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Chapter 130 - Capitulo 125 - Decimocuarto Desafío (Parte 2)

Capitulo 125 - Decimocuarto Desafío (Parte 2)

La escena cambió, mostrando una toma abierta del anfiteatro. El cielo comenzaba a tornarse de un tono más denso mientras los campistas terminaban de llegar al lugar, murmurando entre ellos sobre lo que les depararía el resto del día.

Poco a poco, todos comenzaron a acomodarse en las gastadas bancas escalonadas de madera. En la fila superior, buscando la mayor distancia posible del suelo, se sentaron los chicos: Cody, Noah, Owen, Duncan y DJ, todos apiñados en el mismo tablón. En la fila intermedia se ubicaron Gwen, Leshawna, Heather y Bridgette; aunque la tensión de la cabaña seguía flotando en el aire, se sentaron lo suficientemente cerca como para mantener el frente unido que acababan de formar. En la fila inferior, justo al frente de todo, permanecían Izzy, Lindsay y Eva, esta última con los brazos cruzados y una mirada fija que congelaba a cualquiera que se atreviera a ver hacia abajo.

Frente a todos ellos, parado en el centro del escenario secundario, Chris McLean los esperaba de pie con las manos en los bolsillos y una enorme sonrisa cargada de malicia, disfrutando el silencio incómodo que se generó al ver su expresión.

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"¡Bienvenidos a su próximo desafío!" exclamó Chris a todo pulmón, abriendo los brazos de forma dramática. "El antiguo, clásico y siempre divertido juego de tortura psicológica y física: ¡Digan basta!"

Los campistas intercambiaron miradas de preocupación inmediata. Chris caminó unos pasos por el escenario, balanceándose sobre sus talones mientras comenzaba a explicar las reglas con total ligereza.

"Las reglas para el día de hoy son bastante simples, muchachos. Cada uno de ustedes deberá superar distintas y muy desagradables pruebas de resistencia especialmente diseñadas por la producción. Cada prueba tendrá una duración exacta de 10 segundos. Si un campista se rinde antes de tiempo, grita la palabra 'basta' o simplemente no resiste el castigo requerido, quedará automáticamente eliminado del desafío."

Chris hizo una pausa dramática, dejando que el peso de la eliminación individual se asentara en el grupo, antes de continuar con una chispa de entusiasmo en los ojos.

"Pero no todo es sufrimiento. El ganador absoluto del día de hoy no solo obtendrá la codiciada inmunidad individual en la fogata de esta noche, asegurando su permanencia una semana más. También se ganará este lujoso remolque completamente equipado que tenemos estacionado detrás de las cabañas, el cual podrá enganchar a su auto y llevarse a casa al terminar el verano."

Al escuchar los detalles del premio, Leshawna levantó la mano desde la fila intermedia, arrugando la frente con total desconfianza.

"A ver, McLean, habla claro. ¿Qué clase de torturas se supone que vamos a enfrentar?" preguntó Leshawna en voz alta, cruzándose de brazos inmediatamente después.

Chris ensanchó su sonrisa, dejando escapar una risita cínica que no auguraba nada bueno para los chicos.

"Oh, ¿por qué no se lo preguntas directamente a mi adorable, tierno y muy motivado asistente del día de hoy... el Chef Hatchet?" respondió Chris, señalando hacia el costado del escenario.

De entre las sombras de los árboles apareció el Chef, vistiendo su ropa militar y portando una expresión sumamente aterradora en el rostro, mientras sostenía una libreta de notas con una mirada fija que prometía hacerlos sufrir.

Chris dio un fuerte aplauso, llamando la atención de todos por última vez antes de dar la señal de inicio.

"Muy bien, campistas... ¡vamos a comenzar con la diversión!"

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Frente a los campistas, un par de pasantes arrastraron un pesado armatoste de madera hasta el centro del anfiteatro. Se trataba de una enorme y desgastada **Ruleta del Infortunio**, pintada con colores chillones ya deslavados por el sol. Cada una de las casillas mostraba un pequeño dibujo tosco que representaba un castigo diferente. Entre las opciones que pasaban ante sus ojos se alcanzaban a distinguir cosas bastante perturbadoras: un malvavisco envuelto en llamas, el caparazón de una tortuga, un enjambre de abejas furiosas, unos shorts diminutos, unas tijeras afiladas, un barril de madera, una enorme huella de bota y un par de símbolos de interrogación que auguraban pruebas completamente desconocidas.

Chris se paró junto al artefacto, dándole una palmadita al borde de madera antes de señalar hacia la fila superior de las bancas.

"Duncan... viejo, tú abres el telón hoy. Vas primero", anunció Chris con una sonrisa de oreja a oreja, haciendo un gesto para que bajara.

