El Salón del Wizengamot estaba completamente lleno.
Los miembros de la corte ocupaban sus asientos mientras los murmullos recorrían la enorme sala. Algunos intercambiaban comentarios en voz baja; otros permanecían completamente serios, observando al acusado que se encontraba sentado en el centro.
A diferencia de muchos acusados que habían pasado por aquella sala, Sirius Black no estaba encadenado.
Estaba allí sentado, con la mirada fija al frente.
El golpe del mazo de Cornelius Fudge silenció inmediatamente la sala.
—Audiencia del 01 de julio, sobre los delitos atribuidos a Sirius Black relacionados con el asesinato de varios muggles y la traición de la familia Potter. Interrogadores: Cornelius Oswald Fudge, Ministro de Magia; Amelia Susan Bones, Jefa del Departamento de Seguridad Mágica; Dolores Jane Umbridge, Subsecretaria del Ministro. Taquígrafo de la Corte, Noel Wilkes.
Fudge hizo una pausa y miró a los miembros del Wizengamot.
En uno de los asientos se encontraba Albus Dumbledore.
A su lado, Tiberius Ogden se inclinó ligeramente hacia él.
—¿Cómo crees que terminará esto, Albus?
Dumbledore permaneció tranquilo.
—Terminará como debe terminar.
Tiberius lo observó durante unos segundos, como si quisiera preguntarle algo más.
Sin embargo, decidió guardar silencio.
Fudge volvió a ponerse de pie.
—Antes de continuar con los cargos, debo comunicar a esta honorable corte que, debido a nuevas evidencias obtenidas recientemente, Sirius Black es inocente de los delitos por los que fue condenado originalmente.
La sala estalló en murmullos.
—¿Entonces los rumores eran ciertos?
—¿Pettigrew está vivo?
—¡Eso es imposible!
—¡Black era inocente!
Fudge golpeó nuevamente el mazo.
¡PAM!
—¡Silencio!
Poco a poco, los murmullos desaparecieron.
Fudge respiró profundamente antes de continuar.
—Durante años, la comunidad mágica creyó que Sirius Black había traicionado a James y Lily Potter y que posteriormente había asesinado a Peter Pettigrew y a varios muggles.
Sirius apretó los puños.
Había esperado aquel momento durante años.
—Sin embargo, Peter Pettigrew no murió aquella noche.
La sala quedó completamente en silencio.
—Peter Pettigrew está vivo y actualmente se encuentra bajo custodia del Ministerio de Magia.
Esta vez, incluso algunos miembros del Wizengamot se levantaron parcialmente de sus asientos por la sorpresa.
Fudge continuó:
—Las pruebas obtenidas demuestran que Pettigrew fue quien traicionó a los Potter. Sirius Black no era el Guardián Secreto.
Sirius cerró los ojos durante unos segundos.
Por primera vez en muchos años, escuchaba oficialmente aquellas palabras.
Era inocente.
Fudge bajó la mirada hacia los documentos que tenía delante.
—Por lo tanto, esta corte debe reconocer que Sirius Black fue condenado injustamente debido a una investigación defectuosa y a una serie de errores cometidos durante la administración anterior.
Algunos miembros comenzaron a intercambiar miradas incómodas.
La palabra errores parecía demasiado pequeña para describir doce años de prisión.
Amelia Bones permanecía seria mientras revisaba los documentos.
Entonces Fudge añadió:
—El Ministerio reconoce que un hombre inocente fue privado de su libertad durante años.
Sirius levantó lentamente la mirada.
Sus ojos se encontraron con los de Dumbledore.
El director simplemente asintió.
Cornelius Fudge continuó hablando con una expresión solemne, procurando proyectar la imagen de un ministro dispuesto a corregir las injusticias del pasado.
—Debemos reconocer que este lamentable error se produjo durante la administración de la anterior ministra, Millicent Bagnold, y bajo la responsabilidad de la comisión que llevó adelante aquel proceso.
Algunos miembros del Wizengamot comenzaron a intercambiar miradas.
Fudge hizo una pequeña pausa.
—Sin embargo, gracias al trabajo realizado por el Ministerio y por mis colegas, hemos conseguido descubrir esta injusticia. Hoy podemos corregirla y devolverle la libertad a un hombre que jamás debió haber sido encarcelado.
Sirius permaneció en silencio.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo Fudge.
