Capítulo 119 - Doceavo Desafío (Parte 3)
Los equipos estaban listos en sus posiciones de salida. Heather ya rugía el motor del saltaolas, pero toda la atención se centró en Harold. El chico estaba de pie sobre los esquís usando una tanga roja diminuta que dejaba muy poco a la imaginación. El silencio fue sepulcral; las chicas desviaron la mirada con muecas de náusea y Chris se tapó los ojos con una mano, negando con la cabeza.
"Estás tan fuera de la liga, tonto alfa", dijo Heather, mirándolo por el espejo retrovisor con asco puro.
"Listos... ¡YA!", dijo Chris.
Heather apretó el acelerador a fondo. El tirón fue tan violento que Harold perdió el equilibrio al instante. Sus esquís salieron disparados en direcciones opuestas y él cayó de cara, siendo arrastrado a toda velocidad por el fango espeso. El barro le entraba por la boca y la nariz, pero sus manos seguían aferradas a la cuerda con una fuerza sobrenatural.
"¡Primer banderín para los Bagres!", anunció Chris por el megáfono.
"¡Claro que no!", dijo Heather, furiosa al ver que el chico seguía colgado.
Heather aceleró aún más, zigzagueando para intentar estamparlo contra los bordes, pero Harold, bañado completamente en lodo y apenas distinguible, estiraba un brazo cada vez que pasaba cerca de un poste. Sus dedos se cerraban sobre la tela con una precisión quirúrgica.
"¡Cinco banderines de camino a casa!", gritó Chris, impresionado.
"¡Eso es imposible!", dijo Heather, apretando el volante con tanta fuerza que sus nudillos blanquearon.
"Heather debe cruzar la línea de llegada o será descalificada", recordó Chris con tono burlón. "Pero cuando lo haga, Harold se llevará cinco banderines para la victoria de los Bagres Asesinos".
La línea de meta estaba a escasos metros. Heather miraba la bandera a cuadros con odio, escuchando los chapoteos de Harold justo detrás de ella.
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Confesionario de Heather
Heather apareció frente a la cámara, limpiándose una mancha inexistente en su brazo con una sonrisa gélida y calculadora.
"No podía permitir que ese tonto ganara, así que decidí soltarme un poco", dijo Heather.
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En un movimiento rápido y traicionero, Heather soltó el volante con una mano mientras el vehículo seguía avanzando por inercia hacia la meta. Se giró sobre su asiento, mirando directamente a Harold, quien apenas podía abrir los ojos por el barro. Con un gesto fluido, metió la mano en su bolsillo y sacó la navaja que le había quitado a Cody anteriormente. La hoja de metal brilló bajo el sol mientras la acercaba peligrosamente a la tensa cuerda de arrastre.
"Terminó el juego, idiota", dijo Heather.
La hoja de la navaja rozaba ya las fibras de la cuerda. Harold, con el rostro cubierto de lodo, apenas alcanzó a despegar los párpados.
"La victoria es...", dijo Harold, pero las palabras se le murieron en la garganta al ver el brillo del metal.
Sin embargo, antes de que Heather pudiera dar el tajo final, el destino intervino. El vehículo se desvió ligeramente hacia la orilla, justo donde una rama gruesa y baja sobresalía hacia la pista. Heather, concentrada en cortar la cuerda, no vio el obstáculo. La rama se enganchó con precisión quirúrgica en la parte superior de su parte superior por la espalda y, con el tirón de la velocidad, lo arrancó de un solo movimiento.
Heather quedó con el torso totalmente al descubierto. Harold, que estaba siendo arrastrado justo detrás, abrió los ojos de par en par, olvidándose por completo del lodo, de los banderines y de la competencia.
Ella soltó un grito agudo de puro horror y Harold soltó un alarido de impresión. Heather soltó la navaja y el volante para cubrirse los pechos con los brazos, dejando las saltaolas a la deriva. Harold, hipnotizado por la escena, no vio la enorme roca que tenía delante; se estampó de lleno contra el peñasco, soltando la cuerda y quedando desparramado en el fango.
