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Chapter 4 - Soy un Dios

He corregido la ortografía, acentuación, puntuación y varios errores de redacción, manteniendo el tono introspectivo y de fantasía de la historia.

Me desperté con el peor dolor de cabeza que había sentido en toda mi vida.

Mientras mi visión se aclaraba, noté que seguía en el mismo lugar.

En el mismo palacio de oro.

No solo tenía leves punzadas en la cabeza; diversas imágenes aparecían en mi mente como si estuviera viendo una película.

Aunque estoy seguro de que apenas habían pasado unos segundos, sentí como si hubiera presenciado una película completa mediante unos lentes de realidad virtual, observando todo desde la perspectiva del protagonista.

Aquello fue demasiado para mí.

Podía intuir algunas cosas, pero tan solo pensarlas me ponía la piel de gallina.

No podía estar completamente seguro, así que busqué con la mirada algo que pudiera reflejar mi imagen.

Al fondo del salón distinguí un espejo colgado junto a unos jarrones.

Me levanté de la alfombra sobre la que me había desmayado y caminé hacia él.

Cuando estuve frente al espejo, me paralicé.

El reflejo que veía no correspondía al rostro que había tenido desde que tenía memoria.

Por un momento pensé que estaba observando una pintura, pero aquella imagen seguía cada uno de mis movimientos.

Y con ello, las imágenes que había visto al contemplar aquella pintura regresaron una vez más a mi mente.

Respiré profundamente.

Morí.

Esa fue la conclusión a la que llegué.

No fue algo repentino.

De hecho, ya lo presentía.

Simplemente no quería aceptarlo.

Es completamente absurdo pensar que alguien puede perder el conocimiento por agotamiento extremo y despertar en medio de un bosque, cerca de una enorme montaña, siendo capaz de sentir dolor, oler e incluso percibir cada detalle de este lugar.

Si no hubiera muerto...

¿Cómo explicaría entonces que me hubiera apoderado de este cuerpo?

Solo me quedé allí, pensando.

¿Sentía algún arrepentimiento?

No.

Siempre hice lo que quise.

Nunca lastimé a nadie.

Aunque estuve cerca de matar a varias personas.

Si no hubiera nacido en la familia en la que crecí, probablemente me habría convertido en algún tipo de asesino o en un militar dedicado exclusivamente a matar.

Me conozco a mí mismo.

Siempre sentí un gran deseo de pelear.

Tenía la confianza suficiente para matar a alguien con mis propias manos.

Por eso pasaba tanto tiempo divagando en mis pensamientos, buscando una forma de controlar mis emociones.

Y debo admitir que lo hice bastante bien.

Siempre tuve dudas sobre si existían el cielo o el infierno.

¿Existe Dios?

No lo sabía.

Pero prefería terminar en el cielo.

Por eso siempre procuré reflexionar sobre mis acciones, acumulando tanto karma positivo como me fuera posible.

Demonios, incluso gastaba dinero únicamente en lo que necesitaba y donaba el resto a refugios de animales.

Volviendo a la realidad, seguía frente al espejo.

El reflejo mostraba a un joven de grandes ojeras.

Al observar con más atención, noté que este cuerpo era realmente delgado.

Ojos negros.

Grandes ojeras.

Cabello largo y negro.

Creo que ahora tengo un rostro atractivo.

O al menos eso pensaría si no tuviera la apariencia de alguien a punto de morir.

De hecho, cuando relajé completamente los músculos de mi rostro...

¡¡Oh, por Dios!!

¡¡Esta es la cara de un asesino sin emociones, igual que el hermano de Killua en Hunter x Hunter!!

Aunque realmente no me parezco a él, aquella misma mirada vacía y escalofriante estaba frente a mí.

Bueno...

Supongo que morir no fue tan inútil como pensé.

Dejando eso de lado...

Ya no sé qué hacer.

¿Volver a mi antiguo mundo?