El ministro no estaba simplemente defendiendo su inocencia.
Estaba utilizando su liberación para demostrar que su administración era capaz de corregir los errores del pasado.
Pero entonces las miradas comenzaron a dirigirse hacia un hombre en particular.
Barty Crouch.
El antiguo jefe del Departamento de Seguridad Mágica había sido uno de los responsables del proceso que terminó con la condena de Sirius Black.
Y no era ningún secreto que Crouch y Fudge habían sido considerados rivales políticos.
La situación podía convertirse fácilmente en un enfrentamiento público.
Varios miembros del Wizengamot esperaban que Crouch se levantara y respondiera.
Quizá protestaría.
Quizá acusaría a Fudge de utilizar el caso para atacarlo.
Incluso algunos esperaban un escándalo.
Pero Crouch permaneció sentado.
Fudge lo observó de reojo.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Barty Crouch levantó lentamente la mano.
Los murmullos desaparecieron.
Fudge parpadeó sorprendido.
Después sonrió.
—Tiene la palabra, señor Crouch.
En su interior, sin embargo, Fudge estaba preocupado.
No puede cambiar la situación.
Si Crouch comenzaba a hablar de procedimientos, responsabilidades y circunstancias de aquella época, podía convertir el juicio en un desastre político.
A unos metros de él, Dolores Umbridge esbozó una pequeña sonrisa burlona.
Aquello podía resultar entretenido.
Crouch se puso de pie.
Su expresión permanecía completamente seria.
—Ministro Fudge.
—¿Sí?
—Antes de que continúe atribuyendo responsabilidades a la administración anterior, considero necesario aclarar algunos puntos.
El ambiente volvió a tensarse.
Fudge mantuvo la sonrisa.
—Por supuesto.
Crouch miró directamente a Sirius.
Después recorrió con la mirada a todo el Wizengamot.
—Hace doce años, Sirius Black fue presentado ante la comunidad mágica como el responsable de una de las mayores tragedias de nuestra época.
Sirius apretó los dientes.
Crouch continuó:
—En aquel momento, todas las pruebas disponibles apuntaban hacia él. Los testimonios, las circunstancias de la desaparición de Peter Pettigrew y la ausencia de cualquier evidencia que demostrara lo contrario llevaron a la conclusión que todos conocemos.
Crouch hizo una pausa.
—Pero ahora sabemos que esa conclusión era incorrecta.
Los murmullos regresaron de inmediato.
Entonces Crouch levantó ligeramente la voz.
—Y, en parte, por culpa del propio Sirius Black.
Fudge dejó de sonreír.
Umbridge también perdió momentáneamente su expresión burlona.
Toda la sala estalló nuevamente en murmullos.
Sirius abrió los ojos con incredulidad.
—¿¡Qué demonios estás diciendo!?
Crouch no respondió al instante. Esperó hasta que el mazo de Fudge volvió a golpear.
—¡Silencio!
Cuando la sala se calmó, Crouch continuó.
—Durante el juicio de Sirius Black, el acusado no declaró que fuera inocente.
Algunos miembros del Wizengamot comenzaron a mirarse entre ellos.
—Podemos asumir que se encontraba en estado de shock —continuó Crouch—. Podemos asumir que acababa de perder a sus amigos y que su mente no se encontraba en condiciones normales. Pero los hechos siguen siendo los mismos.
Crouch miró directamente a Sirius.
—Usted permaneció dos días en las instalaciones del Ministerio antes de ser trasladado a Azkaban.
Sirius apretó los puños.
—Durante esos dos días tuvo oportunidades para solicitar ayuda. Podía haber pedido hablar con un abogado mágico. Podía haber solicitado la presencia de Albus Dumbledore. Podía haber exigido que se investigaran sus recuerdos.
La mirada de Crouch se dirigió lentamente hacia Dumbledore.
El director permaneció completamente sereno.
—Y todos sabemos —continuó Crouch— que Sirius Black era uno de los magos más cercanos al profesor Dumbledore.
Un murmullo recorrió nuevamente la sala.
Nadie se atrevió a decirlo directamente, pero la implicación era evidente.
¿Por qué Dumbledore no intervino?
Sirius se levantó bruscamente.
—¡¡Era mi culpa, maldita sea!! ¡¡¿Cómo te atreves a utilizar eso contra mí?!!
—Señor Black, guarde silencio.
—¡Yo estaba destrozado!