Sin nadie al volante, el vehículo golpeó una salida de piedra a toda velocidad, actuando como una rampa. Heather salió disparada por los aires como un proyecto humano, volando directamente hacia la línea de llegada donde el resto de los campistas observaba en shock.
Cody, que estaba en primera fila tratando de entender qué acababa de pasar, solo pudo ver cómo la silueta de Heather se hacía cada vez más grande.
"¡No puede ser, ¿otra vez?!", dijo Cody.
El impacto fue inevitable. Cody se plantó firme para detener el golpe, pero la inercia hizo que Heather terminara estrellándose de frente contra él. Debido a la diferencia de altura y la posición del vuelo, el rostro de Cody quedó hundido directamente entre los pechos de Heather, mientras que sus manos, buscando desesperadamente algo de qué agarrarse para no caer, terminaron apretando con fuerza el trasero de la chica.
Heather, en un acto reflejo de puro pánico y buscando estabilidad, rodeó la cabeza de Cody con sus brazos, apretándolo contra ella mientras seguía gritando de vergüenza y frustración. El silencio en la zona de meta era absoluto, roto solo por los gritos de Heather y el sonido del agua a lo lejos.
Cody y Heather terminaron en el suelo, formando un bulto de extremidades y confusión sobre el lodo seco. Cody sintió la cara hundida en una suavidad que lo dejó completamente aturdido, mientras un perfume caro, mezclado con el olor a combustible de las saltaolas, le llenaba la nariz.
Cody intentó apoyar las manos para levantarse y darle espacio, pero Heather lo rodeó con más fuerza, hundiéndolo contra ella para usarlos como escudo humano.
"¡No te muevas! Si te quitas, todos me verán. ¡Y deja de respirar tan fuerte, pervertido!", dijo Heather.
Su voz temblaba entre la rabia y la humillación. Cody, dándose cuenta de la situación y tratando de ser práctico a pesar del caos, se las ingenio para quitarse su propia jugadora con movimientos torpes mientras seguían pegados. Logró estirarla y ponérsela a Heather por el frente, cubriéndola lo mejor posible en ese abrazo forzado.
En medio del forcejeo por acomodar la prenda y la respiración agitada de ambos, sucedió algo extraño. Cody sintió un roce accidental que lo hizo tragar aire de golpe, para luego sentir como algo se le metia a la boca, seguido de un chillido agudo y ahogado de Heather que resonó en sus oídos.
Ahora que Heather estaba cubierta por la jugadora de Cody, se separaron con la velocidad de dos imanes del mismo polo. Heather se puso de pie de un salto, ajustándose la prenda que le quedaba enorme, y le lanzó a Cody una mirada cargada de una promesa de muerte lenta.
"No digas ni una sola palabra sobre esto. Nunca", dijo Heather.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y corrió hacia las cabañas para cambiarse, dejando a Cody sentado en el suelo, sin camisa y procesando lo que acababa de ocurrir.
Chris, que había observado todo desde una distancia segura con una sonrisa de oreja a oreja, levantó el megáfono para anunciar el resultado.
"Bueno, no sé qué fue exactamente lo que hizo Heather para que Harold perdiera la concentración de esa manera, ¡pero fue una barrida absoluta para el equipo de los Bagres!", dijo Chris.
Mientras tanto, en la pista de fango, Harold seguía abrazado a la roca. Tenía la mirada completamente perdida en el horizonte, con las pupilas dilatadas y una sonrisa boba que no se le quitaba con nada.
"Tetas...", susurró Harold.
El chico parecía haber entrado en un trance místico del que no pensaba salir pronto, ignorando por completo que su equipo acababa de perder el desafío de la manera más vergonzosa posible.
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Gwen caminaba hacia Cody con pasos que hacían crujir la madera del muelle. Sus brazos estaban cruzados con tanta fuerza que sus nudillos se veían blancos, y su expresión era una mezcla de incredulidad y furia contenida. Al llegar frente a él, se detuvo en seco, ignorando por completo que Cody todavía estaba sin camisa y cubierto de rastros de fango.
