Capitulo 123 - Treceavo Desafio (Parte 3)
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De regreso con Chris al centro del comedor, el anfitrión apuntó hacia las pantallas mientras el Chef Hatchet avanzaba desde la cocina cargando una enorme bandeja metálica entre las manos.
"¡La puntuación se estrena con un uno para las chicas y cero para los chicos! Pero no se confíen, porque el próximo platillo es..." Chris hizo una pausa dramática, sonriendo con malicia. "¿A quién de aquí le gusta la pizza?"
"¡SÍ! ¡A MÍ! ¡A MÍ!" exclamó Owen, saltando en su banca con los ojos iluminados de la emoción. "¡Viejo, yo puedo comer pizza con lo que sea! ¡La pizza es vida!"
"Excelente, Owen. ¿Qué tal suena entonces una pizza crujiente de saltamontes vivos, bañada con una espesa salsa de medusa y decorada con anchoas que todavía se retuercen?" completó Chris, señalando al Chef, quien retiró la tapa plateada para revelar una masa cubierta de insectos que saltaban y pescados pequeños que se sacudían desesperados.
El comedor entero se congeló. Las expresiones de emoción se transformaron al instante en muecas de absoluto asco. Salvo por Owen, que murmuró un conforme "Bueno, está bien, sigue siendo pizza", todos miraron con horror cómo el Chef comenzaba a servirle a cada campista una enorme y asquerosa rebanada.
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El desafío comenzó primero del lado de las chicas. Al ver los insectos brincar sobre el queso derretido, Leshawna empujó su plato con brusquedad hacia el centro de la mesa, cruzándose de brazos de golpe.
"¡Olvídenlo! ¡Yo no me voy a meter un bicho vivo a la boca! ¡Me niego rotundamente!" sentenció Leshawna, plantando su postura.
Heather, al ver la debilidad de su compañera, se inclinó sobre la mesa para presionarla con superioridad.
"Ay, por favor, Leshawna, no seas patética. Es solo una pizza, no te va a matar..." se burló Heather, pero justo cuando bajó la mirada hacia su propio plato, uno de los saltamontes dio un brinco directo y le aterrizó en el dorso de la mano. "¡AAAAAH! ¡QUÍTADMELO, QUÍTADMELO!" gritó Heather, sacudiendo la mano con desesperación mientras se echaba hacia atrás, negándose también a tocar el platillo.
La paciencia en el equipo femenino se rompió por completo. Gwen se levantó de la banca notablemente molesta, azotando los puños contra la mesa. Tenía una expresión de tremendo enfado que asustó a más de una.
"¡A ver, par de cobardes! ¡Yo todavía estoy digiriendo los malditos testículos de un toro en este momento, así que más les vale empezar a comer ahora mismo si no quieren que las obligue yo misma!" les rugió Gwen con la mirada encendida.
Ante la amenaza directa de la gótica, tanto Gwen como Heather no tuvieron más remedio que tomar sus rebanadas a regañadientes, cerrando los ojos con fuerza mientras masticaban los insectos crujientes y tragaban el bocado de un solo golpe.
Al final de la mesa, Bridgette contemplaba su porción con un nudo en el estómago. Como vegetariana, y en especial teniendo un profundo respeto por las criaturas marinas, la idea de comer pez la hacía querer salir corriendo. Sin embargo, miró a su alrededor; su equipo la necesitaba para mantener la ventaja y no quería quedar mal con las chicas en su primer día. Con una mueca de sufrimiento puro, Bridgette tomó la rebanada, respiró hondo y se tragó la pizza, aguantando las ganas de vomitar.
Lindsay, por su parte, estaba en completa crisis. Empujaba el plato pegando pequeños gritos cada vez que un saltamontes se movía.
"¡No puedo! ¡En serio no puedo! ¡A esto ni siquiera se le debería considerar comida en ningún país del mundo!" sollozaba Lindsay, al borde del colapso.
Al verla así, Bridgette se desplazó rápidamente hasta su lugar. Le colocó ambas manos sobre los hombros con firmeza y suavidad, obligándola a mirarla a los ojos para calmarla.