—Y eso lo entiendo —respondió Crouch con frialdad—. Pero comprender sus circunstancias no cambia los hechos.
Sirius quiso responder, pero Crouch continuó antes de que pudiera hacerlo.
—Durante los años que permaneció en Azkaban también tuvo oportunidades para hablar.
Sirius se quedó inmóvil.
—Los interrogadores del Ministerio realizaron visitas periódicas. Usted podía haber declarado su inocencia. Podía haber solicitado que alguien investigara su caso. Podía haber mencionado a Peter Pettigrew como el guardian secreto.
Crouch hizo una pausa.
—Sin embargo, no lo hizo.
Sirius bajó lentamente la mirada.
—Según los informes, durante sus primeros años en Azkaban lo único que solicitaba era el periódico.
Los murmullos comenzaron nuevamente.
—Y finalmente escapó.
Crouch entrelazó las manos detrás de la espalda.
—Ahora sabemos que era inocente. Peter Pettigrew estaba vivo
Sirius no respondió.
Crouch volvió la mirada hacia el Wizengamot.
—Incluso después de descubrirse la existencia de Pettigrew, existen preguntas que debemos hacernos.
Luego volvió a mirar a Sirius.
—¿Por qué nunca presentó sus recuerdos? ¿Por qué nunca exigió una investigación? ¿Por qué nunca pidió Veritaserum?
Sirius apretó los dientes.
No tenía una respuesta sencilla.
Había estado furioso, desesperado y destruido por lo ocurrido. Después de tantos años en Azkaban, incluso hablar con normalidad se había convertido en algo difícil.
Pero Crouch no había terminado.
—No estoy diciendo que Sirius Black mereciera ser condenado injustamente.
La sala quedó en silencio.
—Estoy diciendo que no aceptaré que toda la responsabilidad sea colocada sobre mi persona y sobre la antigua ministra Millicent Bagnold cuando el propio acusado tuvo oportunidades para defenderse y no lo hizo.
Fudge permaneció completamente callado.
Umbridge tampoco dijo una palabra.
Crouch dio un último vistazo a Sirius.
—La verdad es que usted fue injustamente condenado.
Sirius levantó la mirada.
—Pero también cometió errores que facilitaron aquella condena.
Crouch volvió hacia su asiento.
—Y esos errores fueron suyos.
Sirius parecía dispuesto a gritar nuevamente, pero se detuvo.
No podía refutar fácilmente aquellas afirmaciones.
El silencio que quedó en la sala era mucho más incómodo que los murmullos anteriores.
Dumbledore observaba a Crouch con atención.
Había comprendido perfectamente lo que acababa de hacer.
Fudge también había comprendido perfectamente lo que Crouch acababa de hacer.
No tenía sentido prolongar aquella discusión.
Si continuaban, podían terminar perjudicando al Ministerio más de lo necesario.
Cornelius tomó el mazo y golpeó con fuerza.
¡PAM!
Los murmullos desaparecieron poco a poco.
—Después de revisar las pruebas presentadas ante este Wizengamot, así como la declaración de Peter Pettigrew y los nuevos hechos relacionados con el caso, esta corte reconoce que Sirius Black fue condenado injustamente.
Sirius levantó la cabeza.
Fudge continuó:
—Por lo tanto, en nombre del Ministerio de Magia, declaro a Sirius Orion Black inocente de los cargos por los que fue condenado.
Durante unos segundos nadie reaccionó.
Entonces la sala volvió a llenarse de murmullos.
Fudge golpeó nuevamente el mazo.
—¡Silencio!
Esperó hasta recuperar el control.
—El señor Black queda oficialmente absuelto de dichos cargos. Su condena anterior queda anulada y su estatus legal será restablecido.
Sirius permaneció inmóvil.
Después de tantos años, aquellas palabras finalmente habían llegado.
Libre.
Fudge respiró profundamente.
—Ahora debemos proceder con la declaración de Peter Pettigrew.
Hizo un gesto hacia los aurores.
—Traigan al acusado.
Dos aurores abandonaron la sala.
Mientras esperaban, Fudge señaló una de las filas del Wizengamot.
—Señor Black, puede tomar asiento entre los miembros de la tribuna mientras continúa la audiencia.
Sirius asintió.
Todavía parecía estar procesando lo ocurrido.
Caminó lentamente entre las filas.