"¿En serio, Cody? ¿Un abrazo de cinco minutos y encima le regalas tu ropa?", dijo Gwen.
Su voz era un susurro afilado, cargada de una ironía que cortaba el aire. Cody intentó levantar las manos en un gesto de paz, pero la mirada de Gwen lo detuvo en seco.
"Gwen, fue un accidente, ella salió volando y...", empezó a decir Cody.
"¡Salió volando directamente a tu cara! Qué puntería la suya, ¿no?", lo interrumpió Gwen, dando un paso hacia su espacio personal. "Y lo mejor de todo es que decide que la mejor forma de 'ayudar' era quedarte ahí pegado como si fueras su guardaespaldas personal. ¡Es Heather! La misma que nos hace la vida imposible todos los días".
Gwen soltó una risa seca, sin rastro de gracia, y señaló hacia el camino por donde se había ido la chica.
"Ahora ella anda por ahí con tu playera, marcando territorio con algo que es tuyo. ¿Qué sigue? ¿Vas a ir a su cabaña a ver si necesita que le lleves el desayuno porque 'pobrecita, pasó un trauma'?", dijo Gwen.
Se le veía genuinamente herida bajo toda esa capa de sarcasmo. Para Gwen, no era solo el contacto físico accidental, sino el hecho de que Cody hubiera reaccionado de forma tan "caballera" con la persona que ella más detestaba en la isla.
"No me mires así, Cody. No es divertido", dijo Gwen, cerrando los ojos por un momento para calmarse. "Simplemente no puedo creer que, de todas las personas en esta isla, tuviera que ser ella la que terminara... así contigo. Y tú, como siempre, siendo el héroe que le regala hasta la ropa".
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Con los motores rugiendo de nuevo, Duncan y Lindsay se posicionaron en la salida. Duncan mantenía una expresión de superioridad, apretando el acelerador para intimidar, mientras Lindsay se ajustaba las gafas rosas con una seriedad que nadie le conocía.
¡FatFUERA!", anunció Chris.
Duncan arrancó con una violencia que levantó una estela de lodo, pero Lindsay no se inmutó. En cuanto sus esquís tocaron el fango, demostró un talento oculto impresionante; se deslizaba con una elegancia y coordinación perfecta, moviendo las caderas para esquivar los obstáculos con una agilidad de atleta profesional. Su mirada, antes distraída, ahora era ruda y estaba clavada en cada banderín.
"¡Lindsay ya tiene cinco banderines! Ahora solo le queda a Duncan cruzar la línea de llegada para obtener la victoria. ¡Duncan está encerrado, debe cruzar!", gritó Chris por el megáfono.
"Eso dices tú", gruñó Duncan.
Al ver que la victoria de los Topos dependía de que él llegara a la meta, Duncan tomó una decisión drástica. En lugar de acelerar, giró el volante con brusquedad y gritó mientras estampaba el saltaolas contra una roca enorme en un intento desesperado por frenar en seco y hacer que Lindsay saliera despedida hacia atrás.
Sin embargo, subestimó el impulso que ella llevaba. Lindsay soltó la cuerda en el momento exacto y, aprovechando la velocidad, se deslizó sobre el lodo como si estuviera en una rampa de hielo, cruzando la línea de meta por su cuenta con un giro impecable.
"¿Ella... ganó?", preguntó Chris, quedándose boquiabierto mientras miraba el cronómetro y luego a la chica. "¡Los Topos Gritones ganan la inmunidad!".
Las chicas de los Topos soltaron un grito de júbilo, mirando la ducha comunitaria como si fuera un palacio de cristal. Lindsay se acercó a su equipo, quitándose el barro de las mejillas con una sonrisa de disculpa hacia el bosque, donde Duncan seguía tratando de bajar el vehículo accidentado.
"Disculpame por eso, Duncan, es que en verdad quería esa ducha", dijo Lindsay.