"Lindsay, escúchame, mírame. Te voy a enseñar un método que yo uso" le dijo Bridgette con voz pausada, transmitiéndole paz. "Vamos a meditar. No pienses en nada, pon tu mente en blanco, solo siéntate y traga sin sentir absolutamente nada. Confía en mí."
Desesperada por las vacaciones en el hotel, Lindsay asintió. Se acomodó de inmediato en posición de loto sobre la banca de madera y cerró los ojos, respirando profundamente. Mientras Lindsay se concentraba en no pensar ni sentir, Bridgette tomó con cuidado la rebanada de pizza y comenzó a introducírsela en la boca poco a poco. Funcionó a la perfección: Lindsay masticaba de forma mecánica, en completo trance, pasándose los saltamontes y las anchoas sin inmutarse.
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Con los chicos, la historia se desarrollaba de una manera completamente diferente y mucho más caótica. Owen, haciendo honor a su palabra, devoró su rebanada gigante en menos de tres segundos, limpiándose la salsa de medusa de las mejillas con el brazo.
"¡Delicioso! ¡Oigan, si alguien no quiere la suya, yo me la como! ¡Quiero más!" pidió Owen, estirando las manos hacia los lados.
"Alto ahí, fiera, guárdate ese estómago para los siguientes platos" lo detuvo Cody con una risa, poniéndole una mano en el pecho para frenarlo.
Inspirados por la velocidad del grandulón, DJ y Duncan lo siguieron de inmediato. Ninguno de los dos disfrutó la comida en lo más mínimo (Duncan masticaba con desprecio y DJ hacía ruidos de asco con cada bocado), pero lograron limpiar sus platos con éxito. Cody hizo lo propio, tragándose su porción con la misma técnica fría que había usado antes.
Eso dejaba a un solo hombre rezagado: Noah. El chico observaba la pizza con un tremendo y genuino asco por los insectos, paralizado y negándose a tocar la masa. Al notar su resistencia, Cody dibujó una sonrisa cómplice en su rostro, una expresión que de inmediato le hizo pensar a Noah que lo que venía a continuación no sería nada agradable.
"Owen... parece que Noah necesita un pequeño empujón para alcanzar el hotel de cinco estrellas. Sostenlo" ordenó Cody con malicia.
"¡Entendido, capitán!" respondió Owen con una enorme sonrisa.
Antes de que Noah pudiera reaccionar o protestar, Owen lo atrapó desde atrás en un monumental y apretado abrazo de oso, inmovilizándole los brazos por completo. Noah se resistió con todas sus fuerzas, pataleando y quejándose en vano.
"¡No pienses, Noah, solo traga!" le gritó Cody divertido.
Aprovechando que Noah abrió la boca para reclamar, Cody le metió la rebanada completa de un solo movimiento preciso, usando sus manos para sellarle los labios firmemente y evitar que la escupiera. Sin más opción y completamente sometido, Noah solo pudo masticar frenéticamente entre quejidos y tragarse todo el contenido.
En cuanto pasó el último bocado, Owen lo soltó. Noah cayó de rodillas sobre la banca, tomando aire ruidosamente y limpiándose la boca de inmediato mientras fulminaba al castaño con la mirada.
"¡Pudieron haber pedido por favor! ¡Había mejores formas de resolver esto, par de salvajes!" les recriminó Noah con la voz ronca de la indignación.
Cody se soltó a reír con ganas, encogiéndose de hombros de lo más relajado.
"Lo siento, viejo, pero siempre quise hacer eso" admitió Cody, estirando la mano hacia Owen, quien le regresó un sonoro choca los cinco en señal de victoria colectiva.
Con los cinco platos de los chicos completamente limpios, el equipo masculino aseguró su punto de la ronda. De inmediato, todas las miradas del comedor se centraron en la mesa de las chicas, a quienes todavía les faltaba un miembro por terminar su porción.
Leshawna era la única que quedaba del lado de las mujeres. A pesar de los reclamos de Heather, las súplicas de Lindsay que acababa de salir de su trance y la mirada fulminante de Gwen, Leshawna se mantuvo firme en su decisión. Miró el plato con repulsión, cruzó los brazos con fuerza y simplemente lo rechazó por completo, negándose a dar una sola mordida.