Al llegar frente a Dumbledore, se detuvo.
Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.
Sirius miró al director con una mezcla de cansancio y alivio.
—Albus...
Dumbledore se levantó ligeramente de su asiento.
—Sirius.
Black tomó asiento cerca de él.
—Todavía no puedo creerlo —murmuró Sirius.
—Lo sé.
Sirius miró hacia el estrado.
—Peter está aquí. Después de todos estos años...
Dumbledore asintió.
—Y esta vez la verdad será escuchada.
Sirius apretó los puños.
—Espero que sí.
En ese momento se escuchó el sonido de las puertas del salón abriéndose.
Todos los presentes giraron la cabeza.
Los aurores entraron escoltando a Peter Pettigrew.
El antiguo amigo de James Potter avanzó temblando, mientras cientos de ojos se clavaban sobre él.
Sirius se puso de pie de inmediato.
Dumbledore extendió discretamente una mano para detenerlo.
—Sirius. Todavía no.
Black respiró profundamente y volvió a sentarse.
Pero sus ojos no abandonaron a Peter ni por un segundo.
Fudge observó a ambos hombres y golpeó nuevamente el mazo.
—Que comience la declaración de Peter Pettigrew.
Peter comenzó a temblar mientras los aurores lo colocaban frente al estrado.
Las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro.
—¡Soy inocente! —gritó desesperado—. ¡Yo no quería hacerlo! ¡Me controlaron con Imperius!
Algunos miembros del Wizengamot intercambiaron miradas.
Fudge, sin embargo, no mostró ninguna compasión.
—¿Imperius?
—¡Sí! ¡Me obligaron!
—Entonces respóndame una pregunta, señor Pettigrew —dijo Fudge—. Si realmente era inocente, ¿por qué permaneció durante años transformado en una rata?
Peter abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Miró desesperadamente a su alrededor.
Ya sabía que no podía utilizar la excusa del miedo. Había tenido años para buscar ayuda, recuperar su identidad y revelar la verdad.
Su silencio fue suficiente.
Fudge continuó.
—Usted fingió su propia muerte.
Peter bajó la mirada.
—Se escondió durante años bajo la apariencia de una mascota. Durante todo ese tiempo permitió que Sirius Black permaneciera encerrado en Azkaban por un crimen que usted había cometido.
—Yo...
—Y eso no es todo.
La voz de Fudge se volvió más firme.
—Existen pruebas de su participación en la muerte de varios muggles. También entregó información relacionada con los Potter a Lord Voldemort.
Un murmullo recorrió la sala.
Peter comenzó a llorar con mayor intensidad.
—¡Yo tenía miedo!
—¿Y cuántas personas murieron por sus decisiones? —preguntó Amelia Bones.
Peter no respondió.
—¿Cuántas familias perdieron a sus seres queridos porque usted decidió colaborar con Voldemort?
Peter cayó de rodillas.
—¡Por favor! ¡Les ruego que tengan piedad!
Sirius lo observaba desde la tribuna.
Por un instante pareció que iba a levantarse.
Dumbledore volvió a colocar una mano sobre su hombro.
Sirius apretó los dientes, pero permaneció sentado.
Fudge miró al resto del Wizengamot.
—Después de considerar las pruebas presentadas, los testimonios y la responsabilidad directa de Peter Pettigrew en estos acontecimientos...
Golpeó el mazo.
¡PAM!
—Este Wizengamot condena a Peter Pettigrew a cadena perpetua en Azkaban.
Peter quedó completamente pálido.
—¡No! ¡Por favor! ¡No me envíen allí!
Las puertas del salón se abrieron.
Dos dementores aparecieron lentamente.
El ambiente cambió de inmediato.
Varios miembros del Wizengamot se estremecieron ante aquella presencia.
Peter comenzó a forcejear.
—¡NO! ¡POR FAVOR!
Los aurores lo sujetaron mientras los dementores se acercaban.
Sirius permaneció inmóvil, observando cómo se llevaban al hombre que había destruido su vida.
Peter fue arrastrado hacia las puertas mientras seguía suplicando.
Finalmente, las puertas se cerraron.
El salón quedó en silencio.
Sirius soltó lentamente el aire que había estado conteniendo.
Después de tantos años, finalmente era libre.
Pero mientras miraba aquellas puertas cerradas, comprendió que recuperar su libertad no significaba recuperar los años que había perdido.