Llevada por la euforia del momento, Lindsay corrió hacia el grupo y se lanzó a abrazar a Cody con entusiasmo. El resto del equipo no tardó en unirse, saltando y celebrando la victoria que les garantizaba una noche tranquila, mientras que en el lado de los Bagres, el silencio solo era interrumpido por los lamentos de Harold.
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El vapor salía por las rejillas del techo de la nueva ducha móvil multimasaje mientras el sonido del agua cayendo era música para los oídos de los ganadores. Afuera, sentados en unos troncos viejos, Owen, Noah y Cody mataban el tiempo con una partida de cartas.
"El equipo de los Bagres cayó de panza, y ahora decidirán a quién lanzar por el bajante, mientras los Topos se ganaron unas duchas muy necesitadas", anunció Chris, pasando junto a ellos con su inseparable sonrisa burlona.
Gwen y Bridgette, ya bañadas y con el cabello húmedo, se sentaron a los lados de Cody. Gwen sacó la nota arrugada del bolsillo, mirándola con una mezcla de sospecha y cansancio.
"Descartamos a todos los chicos. No me digas que es de una chica a otra", dijo Gwen.
Sus ojos se desviaron hacia Lindsay, que salía de la ducha tarareando, y hacia Heather y Leshawna que venían caminando detrás. La idea de que alguna de ellas fuera la autora parecía sacada de otra dimensión.
"Entonces, ¿quién puede ser?", preguntó Bridgette, frustrada.
"¿Quién puede ser qué?", dijo Leshawna, deteniéndose frente a ellas con las manos en las caderas. Lindsay se detuvo a su lado, parpadeando con curiosidad.
Bridgette, sin muchas esperanzas, le extendió la carta a Leshawna. La chica alta la tomó, leyó los versos en voz alta con una ceja levantada y, de repente, una sonrisa de suficiencia se dibujó en su rostro.
"¿Otra nota de tu admirador secreto, Leshawna?", dijo Chris, apareciendo de la nada como siempre.
"¿Leshawna es la inspiración?", dijeron Gwen y Bridgette al mismo tiempo, abriendo los ojos de par en par.
"¿Alguien de ustedes conoce a alguien más con un trasero redondo como una manzana?", dijo Leshawna con orgullo, dándose una palmadita en la parte trasera de su bata. "Está claro que el chico tiene buen gusto".
"¿Pero quién se la escribió?", volvieron a decir Gwen y Bridgette al unísono, aún más confundidas que antes.
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Cambio de escena: La fogata de eliminación .
El fuego crepitaba, lanzando chispas naranjas hacia el cielo oscuro. Los Bagres Asesinos estaban sentados en los troncos, el ambiente era tan tenso que se podía cortar con un cuchillo.
"Como saben, si no reciben un malvavisco, tendrán que caminar por el muelle de la vergüenza y no podrán regresar jamás al campamento", dijo Chris, sosteniendo la bandeja de dulces. "Bridgette y DJ, están a salvo esta noche".
Lanzó los dos malvaviscos. Bridgette lo atrapó con un suspiro de alivio, mientras DJ apenas reaccionó, todavía algo traumado por el vuelo en el sofá cama. Duncan, sentado en el extremo, le lanzaba miradas asesinas a Harold. El chico de las gafas ni siquiera se daba por enterado; Seguía con la mirada perdida en algún punto del bosque, con un hilo de baba escapando de su boca y una expresión de felicidad absoluta grabada en la cara.
"Muy bien, eso nos deja a Harold, que lo arruinó en grande por razones que todavía no logro comprender del todo...", dijo Chris, mirando el último malvavisco en la bandeja.
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Confesionario de Harold
Harold estaba sentado, con las manos entrelazadas y una sonrisa que parecía flotar en su rostro. Sus gafas estaban ligeramente empañadas y sus pupilas seguían dilatadas.
"Tetas...", susurró Harold con un suspiro de profunda satisfacción.
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Regreso a la fogata
Chris carraspeó, tratando de recuperar el control de la ceremonia.
"Y Duncan, quien lo arruinó aún peor porque Lindsay lo venció de forma humillante...", dijo Chris, pero no pudo terminar la frase.
