Capítulo 3: El Primer Exterminio
El viento del Infierno no era aire; era un azote cargado de ceniza, olor a cobre y el eco distante de gritos interrumpidos.
Vesper descendía en picada sobre Pentagrama City, su silueta gris cortando el cielo carmesí como un bisturí en una herida abierta. Sus alas se ajustaban instintivamente, manejando las corrientes térmicas ascendentes con una precisión que su mente humana jamás habría logrado.
En su mano derecha, la lanza angelical vibraba, no por el viento, sino por una sintonía sádica con su portadora.
Su HUD táctico parpadeaba en rojo, fijando objetivos, analizando amenazas, calculando trayectorias. Era una máquina de guerra, y el Infierno era su campo de pruebas.
Vesper aterrizó pesadamente en una azotea, el impacto agrietando el concreto.
Al levantar la vista, se encontró directamente con los ojos de un pecador que había estado acechando en las sombras. Era una criatura amalgama, con rasgos de hiena y ojos inyectados en sangre. Al verla, no hubo miedo. En su lugar, una sonrisa babosa se extendió por su rostro deforme, y su mirada recorrió el cuerpo de Vesper con una lujuria asquerosa, ignorando por completo la lanza que ella sostenía.
—Evaluación: Amenaza Biológica y Moral Nivel 1. —Analizó fríamente a su objetivo.
Vesper no lo dudó. No hubo el titubeo de un estudiante universitario normal. Su cuerpo se movió con la velocidad de un látigo. Un paso adelante, un giro de cadera, y la lanza angelical se hundió con un sonido seco y húmedo en el centro del cráneo de la criatura.
El pecador colapsó instantáneamente, su cuerpo cayó pesadamente al suelo muerto. Vesper espero que se disolviera en una pila de lodo negro y ceniza estéril. Su "alma", si es que le quedaba alguna, había sido borrada de la existencia.
Vesper recuperó su lanza con un tirón seco. Esperaba algo. Esperaba el peso de la culpa. Esperaba que su "yo" humano gritara en horror ante el acto de arrebatar una vida, por muy miserable que fuera.
Esperaba que su nueva eficiencia celestial fuera un filtro, una droga emocional que adormeciera su conciencia.
Pero no sintió nada. Ni horror, ni placer sadístico. Solo una fría satisfacción de "tarea completada".
«Esto no es tan malo como esperaba», reflexionó Vesper mentalmente, mientras su HUD fijaba tres nuevos objetivos en el callejón de abajo. «Y no es por el filtro celestial. Es porque... esto es el Infierno. Esto no es Nueva York o Latino América. Esto es un vertedero de lo peor que la humanidad ha producido».
Se lanzó de nuevo al aire, interceptando a un pecador que corría desesperadamente por la calle con una bolsa de botín robado. La lanza le atravesó la espalda, clavándolo al pavimento antes de que se disolviera.
«¿Por qué? ¿Por qué Charlie Morningstar quiere redimir a estas cosas?», se cuestionó Vesper, analizando la situación con una perspectiva neutral, un tono gris sin ver la justicia en blanco y negro como hizo Adán.
Charlie era la protagonista, la "buena" de la historia. ¿Verdad?
«No», se respondió a sí misma mientras mataba a un gánster que intentaba dispararle con una ametralladora inútil. Las balas rebotaban en su uniforme de exorcista.
«Charlie no es buena. Charlie es una delirante. Es una niña rica que ha vivido toda su vida en un palacio, protegida por su padre, y que cree que el mundo es un musical de Disney. Tuvo el guion de su lado en la serie, eso es todo. Sus ideas son pura fantasía de autoayuda».
Vesper aterrizó en medio de una refriega entre una banda de caníbales y unos traficantes de drogas. Sus alas se abrieron, intimidantes. Los caníbales, con sus sonrisas de dientes afilados y sus ojos completamente negros, la miraron con hambre, no miedo.
Vesper los masacró a todos. Uno por uno. Sin piedad. Sin prisa.
«¿Por qué Vaggie lo dejó todo por un niño caníbal?», pensó Vesper, mientras decapaba a la última de las caníbales. «La serie lo pintó como un acto de compasión. Una exorcista que recuperó su humanidad. Pero visto desde aquí...»
Un grupo de tres pecadores, claramente violadores a juzgar por el estado de las víctimas que dejaban atrás, la rodearon. Vesper se movió con una brutalidad calculada, quebrando extremidades antes de dar el golpe de gracia con la lanza. Sus gritos no la inmutaban.