Su negativa provocó un enfado monumental en todo su equipo. Heather comenzó a gritarle insultos sobre su falta de compromiso, Gwen se llevó las manos a la cabeza maldiciendo entre dientes y Bridgette solo pudo suspirar decepcionada, viendo cómo la ventaja que tenían se les escapaba de las manos por el orgullo de una sola persona.
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"¡Y con eso, los chicos se llevan esta ronda de corbata! ¡La puntuación oficial queda empatada uno a uno!" anunció Chris con entusiasmo, haciendo sonar sus aplausos en el eco del comedor.
Las chicas fulminaron a Leshawna con la mirada, pero Chris no les dio tiempo de seguir reclamando. Se frotó las manos y dio un paso al frente mientras el Chef Hatchet avanzaba de nuevo con el siguiente cargamento de bandejas tapadas.
"Bien, ¿quién está listo para el tercer platillo de este hermoso banquete?" preguntó Chris con una sonrisa cínica, justo en el momento en que el Chef colocaba los platos frente a los campistas y retiraba la primera tapa de un solo golpe. "¡Tenemos espaguetis! Bueno... en realidad, son lombrices de tierra vivas con una suculenta salsa de caracoles machacados y crujientes bolas de cabello del desagüe."
Esta vez, el límite del estómago de todos llegó a su fin. Una ola de arqueadas colectivas resonó en el comedor. El olor que desprendía la salsa era tan rancio que hasta el mismísimo Cody se quedó helado en su lugar; el castaño tuvo que pasar saliva con fuerza, sintiendo por primera vez una verdadera punzada de náuseas al ver cómo los fideos de carne viva se retorcían entre los cabellos apelmazados.
Del lado de las chicas, la presión fue demasiada. Aunque Gwen intentó pinchar el plato con rabia y Bridgette trató de mentalizarse, el simple olor a humedad y podredumbre las hizo retroceder; ninguna pudo dar una sola mordida, empujando los platos con absoluto asco.
En la mesa de los hombres, sin embargo, la desesperación por el hotel de cinco estrellas sacó a relucir una estrategia de pura supervivencia militar.
"¡Nadie respira por la boca y nadie mira al frente!" ordenó Duncan con voz ronca.
De sus bolsillos, el punk sacó un puñado de pinzas para la ropa y se las repartió a los chicos para taparse la nariz, bloqueando por completo el fétido olor. Al mismo tiempo, Noah sacó de su mochila varios rollos de vendas para primeros auxilios y comenzó a amarrárselas alrededor de la cabeza a sus compañeros. Sin oler, sin ver y decididos a no saborear absolutamente nada, el grupo entero de los chicos comenzó a embutirse las lombrices a ciegas, masticando de forma frenética y tragando el asqueroso menjunje en un despliegue de pura fuerza de voluntad.
Hasta Owen, que se lo había tragado todo como una aspiradora, soltó un tremendo y ruidoso eructo al terminar, del cual salió volando un pequeño gusano vivo que todavía se retorcía en el aire antes de caer al suelo.
"¡Y los chicos lo vuelven a hacer! ¡Limpieza absoluta en la mesa de los hombres!" exclamó Chris, señalando los platos vacíos. "La puntuación se mueve: ¡Chicas uno, Chicos dos!"
Al ver la abismal ventaja de los hombres, el ambiente en la mesa de las mujeres era de pura derrota. Sin embargo, Bridgette se levantó de su asiento y se colocó en medio de ellas, extendiendo las manos con entusiasmo.
"¡Oigan, mirenme, no nos vengamos abajo!" les infundió ánimos Bridgette, mostrando su liderazgo natural. "Olviden lo que pasó con la pizza y las lombrices. Si seguimos peleando entre nosotros, nos vamos a quedar a sufrir con el Chef dos días enteros. Tenemos que jugar esto juntas, como un verdadero equipo, ¿de acuerdo? ¡Podemos ganar la siguiente ronda!"
Sus palabras finalmente hicieron eco en el grupo. Heather guardó sus comentarios ácidos, Leshawna asintió con determinación y Gwen golpeó la mesa, unidas por primera vez en toda la mañana bajo un mismo objetivo.
"¡Así me gusta! Porque se viene el cuarto round, muchachos" interrumpió Chris, regresando la atención al centro de la barra. "Y ninguna comida de nueve platillos estaría completa sin una buena entrada caliente. El especial de hoy es... ¡Sopa de juanetes con cubitos flotantes de recortes de uñas maduras!"