Duncan saltó de su asiento y agarró a Chris por el cuello de su camisa, levantándolo unos centímetros. Sus ojos ardían de pura furia y vergüenza deportiva.
"Esa chica estaba determinada... ¡No vuelvas a mencionarlo!", dijo Duncan apretando los dientes, soltando a Chris con un empujón.
"Está bien, está bien... y por eso estás a salvo", dijo Chris, acomodándose la ropa y entregándole el malvavisco a Duncan con rapidez. "Harold, lo siento amigo, te llegó tu hora. El último malvavisco no es para ti".
"Bueno, fue divertido, chicos", dijo Harold, levantándose del tronco.
Para sorpresa de todos, no había rastro de tristeza en su voz. Camino con un paso ligero y seguro hacia el muelle de la vergüenza. Al llegar al borde del Bote de los Perdedores, se giró hacia el grupo para dar sus últimas palabras, con una pose de dignidad que nadie esperaba.
"Me volví un hombre, Isla del Drama. Amé, perdí y vi tetas... ¿qué más puedo pedir?", dijo Harold al viento.
Los campistas, que observaban desde la arena, se quedaron congelados procesando la declaración.
"¿Amaste?", preguntó Gwen, arrugando la frente.
"¿Eres un hombre?", preguntó Leshawna, cruzándose de brazos.
"¿Viste... tetas?", preguntó Bridgette.
Harold arrojó su maleta al barco con un movimiento fluido y luego clavó su mirada directamente en Leshawna.
"Leshawna, cada palabra de ese poema es en serio. Eres mi musa", dijo Harold.
El silencio fue sepulcral por tres segundos hasta que Leshawna reaccionó.
"¿Poema? ¿Fuiste tú?", gritó Leshawna.
Sin pensarlo dos veces, bajó corriendo de los troncos y se lanzó hacia el muelle. Harold, al verla venir con tanta energía, bajó del bote y corrió hacia ella con los brazos abiertos. Se encontraron a mitad del camino en un impacto que casi los hace caer al agua.
Leshawna lo rodeó con sus brazos, levantándolo un poco del suelo debido a la diferencia de fuerza.
"Nene, eres tan loco", dijo Leshawna con una sonrisa de oreja a oreja.
"Dale a papi un poco de azúcar...", dijo Harold, con la voz algo asfixiada pero feliz mientras se aferraba a ella.
Ante la mirada atónita de Chris y del resto de los campistas, ambos se fundieron en un beso apasionado.
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Mientras el beso continuaba, las reacciones en la arena eran un caos total. Lindsay, DJ y Owen miraban la escena con los ojos brillantes, conmovidos por el inesperado desenlace.
"¡Oh, qué tierno! Es como una película de amor, pero con menos presupuesto y más lodo", dijo Lindsay, juntando sus manos.
Sin embargo, a unos metros de ellos, Gwen y Bridgette tenían una reacción diametralmente opuesta. Ambas estaban encorvadas, con las manos en el estómago y expresiones de náusea absoluta.
"Me voy a morir... Harold y Leshawna... No puedo borrar esa imagen de mi cabeza", dijo Gwen, encontrando una arcada.
"El poema... el trasero de manzana... ¡Ugh! Siento que voy a vomitar", coincidió Bridgette, desviando la mirada hacia el bosque para recuperar el aliento.
Noah, que permanecía sentado con su habitual indiferencia, recorrió el grupo con la mirada, notando una ausencia importante.
"¿Alguien ha visto a Cody?", preguntó Noah, levantando una ceja.
La escena romántica fue interrumpida bruscamente cuando el Chef Hatchet, que ya no tenía paciencia para despedidas melosas, caminó pesadamente por las tablas del muelle. Con una mano enorme, sujetó a Harold por la parte trasera de su tanga roja y su camisa, levantándolo del suelo como si fuera un saco de papás.
"¡Ya basta de cursilerías! ¡Al bote!", rugió el Chef, jalando a Harold hacia la embarcación.
