

Un error.

Pero no podía detenerme.

No ahora.

No cuando ellos estaban detrás de mí.

—¡Aris!

El grito de Azumi me sacó del pensamiento.

Instinto.

Giré.

Una sombra descendía desde arriba.

No la vi completa… pero sentí el aire desgarrarse.

Me moví.

Tarde.

Las garras pasaron a centímetros de mi pecho, rasgando el aire con un silbido seco. El impacto contra el suelo levantó ceniza y fragmentos de madera carbonizada.

Canis-Demon.

Su respiración era irregular. Sus ojos… no eran ojos.

Eran hambre.

No me dio tiempo a pensar.

Mi cuerpo reaccionó.

Aproveché el desbalance de su aterrizaje y avancé medio paso, ignorando el dolor en las piernas. Mi mano se abrió—

Golpe.

Seco.

Directo a la garganta.

Sentí el cartílago ceder bajo la presión. No fue fuerza… fue precisión.

La criatura emitió un sonido ahogado antes de desplomarse, convulsionando en el suelo.

No me detuve.

No podía.

A mi derecha, Azumi se movía.

No… danzaba.

Sus cuchillas trazaban arcos invisibles en el aire, extendidas por el viento que ella misma generaba. Cada movimiento era limpio, exacto… mortal.

Una cabeza cayó antes de tocar el suelo.

Otra criatura se partió en dos.

Una tercera ni siquiera alcanzó a acercarse.

Pero incluso así…

Estaba bajando el ritmo.

Lo vi.

El brillo de su viento ya no era constante. Sus cortes seguían siendo precisos… pero había una fracción de segundo más entre cada uno.

Eso era suficiente.

Para ellos.

Porque no dejaban de venir.

Uno caía.

Dos aparecían.

Tres.

Cinco.

Demasiados.

La aldea entera se estaba desbordando.

Y en medio de ese caos…

El suelo vibró.

No fue una explosión.

Fue… más profundo.

Un impacto lejano.

Pero lo suficientemente fuerte como para atravesar el suelo y subir por las piernas.

Giré levemente el rostro.

No podía verlo.

Pero lo sabía.

Mi padre.

Shizuka.

Seguían luchando.

Y por cómo se sentía…

No estaban ganando.

—Tch…

Apreté la mandíbula.

Si ellos caían…

Nosotros no durábamos ni un minuto.

Otro movimiento.

Otra sombra.

Esta vez no vino de frente.

Izquierda.

Baja.

Giré el torso apenas lo suficiente para evitar el mordisco. Sentí el aire caliente pasar cerca de mi cuello.

Demasiado cerca.

Contraataqué.

No con fuerza.

Con intención.

Golpe corto al punto de apoyo.

La criatura perdió el equilibrio un instante.

Solo uno.

Pero eso bastó.

Azumi apareció.

Un destello.

Y la cabeza rodó.

—No te distraigas —murmuró, sin mirarme.

—Lo sé.

Mentía.

Estaba distraído.

No por miedo.

Por algo peor.

La sensación de que esto…

No iba a terminar bien.

El fuego crepitaba alrededor.

Las casas caían.

Los gritos… ya no eran tantos.

Eso era lo peor.

Significaba que ya no quedaban muchos.

El viento cambió.

Por un segundo.

Y algo en el ambiente…

Se tensó.

No fue una señal clara.

No fue sonido.

Fue… instinto.

Como si el mundo entero contuviera la respiración.

Levanté la mirada.

Y por un instante…

Sentí algo.

Lejano.

Pesado.

Antinatural.

—…

No dije nada.

Pero lo supe.

Sea lo que sea esa criatura que enfrenta mi padre.

Es algo que no podremos detener sin un milagro.

El suelo volvió a temblar.

Esta vez más fuerte.

Una onda recorrió la aldea, levantando ceniza y fragmentos de madera quemada. No fue magia descontrolada… fue impacto.

Uno directo.

Brutal.

—…

No hacía falta verlo.

Podía sentirlo.

Cada golpe… cada choque… era como si algo imposible estuviera presionando el mundo mismo.

Allá lejos—

Mi padre no estaba peleando contra algo fuerte.

Estaba peleando contra algo que no debería existir.

El acero cortó el aire.

Un tajo descendente cayó con toda la fuerza del cuerpo de Jared, envuelto en maná concentrado. No era un ataque de prueba.

Era letal.

Directo.

Sin reservas.

Impactó.

El sonido no fue el de carne.

Fue metal contra metal.

El brazo del Serafín apenas se movió.

Ni un centímetro.

Pero eso no importaba.

Porque no era el ataque real.

—Ahora —murmuró Jared.

Shizuka ya estaba ahí.

No llegó corriendo.

No saltó.

Simplemente… apareció.

Como si siempre hubiera estado en ese punto.