El Chef destapó una enorme sopera de la cual emergió un caldo amarillento y espeso, donde pequeños pedazos de piel muerta y uñas recortadas flotaban como si fueran crutones.
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Confesionario de Noah
Noah aparecía sentado frente a la cámara, con los brazos cruzados sobre el pecho y su habitual expresión de profundo aburrimiento mezclada con un asco absoluto, mirando fijamente al lente.
"Sin ninguna duda... para preparar ese caldo usaron todo lo que encontraron tirado en el piso del baño del Chef tras una semana sin limpiar", afirmó Noah con su tono monótono y cortante. "Y lo peor de todo es que sé perfectamente que Owen va a pedir que le sirvan doble porción."
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De regreso al comedor, las chicas decidieron poner en marcha la tregua y jugar con inteligencia. Inspiradas por el liderazgo de la surfista, a Bridgette se le ocurrió una idea brillante: usando un embudo de plástico que Lindsay traía en su set de belleza, se lo colocaron en la boca una por una. De esta forma, vertieron la sopa de juanetes directamente por la garganta, pasándosela de golpe sin que tocara sus papilas gustativas.
Con los chicos, la suerte fue muy diferente. El aspecto viscoso del caldo amarillento y el olor a calcetín sucio rompieron su racha. Noah, Owen y DJ simplemente no pudieron contener las náuseas y escupieron el caldo a los pocos segundos entre arcadas. Incluso a Cody, con toda su disciplina y técnica fría, le costó muchísimo pasar el trago, quedando al borde del colapso culinario.
"¡Y la estrategia de las mujeres da frutos! ¡Las chicas ganan otra vez y la puntuación se vuelve a empatar de forma dramática a dos puntos por bando!" anunció Chris, aplaudiendo el ingenio del equipo femenino. "Pero no canten victoria, porque esto se va a definir rápido. ¡Solo quedan cinco platos en el menú del Chef, así que espero que tengan buen apetito!"
Chris caminó a lo largo de la barra mientras el Chef Hatchet iba retirando las tapas de las bandejas restantes a toda velocidad, revelando la recta final del asqueroso banquete. Los equipos tuvieron que dividirse los platillos restantes para sobrevivir, desatando un calvario de sufrimiento y diálogos desesperados en cada bando.
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El Quinto Plato: Bola de gomas de mascar masticadas por el Chef
El Chef destapó una masa amorfa, grisácea y pegajosa hecha de cientos de chicles usados. A Leshawna le tocó enfrentarse a esa monstruosidad del lado de las chicas.
"¡Esto es una total falta de respeto a la salud pública!" reclamó Leshawna, metiéndose la bola elástica a la boca con los ojos inyectados en sangre.
Masticó con una fuerza descomunal, haciendo un ruido espantoso de succión. El chicle viejo del Chef se le pegaba de las encías y del paladar.
"¡No lo pienses, Leshawna! ¡Trágatelo como si fuera un bife de costilla!" le gritó Gwen desde su banca para darle ánimos.
Leshawna soltó un quejido ahogado, acumuló toda la masa en la parte trasera de la garganta y, tras un esfuerzo que casi le saca las lágrimas, se la pasó de un solo golpe, abriendo la boca por completo para mostrarle a Chris el plato limpio.
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El Sexto Plato: Jugo de olor concentrado de zorrillo
El olor rancio y picante de este líquido verde militar inundó el comedor en un segundo. Del lado de los hombres, DJ fue el elegido para este castigo, temblando de pies a cabeza.
"Chicos... de verdad, yo no creo poder sobrevivir a esto. Mi mamá me dijo que si un zorrillo me orinaba me daría la peste por semanas, ¡imagínense si me lo tomo!" sollozó DJ, sosteniendo el vaso de vidrio con las dos manos mientras sus lágrimas caían dentro del líquido.
"¡Hazlo por el hotel de cinco estrellas, DJ! ¡Piensa en las batas de baño de seda y el aire acondicionado!" le suplicó Owen, dándole de manotazos a la mesa.