Harold, colgando en el aire, agitaba su mano frenéticamente hacia la orilla. Leshawna, con una sonrisa de victoria y un brillo especial en los ojos, le devolvía el gesto mientras el motor del bote rugía.
"¡Escríbeme, nene!", gritó Leshawna.
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Confesionario: Chef Hatchet
El Chef estaba sentado en el pequeño cubículo, con los brazos cruzados y una expresión que mezclaba la sorpresa con un respeto reticente. Sacó un par de las cartas que habían quedado olvidadas y les echó un vistazo rápido antes de mirar a la cámara.
"Miren, yo he visto muchas cosas en el ejército, pero lo de Leshawna y Harold... estaba tan asombrado como los demás", dijo el Chef, soltando una risa ronca. "Pero ustedes no leyeron el resto de las cartas. ¡Uy, picante! Ese flacucho tiene más juego del que aparente".
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El grupo permanecía en silencio, viendo cómo la silueta del bote de Harold se perdía en la oscuridad del lago. Owen, con una expresión de genuina confusión, rompió el silencio soltando lo que todos estaban procesando.
"Espera... ¿Harold vio tus tetas?", preguntó Owen, rascándose la cabeza.
"¡Claro que no!", respondió Leshawna de inmediato. Pero, al segundo siguiente, sus ojos se entrecerraron y la lógica empezó a conectar los puntos en su mente. "Esperen un minuto...".
Leshawna se giró y corrió hacia el borde del muelle, gritando hacia la dirección por donde se había ido el bote: "¡¿Viste las tetas de quién?!".
En ese momento, una voz fría y cortante resonó desde el camino de las duchas.
"En serio necesitaba esa ducha", dijo Heather, apareciendo en bata, con el cabello húmedo y una expresión de superioridad recuperada.
Leshawna se giró lentamente. La furia en su rostro era evidente; sus puños se cerraron y el fuego en su mirada prometía un desastre.
"Oh, no... Te metiste con la chica equivocada", dijo Leshawna, comenzando a caminar con paso firme hacia Heather.
"Oh, por favor. ¿Crees que le enseñaría mis pechos a ese perdedor a propósito?", bufó Heather, aunque retrocedió un paso al ver que Leshawna no se detenía.
Antes de que Leshawna pudiera alcanzarla, tres figuras le bloquearon el paso formando una barrera humana: Owen, Noah y Lindsay.
"No te metas con mi amiga. Si dijo que fue un accidente, lo fue", dijo Lindsay con una firmeza inusual, plantándose frente a Heather.
"Tranquila, Leshawna. Cálmate, mira... ten este chocolate", dijo Owen, extendiendo una barra de dulce con la esperanza de evitar una catástrofe.
"Vamos, no perdamos más tiempo en cosas tontas", añadió Noah con su tono monótono de siempre.
Leshawna intentó empujar, pero la masa física de Owen y la persistencia de los otros dos la mantenían a raya. Heather, confundida por este apoyo inesperado, miró a Lindsay.
"¿Por qué me ayudas?", preguntó Heather.
"Porque eres mi mejor amiga y te ayudaré siempre", respondió Lindsay con una sonrisa inocente.
Owen, al ver que Leshawna no aceptaba el chocolate, procedió a desenvolverlo y dárselo a sí mismo de un bocado. Noah, mientras tanto, cruzó los brazos y miró a Heather directamente.
"Hablo por Owen y por mí", dijo Noah. "En primer lugar, no nos agrada Leshawna. En segundo, Cody nos pidió específicamente que te apoyáramos. Y en tercero...", Noah hizo una pausa, tratando de recordar las palabras exactas. "Cody dijo que lo tomaras como una disculpa por el, según sus palabras, 'chupetón'... aunque no nos explicó qué fue eso".
La frase dejó a Heather helada. Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar esa marca en uno de sus pechos y el extraño momento en el suelo durante el accidente. Se puso roja de rabia y vergüenza, pero decidió que lo mejor era retirarse antes de que alguien más hiciera preguntas.
