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Chapter 2 - Capítulo 2

Capítulo 2: Invocación Celestial

El murmullo de miles de alas ajustándose contra las armaduras creaba un siseo constante, como estática de radio en una catedral de cristal.

Vesper —aún sintiendo el eco del nombre "Elias" como una pestaña rebelde en el ojo de su mente— se obligó a centrarse. La frialdad de su nueva naturaleza no era solo un mecanismo de defensa; era una interfaz biológica.

Podía sentir cómo su pulso se sincronizaba con el de las otras exorcistas. Era una colmena de perfección blanca y negro, y Adán era el centro de esa gravedad distorsionada.

«Es un idiota, un narcisista de manual... pero es el molde original», reflexionó Vesper mientras observaba la espalda de Adán.

Había algo en su presencia que estabilizaba el caos cuántico de su reencarnación.

Como el "Primer Hombre", su esencia actuaba como un ancla para sus creaciones. Vesper sentía que sus moléculas, antes fragmentadas por el salto dimensional, finalmente se sellaban bajo la mirada del patriarca de la humanidad.

Sera dio un paso al frente, recuperando el control del estrado. Sus seis alas se abrieron ligeramente, bañando la sala en una luminiscencia que hacía que las sombras fueran físicamente imposibles.

—Hijas del Cielo —la voz de la Serafín vibró en los huesos de Vesper—, no solo han sido dotadas con la forma de la rectitud, sino con la autoridad de la ejecución. El pecador no puede ser dañado por el hierro del hombre ni por el fuego del demonio. Para erradicar la mancha, necesitan la esencia del origen.

Sera extendió una mano y, de la nada, un brillo cegador se condensó en una lanza estándar hecha con Acero Angelical.

—La Invocación Celestial —explicó Sera—. Un fragmento de su propia voluntad moldeado por el poder que les hemos otorgado. No son simples herramientas; son extensiones de su juicio.

Adán soltó una carcajada ruidosa, interrumpiendo la solemnidad del momento.

—¡Sí, sí! Mucho discurso, Sera. ¡Miren esto, nenas!

Con un movimiento fluido y arrogante, Adán rasgueó el aire. Una explosión de energía dorada se materializó en sus manos, transformándose en su icónica hacha-guitarra. El arma vibraba con una nota baja y distorsionada que hizo que el casco de Vesper vibrara.

—Si quieren matar de verdad, tienen que sentirlo en los dedos —rugió Adán, haciendo girar el arma con una facilidad aterradora—. ¡Imaginen algo que corte, algo que rompa, y el Cielo se los dará! ¡Es infinito, es gratis y es jodidamente increíble!

Vesper cerró los puños. «Infinito...». La pieza del rompecabezas que siempre le había faltado al ver la serie finalmente encajó.

La razón por la que todas las exorcistas eran tan descuidadas con sus armas, dejando lanzas clavadas en cadáveres o tiradas en los callejones del Infierno, no era solo arrogancia. Era una capacidad técnica. Si podías generar acero sagrado con un pensamiento, ¿para qué molestarte en recogerlo? Eran soldados de una era de post-revelación bélica.

«Podemos armar a todo un ejército rebelde simplemente olvidando nuestras lanzas en el suelo», pensó Vesper con una ironía amarga. «Vaggie no fue la única que dejó un arma atrás; todas lo hacemos, cada año, por puro diseño industrial celestial y arrogancia».

Sera asintió con una mezcla de orgullo y pesar antes de desvanecerse en un haz de luz blanca, dejando a las "chicas" bajo el mando absoluto de Adán. El ambiente cambió de inmediato. La santidad se evaporó, reemplazada por la energía de un concierto de rock antes de una demolición.

Vesper escaneó las filas delanteras. Buscaba un rostro, una actitud. Lute.

La encontró a unos metros de distancia. Pero no era la lugarteniente despiadada y obsesiva que recordaba. En este momento, Lute era solo otra exorcista de la primera generación, una guerrera destacada, sí, pero sin los galones de mando ni la cercanía íntima con Adán. Era una pieza más en el tablero, esperando su oportunidad para demostrar que podía ser la más sanguinaria de todas.

Adán caminó hacia el centro de la gran plaza celestial. El aire frente a él comenzó a agrietarse, un portal dorado comenzó a abrirse.

Mostrando destellos de un rojo pútrido y un humo negro que olía a azufre y desesperación.

—Muy bien, mis pequeñas asesinas —Adán levantó su hacha hacia el cielo, y el portal se abrió por completo, revelando la vista aérea de Pentagrama City.

El calor del Infierno subió como una bofetada contra el aire frío del Cielo—. El basurero está lleno con su asquerosa sobrepoblación y nosotros somos la justicia divina que borrará hasta el último pecador de ese agujero de mierda. ¡Comencemos esta gran purga! ¡Hagamos que este primer año sea inolvidable!— Grito Adán.

Vesper sintió cómo sus alas se desplegaban automáticamente. No fue una decisión consciente; fue el software de su cuerpo respondiendo a la proximidad del enemigo. El HUD de su máscara LED se encendió, marcando puntos calientes en la ciudad de abajo.

—¡A POR ELLAS! —gritó Adán, lanzándose al vacío con una estela de luz dorada.

Una tras otra, las exorcistas saltaron. Vesper se encontró en el borde del portal. Miró hacia abajo: la ciudad de los pecadores se extendía como una herida abierta.

«Siete años antes de Charlie. Siete años antes de la redención», se dijo Vesper, invocando su propia lanza con un pensamiento gélido.

El metal bendito brilló en su mano, pesado y letal. «Lo siento por los que están abajo... pero hoy, tengo que aprender a volar en medio de un genocidio».

Con un impulso potente de sus alas, Vesper se lanzó al abismo carmesí.

El primer exterminio había comenzado.

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