DJ cerró los ojos, se tapó la nariz con una pinza de ropa y se empinó el vaso. El espeso jugo le bajó por el gaznate. El fortachón comenzó a ponerse morado del asco, pataleando debajo de la mesa y soltando un quejido agudo hasta que dejó el vaso vacío sobre la mesa, cayendo de espaldas de la banca por el mareo.
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El Séptimo Plato: La Sandalia Feliz
El Chef Hatchet colocó una chancla vieja, desgastada y sudada sobre la mesa de las chicas, decorada encima con una carita feliz dibujada toscamente con betún de chocolate negro. Lindsay miró el calzado con absoluto terror.
"¡Oh, por todos los cielos! ¡Esa sandalia ni siquiera es de mi talla! Y además... ¡el betún de chocolate tiene demasiadas calorías!" exclamó Lindsay, al borde de una crisis nerviosa.
"¡Olvida las calorías, Lindsay! ¡Muerde la suela de una vez!" le ordenó Heather, empujándole el plato.
Bridgette volvió a intervenir, tomándole las manos. "Lindsay, recuerda el trance. Pon la mente en blanco. Estás en un spa, esto es solo... un tratamiento de exfoliación profunda."
Lindsay suspiró, entró en su modo de meditación y, con un crujido seco, le dio un mordisco limpio a la parte trasera de la sandalia de hule. Masticó el plástico viejo cubierto de betún como si fuera goma de borrar, pasándoselo con un quejido seco que hizo que a todos en el comedor se les revolviera el estómago.
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El Octavo Plato: Sopa de basura
El noveno y último plato de la ronda fue el más destructivo de todos: una cubeta entera llena de cabezas de pescado podrido, restos de comida descompuesta y una lata de refresco oxidada flotando en medio. Duncan y Cody se compartieron el plato del lado de los hombres para asegurar el cierre.
Duncan tomó una cuchara grande, sacó una cabeza de pescado cuyos ojos ya estaban grises y se la metió a la boca sin parpadear, aunque una vena del cuello se le tensó al máximo mientras trituraba las espinas con los dientes.
"Sabe... a mi celda en los días de calor" gruñó Duncan con la voz ronca, pasando el bocado con dificultad y escupiendo una escama. "Tu turno, sabelotodo. Te toca el metal."
Cody miró la lata de aluminio oxidada flotando en el caldo fétido. Lejos de acobardarse, el castaño metió la mano directamente en la sopa, sacó la lata chorreante y la miró fijamente con una sonrisa fría.
"Espero que el Chef la haya lavado antes" comentó Cody con ironía.
Abrió la mandíbula y, aplicando pura fuerza, le dio un mordisco brutal a la lata. El sonido del aluminio doblándose y crujiendo bajo sus dientes resonó en todo el comedor, sorprendiendo a Noah y dejando mudas a las chicas de la mesa de enfrente. Masticó el metal doblado junto con los restos de comida podrida, tragándoselo todo con una frialdad impresionante que dejó el plato de los chicos completamente libre de residuos.
El comedor quedó sumido en un concierto de quejidos, respiraciones agitadas y estómagos destrozados. Ambos equipos habían llegado al límite absoluto de la resistencia humana, quedando completamente exhaustos y vacíos mientras miraban a Chris para saber quién se ganaría finalmente las benditas llantas del hotel de cinco estrellas.
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El comedor de la Isla del Drama parecía una zona de guerra médica. Los diez campistas se aferraban a sus estómagos, doblados sobre las mesas de madera, soltando quejidos ahogados y gemidos de puro dolor por la bomba de tiempo que llevaban dentro. Owen tenía la cabeza apoyada en el suelo para enfriar sus náuseas, mientras que Duncan y Cody apenas podían mantenerse erguidos, respirando hondo.
"Vaya, pero qué resistencia... Siguen empatados, muchachos", celebró Chris, caminando hacia la última mesa con paso pausado y una sonrisa de absoluta satisfacción. "Así que pasamos directamente al último platillo de este hermoso y asqueroso desafío."
El Chef Hatchet avanzó con paso pesado, cargando una pequeña bandeja metálica. Al retirar la tapa, reveló algo que, a simple vista, parecía el platillo más normal de toda la mañana: un simple y sencillo hot dog con su pan esponjoso.
"¡Contemplen! Deliciosas... ¡salchichas de delfín! Sí, amigos, salchichas hechas de auténtico delfín de mar", anunció Chris, dándole un golpecito al pan con el dedo.