Su mano golpeó el lomo de la espada.

Precisa.

Sin desperdicio.

La fuerza no se sumó.

Se multiplicó.

Una onda de choque recorrió la hoja, concentrando todo el impacto en un solo punto.

Y entonces—

Cortó.

La resistencia cedió.

Carne.

Hueso.

Energía.

Todo se rompió en una sola línea.

El brazo del Serafín salió despedido, girando en el aire antes de estrellarse contra el suelo con un sonido húmedo.

Sangre oscura salpicó el entorno.

Pesada.

Densa.

Antinatural.

El cuerpo de la criatura retrocedió un paso.

Luego otro.

Desequilibrado.

Por primera vez—

Había cedido.

—¡Sí! —exhaló Shizuka, el pecho subiendo con dificultad—. ¡Funciona!

—No bajes la guardia —respondió Jared de inmediato.

No sonaba aliviado.

Sonaba… tenso.

Porque lo había sentido.

Ambos lo habían sentido.

Eso…

No era suficiente.

Una risa baja comenzó a filtrarse en el aire.

Seca.

Rota.

—…Interesante…

El Serafín levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos brillaban.

No con rabia.

Con algo peor.

Diversión.

—Hace siglos… —murmuró— que no sentía algo así.

Giró ligeramente el hombro mutilado, observando el muñón sin prisa.

—Dolor…

Sus labios se curvaron.

—Casi lo había olvidado.

El aire cambió.

No de forma violenta.

Sutil.

Pero suficiente.

Las partículas en el ambiente… vibraron.

Entonces—

Algo se movió.

Desde el corte.

No carne.

No exactamente.

Fibras negras comenzaron a extenderse, entrelazándose como raíces vivas. Una energía carmesí las cubrió, reconstruyendo estructura, forma… función.

En segundos—

El brazo volvió.

Completo.

Perfecto.

Sin cicatriz.

Como si nunca hubiera sido cortado.

El silencio que siguió fue pesado.

Denso.

Jared no se movió.

Pero su agarre en la espada se tensó.

Más.

—…Ya veo —murmuró el Serafín—. Ese era su mejor intento.

Alzó la mirada.

Directo hacia ellos.

—Ahora me toca a mí.

Desapareció.

No fue velocidad.

No fue desplazamiento visible.

Simplemente dejó de estar ahí.

Shizuka reaccionó.

Giró—

Tarde.

El impacto fue seco.

Brutal.

El golpe alcanzó sus brazos justo cuando intentaba bloquear.

El sonido de huesos rompiéndose se mezcló con el aire.

Ambos antebrazos cedieron.

Su cuerpo salió disparado hacia atrás, estrellándose contra un muro de piedra que se agrietó al impacto.

—¡SHIZUKA! —rugió Jared.

Error.

Un segundo.

Solo uno.

Suficiente.

—No te distraigas.

La voz apareció a su lado.

Demasiado cerca.

El golpe llegó de inmediato.

Directo a su arma.

El acero vibró—

Y se rompió.

La espada estalló en fragmentos que salieron despedidos en todas direcciones.

Jared retrocedió, forzado por el impacto, con las manos entumecidas.

Sin arma.

Sin espacio.

Sin tiempo.

El Serafín ya estaba detrás de él.

Listo para terminarlo.

Pero algo se interpuso.

Shizuka.

No debía poder moverse.

No en ese estado.

Y aun así—

Se lanzó.

Sus brazos destrozados se levantaron una vez más.

Escudo.

Impacto.

El golpe la atravesó.

La fuerza no se detuvo.

Ambos cuerpos fueron lanzados, rodando por el suelo entre escombros y sangre.

Silencio.

Solo por un instante.

El Serafín se enderezó.

Se sacudió el polvo del hombro.

Como si nada de eso hubiera sido importante.

—Admirable —murmuró—. De verdad.

Miró el campo.

Evaluando.

—Pero irrelevante.

Juntó las manos lentamente.

Sus dedos comenzaron a entrelazarse en una forma que no pertenecía a este mundo.

El aire…

Se volvió pesado.

Más que antes.

Mucho más.

—Es hora de terminar con esto.

Su voz ya no tenía tono de juego.

Era decisión.

—Técnica Demoníaca…

El espacio vibró.

—De las Siete Sombras.

Una pausa.

Breve.

Absoluta.

—Sed de Sangre: Imperio Lujurioso.

Y entonces—

El mundo cambió.

No fue una explosión.

No hubo impacto.

No hubo sonido.

Fue… inmediato.

El mundo simplemente dejó de moverse.

Una cúpula carmesí se expandió desde el centro del campo de batalla, atravesándolo todo sin resistencia. No rompió nada… pero lo cubrió todo.

Como si la realidad misma hubiera sido reemplazada.

More Chapters