«La respuesta es porque Vaggie fue una idiota. Una ingenua que se dejó engañar por un "niño" que claramente era un caníbal. En el Infierno, la forma no dicta la esencia. Un niño puede ser tan monstruoso como un Overlord. Vaggie no fue misericordiosa; fue negligente. Rompió su protocolo por un sentimentalismo barato que casi la mata».
Vesper continuó su marcha mortal, y con cada pecador que borraba, su análisis de los "héroes" de la serie se volvía más afilado, más frío.
«Alastor... un Overlord asesino en serie que se divierte torturando y controlando almas por la eternidad. Y Charlie lo trata como un amigo, un aliado, alguien merecedor de la redención. ¿Por qué? Porque es poderoso y útil para su pequeño proyecto de vanidad. Es una hipocresía repugnante».
La lanza atravesó a un pecador con aspecto de lagarto.
«Husk y Niffty... el uno ni siquiera quería estar en el Hazbin Hotel, arrastrado allí por la fuerza. La otra está allí por órdenes de Alastor, una pieza más en su juego. No están allí por redención; son sirvientes atrapados en la órbita de Charlie porque Alastor encontró su proyecto divertido y un forma de romper sus cadenas».
Vesper se enfrentó a un pecador de la mafia, que le recordó a Angel Dust.
«Angel Dust... un mafioso traficante de drogas que siempre se victimiza. Sí, Valentino es un monstruo, pero Angel Dust siempre regresa con su maltratador, o desquita sus malas decisiones de vida drogándose hasta perder el conocimiento o matando a otros para sentirse poderoso. ¿Redención? Él no quiere redención, quiere un escape cómodo y una cama gratis».
Vesper mató a un grupo que intentaba usar un tanque casero. La lanza atravesó el blindaje y al piloto.
«Sir Pentious... el redimido. El primer éxito de Charlie. El hombre mató a más personas en el Infierno con sus inventos de guerra que Jack el Destripador en toda su carrera. Y se supone que debemos aplaudir porque se disculpó y fue "bueno" durante unos meses. Es un insulto a la justicia».
Mientras más mataba Vesper, más claro se volvía el panorama. La frialdad de su nueva naturaleza no era un filtro y la experiencia de ver con sus propios ojos, mientras mataba a la escoria de la humanidad. Era un lente que le permitía ver la realidad sin el sentimentalismo que a menudo nublaba la vista de Charlie.
«No es que el Infierno sea irredimible. Es que Charlie Morningstar es el problema. Su vicio no es el orgullo, es la estupidez. Una estupidez unidireccional y totalmente infantil. Ella no quiere salvar a los pecadores; quiere sentirse bien consigo misma interpretando el papel de la salvadora en su propia obra de teatro. Es una niña mimada y malcriada que juega con almas eternas qué busca la aprobación de una madre que claramente no le importa».
El cielo del Infierno comenzó a aclararse, pasando del rojo carmesí a un rosa anaranjado.
El Primer Exterminio estaba terminando. Adán, Lute y las demás exorcistas ya estaban ascendiendo hacia el portal celestial, riendo y comparando "puntuaciones".
Vesper se quedó de pie sobre un montón de ceniza que solía ser una pandilla de traficantes de órganos. Bajó su lanza, que brillaba de un plateado metálico impecable, sin rastro de la sangre que había derramado.
Finalmente, tenía algo que el Elias universitario nunca tuvo. Un objetivo claro. Una misión.
«Charlie Morningstar...», pensó Vesper, mirando hacia el palacio que se vislumbraba en la distancia, donde la Princesa del Infierno probablemente estaba escondida, llorando por almas podridas. Ajena a la masacre que ella, por diseño, había orquestado al no encontrar nada útil en este agujero.
«Disfruta de tus siete años de delirio. Porque cuando nos volvamos a encontrar en esa reunión... mi objetivo no será matar pecadores. Mi objetivo será mostrarle a todo el mundo, al Cielo y al Infierno, la niña mimada y malcriada que realmente eres. Y romperé tu pequeño juguete de redención antes de que puedas cantar la primera nota».
Vesper desplegó sus alas, un rictus digital de fría determinación formándose en su máscara.
Con un impulso potente, ascendió hacia el portal celestial, dejando atrás el Infierno que ahora entendía mejor que nadie.