La revelación cayó como un balde de agua helada en el comedor, pero a quien verdaderamente horrorizó fue a Bridgette. Sus ojos se abrieron de par en par, llenándose de puro pánico y asco. Se levantó de la banca de golpe, llevándose las manos a la cabeza.
"¡¿Qué?! ¡Ah, no! ¡Pero si los delfines son nuestros amigos!", exclamó Bridgette con la voz quebrada por la indignación.
Heather, que ya no aguantaba el dolor de estómago y estaba desesperada por terminar con la tortura para irse al hotel, tomó el bote de plástico de la mesa y comenzó a ponerle catsup al hot dog a toda prisa, salpicando el plato.
"¡¿Qué demonios estás esperando?! ¡Ya están completamente muertos! ¡Si no comes esto ahora mismo, no vamos a ganar!", le gritó Heather, furiosa, extendiéndole el plato con brusquedad.
"¡No puedo hacerlo, Heather! ¡Soy surfista! ¡Yo nado con delfines en el océano todo el tiempo!", se defendió Bridgette, dando un paso atrás con total repulsión.
"¡A mí no me importa tu vida marina! ¡COME!", le rugió Heather, dándole un pisotón al suelo y plantándose frente a ella.
"¡¡NO!! ¡No puedes presionarme a hacer algo así!", le gritó Bridgette, perdiendo su habitual dulzura y poniéndose cara a cara con Heather, sosteniéndole la mirada con una rabia que sorprendió a todo el comedor.
Al escuchar la acalorada discusión, DJ levantó la cabeza desde la mesa de los chicos. Con los ojos llorosos y el estómago todavía revuelto por el jugo de zorrillo, el fortachón golpeó la mesa con el puño en señal de apoyo.
"¡Estoy contigo, amiga! ¡Yo tampoco comeré delfín! ¡Son demasiado lindos y puros!", exclamó DJ, uniéndose al boicot de la surfista y cruzándose de brazos con firmeza.
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Confesionario del Chef Hatchet
El Chef Hatchet aparecía sentado en el gastado retrete de madera, todavía vistiendo su delantal manchado de hollín y grasa. Tenía los brazos cruzados sobre su enorme pecho y una expresión de profundo resentimiento y frustración grabada en el rostro.
"¿Pueden creerlo? Me esclavicé frente a esa maldita estufa caliente durante horas, picando, sazonando y cocinando delfín de la más alta calidad... ¡y estos niños malagradecidos ni siquiera pueden apreciarlo!", reclamó el Chef, señalando a la cámara con el dedo índice completamente indignado. "¡Es la última vez que me esmero tanto en un desayuno!"
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De regreso al comedor, la tensión había llegado a su punto máximo. Prácticamente todos los demás campistas ya habían devorado sus respectivos hot dogs de delfín entre quejidos y muecas de culpa, dejando sus platos completamente limpios. Los únicos que se mantenían firmes en su huelga de hambre eran Bridgette y DJ, quienes miraban las salchichas con absoluta repulsión.
Chris McLean los observaba con los brazos cruzados y una tremenda mala cara, golpeando el piso con el pie, notablemente impaciente por el retraso.
"Está bien, ¡ya fue suficiente de sentimentalismos baratos!", interrumpió Chris con tono autoritario, dando un fuerte aplauso para cortar la discusión. "No voy a pasarme todo el día esperando a que decidan si los delfines tienen sentimientos o no. Resolveremos este empate de la única forma justa y destructiva posible: ¡con una comilona a muerte!"
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La escena cambió de golpe hacia el centro del comedor, donde las mesas habían sido replegadas para dejar espacio a una sola barra comunal. El Chef Hatchet ya se encontraba ahí, acomodando una hilera masiva de platos tapados que desprendían un vaho misterioso.
Cada equipo se reunió a toda prisa en su esquina para elegir minuciosamente al representante que daría la cara en el desempate definitivo. Del lado de las mujeres, la decisión fue unánime y rápida: Leshawna dio un paso al frente, tronándose los nudillos con una mirada de acero dispuesta a comerse lo que le pusieran enfrente.
En la mesa de los hombres, la discusión fue un poco más reñida.