¿Para qué?

No tengo demasiado apego hacia él.

Quizá me gustaría ver a mis padres una última vez.

Pero no creo que eso sea posible.

¿Explorar este palacio?

Es demasiado grande.

¿Y si me pierdo?

Además, los recuerdos que recibí hace poco me dan una idea bastante clara de este lugar.

Sin nada mejor que hacer, caminé sin prisa hacia un sitio particularmente interesante.

—Qué largo es este pasillo... He caminado bastante tiempo...

Pensé mientras una intensa luz escapaba a través de unas enormes puertas situadas al final del corredor.

Solo quedaban unos cuantos pasos.

Cuando intenté empujarlas, no se movieron ni un solo centímetro.

Era como intentar mover una pared.

Abandoné aquel esfuerzo inútil y comencé a revisar los recuerdos de este cuerpo.

Después de unos instantes, recordé que en la puerta había dos pares de manos grabadas.

Siguiendo los recuerdos heredados, coloqué mis manos sobre ellas.

Inconscientemente, mi cuerpo comenzó a transmitir una sensación fría hacia mis palmas.

Aquella frialdad era el poder que poseía este cuerpo.

Mi divinidad.

Divinidad.

Un poder innato de todos los dioses.

La divinidad es la manifestación de un concepto sobre el cual un dios ejerce autoridad.

El antiguo propietario de este cuerpo gobernaba la muerte.

Y, al igual que los dioses de cierto manga que solía leer, también poseía un Arcanum.

Si conociera el nombre de este dios, probablemente estaría gritando de felicidad al pensar que terminé en un mundo similar.

'Dejando eso de lado...'

Observé cómo las puertas comenzaban a abrirse después de inyectarles una pequeña cantidad de energía.

La vista que apareció al otro lado fue deslumbrante.

Era un pequeño jardín.

Hermosas flores crecían a ambos lados del camino.

Enormes pilares sostenían el techo, mientras un gigantesco domo de cristal permitía que la luz iluminara todo el recinto.

En el centro se encontraba una plataforma circular.

Alrededor de ella flotaban extraños cristales transparentes de color azul.

Según los recuerdos de este cuerpo, aquello era un portal.

Uno con conexión directa al Olimpo, al Tártaro, al Mundo Inferior, a Midgard y a muchos otros lugares.

Había tantos destinos posibles que resultaba imposible contarlos.

Sin embargo, en este momento solo había un lugar al que necesitaba ir.

Al sentir mi presencia, el portal comenzó a emitir una luz cada vez más intensa.

Cuando percibí que estaba completamente cargado, avancé hasta el centro de la plataforma.

—Valhalla.

Pronuncié mi destino con voz firme.

La luz se volvió tan brillante que tuve que cerrar los ojos.

Cuando los abrí nuevamente, me encontraba sobre lo que parecía ser una isla flotante.

Esta estaba conectada a otra mucho más grande mediante un enorme puente de piedra.

Al levantar la vista más allá del puente, observé una gigantesca construcción de piedra.

Un inmenso coliseo.

Tal vez estaba demasiado impresionado por aquella vista para darme cuenta de algo más.

Desde la distancia podían escucharse innumerables gritos de combate.

Y no solo eso.

Incluso desde aquí podía percibir las poderosas auras de varios dioses provenientes del coliseo.

Este capítulo ya tiene una estructura bastante interesante porque pasa de la aceptación de la muerte a la revelación de que el protagonista posee el cuerpo de un dios. El siguiente paso lógico sería que el protagonista descubra quién era exactamente el antiguo dueño del cuerpo y por qué terminó heredándolo, lo que puede convertirse en el misterio principal de la historia.

......…

Intento hacer la historia lenta y que los recuerdos del antiguo dios se expliquen a medida que pase el tiempo, las acciones del protagonista en este momento es debido a los recuerdos más recientes del cuerpo, más adelante lo explico.

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