"Vámonos, Lindsay. Tenemos que ir a la cabaña", dijo Heather bruscamente, dándose la vuelta para alejarse.
"Bueno, quedó resuelto el misterio. Buenas noches", dijo Gwen, suspirando de alivio por el fin del drama.
"Buenas noches", respondió Bridgette, siguiendo a Gwen hacia su zona de descanso.
Todos empezaron a dispersarse hacia sus respectivas cabañas, charlando en voz baja sobre los eventos del día. Nadie prestó atención al eco lejano de un grito desesperado que venía desde la mitad del lago, perdiéndose entre el sonido de los grillos y el agua.
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El motor del bote roncaba de manera rítmica, dejando una estela blanca sobre el agua oscura. Harold estaba sentado en un banco de madera, con las manos apoyadas en las rodillas y una sonrisa de satisfacción que no le cabía en el rostro. Mentalmente, estaba pasando lista a sus logros: se había vengado de los abusos de Duncan, había tenido una experiencia religiosa con el accidente de Heather y, lo más importante, se había marchado con el beso de la mujer de sus sueños.
"Nada mal, Harold. Nada mal", murmuró para sí mismo.
De repente, el bote dio un sacudón violento y el motor se detuvo en seco, dejando solo el sonido del oleaje golpeando el casco. Harold levantó el rostro, confundido, y se puso de pie ajustándose las gafas.
"¿Chef? ¿Qué pasó? ¿Nos quedamos sin combustible?", preguntó Harold, caminando hacia la cabina con pasos inseguros.
Pero antes de llegar, emergió una sombra colosal de entre las cajas de suministros en la cubierta trasera. El aire se llenó de un olor a pelaje mojado y furia animal. Era el alce gigante, el mismo que Leshawna había insultado, y no parecía haber olvidado el agravio. El animal bufó, soltando nubes de vapor por las narinas, y fijó sus ojos inyectados en sangre en el chico flacucho.
"¡Oh, no! ¡Tú no deberías estar aquí! ¡Esto es una zona para humanos expulsados!", gritó Harold, retrocediendo a toda prisa.
El alce cargó con la fuerza de un camión. Con un movimiento brusco de sus astas, destrozó la maleta de Harold, haciendo que sus cómics y su ropa interior volaran por todo el bote. Harold corrió por la cubierta, saltando sobre barriles y gritando por su vida, mientras el animal lo perseguía destrozando todo a su paso.
Finalmente, el alce lo acorraló cerca de la borda y, con un cabezazo seco y preciso, noqueó a Harold de un solo golpe, dejándolo desparramado en el suelo con pajaritos rodeando su cabeza.
Satisfecho con su venganza, el alce soltó un último bufido triunfal y, sin mirar atrás, se lanzó al lago con un chapuzón masivo, nadando de regreso hacia la isla y dejando a Harold inconsciente en el bote.
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Justo cuando el cuerpo de Harold impactó contra las tablas y el alce se sumergió en las oscuras aguas del lago, la puerta de la cabina de mando se abrió ligeramente.
Cody salió de las sombras, guardando un pequeño dispositivo de almacenamiento en su bolsillo. Miró el cuerpo inconsciente de Harold y luego los restos de la maleta destrozada con una expresión de calma absoluta.
"Gracias, Chef, por enseñarme las grabaciones. Te debo otra", dijo Cody, ajustándose el cuello de la camisa. "Así, al menos, tendrá razones de verdad para odiarme cuando despierte".
El Chef Hatchet soltó una risa ronca desde el timón, sin quitar la vista del frente.
"De nada, chico. Ya me la devolverás", respondió el Chef con un tono cómplice antes de mover la palanca de aceleración.
El motor del bote rugió de nuevo, rompiendo el silencio de la noche. Cody caminó hacia la borda, miró hacia la silueta lejana de la isla y, sin dudarlo, se lanzó al agua con un salto limpio. Mientras el bote se alejaba con un Harold noqueado rumbo a su eliminación definitiva, Cody comenzó a nadar de regreso hacia el campamento, listo para volver.