"Yo voy. Mi estómago está perfecto y tengo el ritmo para bajarme lo que sea de un solo bocado", se ofreció Cody de inmediato, con total seguridad y dando un paso al frente.
Sin embargo, Duncan estiró el brazo y le puso una mano en el pecho, empujándolo firmemente hacia atrás mientras negaba con la cabeza y mostraba una mueca de desconfianza.
"Oh, claro que no, sabelotodo. Tú te quedas aquí", se negó Duncan con voz ronca. "Iniciaste el desafio intentando salvar a Bridgette y dándole consejos. Si te dejamos competir a ti contra las chicas, existe una enorme posibilidad de que te dejes ganar solo para quedar bien con tu novia o cualquiera de las otras chicas. No voy a arriesgar mi viaje al hotel de cinco estrellas por tus hormonas."
Cody soltó un suspiro de frustración y giró la cabeza hacia Noah, esperando que su usual aliado saliera en su defensa como en las rondas anteriores. Pero esta vez, Noah guardó silencio. El chico de la playera roja se encogió de hombros, desvió la mirada con cinismo y se cruzó de brazos.
"Lo siento, viejo, pero esta vez el delincuente tiene un punto lógico", admitió Noah con su característico tono monótono. "Tu historial de caballero andante no te ayuda en este momento, y la verdad es que es una posibilidad muy real. Yo tampoco quiero pasar cuarenta y ocho horas bajo el mando del chef"
Sin más remedio y con el apoyo del equipo, Owen dio un ruidoso paso al frente, golpeándose el enorme estómago con ambas manos y soltando una risa motivada. El gigante de los Bagres Asesinos estaba más que listo para comer por la victoria.
"¡El juego final es simple! Quien pueda beber más shots de fresco y delicioso jugo de cucaracha será el ganador absoluto", anunció Chris con una sonrisa macabra, alzando las cejas con entusiasmo. "Esta extraña pero nutritiva mezcla de ocho tipos diferentes de cucarachas de alcantarilla es sumamente rica en vitaminas y minerales, ¡justo lo que necesitan para su estilo de vida en este campamento!"
Detrás de él, el Chef Hatchet encendió una enorme licuadora industrial que emitió un ruido ensordecedor. A través del cristal se podía ver cómo los insectos se deshacían en un espeso y viscoso líquido marrón con destellos crujientes. Con una mueca de satisfacción, el Chef comenzó a vaciar el menjunje en una larguísima hilera de vasitos de vidrio, acomodándolos perfectamente sobre una bandeja en medio de la barra.
Owen y Leshawna se plantaron frente a sus respectivas filas de shots. Ambos se miraron con pura determinación, aunque el sudor frío ya les corría por la frente.
"Muy bien... En sus marcas... listos... ¡TOMEN!" gritó Chris, bajando el brazo con fuerza.
La competencia final inició de golpe. Al principio, el ritmo era brutal; ambos iban muy parejos, a la par, vaciándose shot tras shot sin detenerse a respirar. El comedor entero se llenó del eco de los vasos de vidrio chocando con fuerza contra la madera tras cada trago. Sin embargo, a mitad de camino, la desesperación por la comida real y las comodidades del hotel hicieron que Owen encendiera los motores. El grandulón se adelantó por completo, agarrando los vasos de dos en dos y vaciándoselos en la garganta a una velocidad sobrehumana.
A pesar de la ventaja de los chicos, en los rostros de ambos competidores se notaba un sufrimiento indescriptible y un asco absoluto. Leshawna masticaba los residuos con los ojos saltados de la impresión, mientras que a Owen las lágrimas le escurrían por las mejillas a causa del fétido sabor a humedad y patas de insecto.
Con un último esfuerzo titánico, Owen estiró la mano, tomó el último vaso de su fila y se lo empinó de golpe. Al pasarse el trago, levantó temblorosamente las manos en señal de victoria hacia sus compañeros, aunque su rostro era un poema: tenía una mezcla de asco indescriptible, los ojos en blanco y la mente completamente desconectada del planeta. Dos segundos después, sus piernas cedieron y cayó pesadamente al suelo del comedor, completamente noqueado por la intoxicación del sabor.
"¡Y se acabó! ¡Owen limpia la barra y le da la victoria a los hombres!" anunció Chris con un grito emocionado, señalando al gigante caído.
Mientras los chicos estallaban en vítores y celebraban el viaje al hotel de cinco estrellas, Leshawna soltó el vaso que tenía en la mano y se recargó pesadamente contra la mesa, respirando de forma agitada, sosteniéndose el estómago y sufriendo en silencio por haber quedado tan cerca de la gloria.
"¡Leshawna, eres una completa inútil!" le espetó Heather desde su banca, cruzándose de brazos con furia. "¡Teníamos el hotel en las manos y lo arruinaste por lento!"
Pero en eso, Leshawna levantó la cabeza despacio. Tenía los ojos desorbitados y las mejillas completamente infladas. No aguantó más.
*¡¡PUUUUAAAAAGGGGHHH!!* Un chorro monumental de vómito marrón salió despedido de su boca, tapizando la mesa de madera. Para empeorar la situación, el impacto fue tal que, en medio de la asquerosa mezcla, una cucaracha enorme, completamente entera y empapada, salió volando de su boca y aterrizó con un crujido húmedo justo en el centro de la barra.
Eso fue el tiro de gracia para el comedor. Al ver el insecto y el color del líquido, el efecto dominó fue instantáneo.
*¡¡PAGH!! ¡¡PUAGH!!* Ahora sí, absolutamente todos los demás campistas empezaron a vomitar en cadena. Lindsay se tapó la cara mientras expulsaba la sandalia; Duncan y Noah lo hicieron directo al suelo; Gwen y Bridgette se sostuvieron mutuamente mientras vaciaban el estómago. Incluso Chris McLean, perdiendo toda su elegancia y su pose de conductor perfecto, se dobló a mitad del escenario y comenzó a vomitar ruidosamente sobre sus propios zapatos de diseñador.
A un costado, el Chef Hatchet presenciaba la masacre con un trapeador viejo en la mano. Su rostro era una máscara de pura rabia; miraba el comedor cubierto de fluidos, sintiéndose extremadamente molesto, furioso y asqueado por la monumental porquería que iba a tener que limpiar él solo durante las próximas horas.
"¡Ni crean que yo voy a...!" intentó gritar el Chef con su voz ronca, pero el fétido olor condensado del aire le pegó directo en la nariz.
A la mitad de la frase, su rostro se puso verde. Las enormes fuerzas del Chef flaquearon, abrió la boca y él también terminó vomitándose con fuerza sobre el balde del trapeador, uniéndose al coro de náuseas que selló el final del desayuno más catastrófico de la isla.
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La escena cambió de golpe al muelle de la playa, donde el sol brillaba con fuerza sobre las aguas de la isla. El grupo de los chicos caminaba a paso lento pero triunfal, todavía sosteniéndose un poco los estómagos maltratados, pero con una enorme sonrisa de victoria dibujada en sus rostros mientras avanzaban hacia el lujoso bote de motor que ya los esperaba con los motores encendidos.
"¡Así es, amigos! ¡Los chicos son los grandes y absolutos ganadores del desafío de hoy!" narraba la voz de Chris McLean a la cámara con su habitual tono de presentador, mientras el bote se alejaba del muelle levantando espuma, dejando ver a un Owen recuperado saludando con ambos brazos sostenido por Cody, Dj, Duncan y Noah relajados en los asientos de piel.
"Y por el otro lado..." continuó la narración de Chris, mientras la toma cambiaba bruscamente hacia el campamento. "Las chicas... bueno, parece que todavía no logran llegar a la completa paz."
La imagen mostraba un panorama desolador y tenso a mitad del patio de las cabañas. El equipo femenino estaba completamente fracturado y dividido en dos bandos muy claros: de un lado se encontraba el grupo liderado de algún modo por Gwen, donde Bridgette compartía una mirada de decepción, Lindsay se sobaba los pies cansados y Heather mantenía los brazos cruzados, fulminando con una mirada asesina a la distancia.
Completamente apartada y al otro extremo del patio, Leshawna se encontraba sola, dándoles la espalda con una expresión de pocos amigos, dejando claro que la tregua del desayuno se había disuelto por completo y que los próximos dos días en la Isla del Drama iban a ser un verdadero infierno de convivencia bajo el techo de las chicas.