Duncan soltó un bufido de fastidio, bajando las escaleras de la banca con las manos metidas en los bolsillos y su habitual caminar pesado. Se plantó frente a la ruleta sin mostrar el más mínimo rastro de preocupación.

"Gira la Ruleta del Infortunio para descubrir cuál será tu tortura de bienvenida", le indicó Chris de buen humor.

Sin perder el tiempo, el punk estiró el brazo y le dio un fuerte manotazo a la rueda, haciéndola girar a toda velocidad. El característico sonido de la aguja plástica golpeando los clavos metálicos llenó el anfiteatro mientras todos observaban con atención. Poco a poco, la velocidad comenzó a disminuir, pasando de largo la casilla del enjambre de abejas y los shorts, hasta que finalmente dio un último y perezoso clic, deteniéndose justo sobre la casilla que tenía dibujada la **tortuga**.

Chris soltó una carcajada y aplaudió con entusiasmo.

"¡Excelente! ¡Tenemos ganador! ¡Lanzamiento de disco de tortuga!", anunció el presentador a través del megáfono.

De inmediato, Chris comenzó a explicar la prueba con sádico detalle, paseándose frente a las bancas.

"Para este desafío, nuestros queridos pasantes pasaron semanas enteras recorriendo los rincones más profundos y pantanosos de la isla, reuniendo única y exclusivamente a las tortugas mordedoras más gruñonas, furiosas, cascarrabias y hambrientas que pudieron encontrar. El reto es sencillo: Duncan deberá permanecer de pie, completamente desprotegido, dentro de esa portería de hockey de allá atrás. Mientras tanto, nuestro querido Chef le disparará los simpáticos reptiles usando un auténtico palo de hockey profesional."

Al fondo del escenario, las cámaras enfocaron al Chef Hatchet. Vestía una imponente máscara de portero clásica de los años setenta y sostenía un palo de hockey de madera, dándole ligeros golpecitos contra el suelo mientras una enorme canasta llena de tortugas inquietas esperaba justo a su lado.

Varios pasantes escoltaron a Duncan hasta el interior de la pequeña portería, obligándolo a quedarse de pie bajo la red. Justo antes de retirarse para dar inicio, Chris se acercó a paso lento, se inclinó un poco hacia el punk y le susurró al oído con un tono falsamente protector:

"Yo que tú, amigo... me protegería bien los cocos."

Duncan abrió los ojos con sorpresa y, por puro instinto de supervivencia masculina, se cubrió inmediatamente los testículos cruzando ambas manos con fuerza al frente. Chris se alejó a toda prisa mientras se reía a carcajadas, disfrutando de la repentina paranoia del chico.

"¡Esto se va a poner verdaderamente feo, señores!", exclamó Chris, levantando un brazo hacia la cabina de control. "Si logras aguantar diez segundos enteros ahí dentro sin gritar 'basta', pasarás automáticamente a la siguiente ronda. ¡Relojeros listos!"

El sonido agudo y ensordecedor de una chicharra resonó por todo el anfiteatro, marcando el inicio oficial de la prueba.

El Chef no perdió un solo segundo. Con una técnica sorprendentemente profesional, acomodó la primera tortuga en el suelo, tomó impulso y soltó un disparo a ras de pasto. El reptil salió volando a gran velocidad por los aires. Duncan, con reflejos rápidos, logró doblar las rodillas a tiempo y esquivó el proyectil, que terminó estrellándose contra la red trasera de la portería con un golpe seco.

Lamentablemente para él, la suerte no le duró mucho. El Chef acomodó la segunda tortuga y ejecutó un tiro elevado de media distancia. El animal impactó directamente en el hombro de Duncan, cerrando sus mandíbulas de golpe sobre su piel.

"¡AAAGHH! ¡Maldita sea!", gritó Duncan de dolor, arqueando la espalda mientras intentaba inútilmente zafarse del mordisco.

A partir de ahí, las tortugas comenzaron a llegar en una ráfaga continua y despiadada. El Chef disparaba una tras otra sin piedad. Un tercer reptil salió directo hacia arriba y le mordió la cabeza, enredándose en su cabello verde; casi al mismo tiempo, otra tortuga se aferró con fuerza a su bíceps izquierdo y una más impactó directamente en su pantorrilla, haciéndolo trastabillar.

Duncan maldecía en voz alta, agitando los brazos de un lado a otro e intentando arrancarse a los animales mientras trataba de mantener el equilibrio para no salirse de la portería, pero el dolor se volvía insoportable a cada segundo que pasaba.

Justo cuando el cronómetro entraba en sus últimos instantes, el Chef Hatchet arqueó el cuerpo hacia atrás y soltó un disparo de máxima potencia con una puntería perfecta. El proyectil verde voló en línea recta e impactó de lleno, con un golpe sordo, directamente en los testículos de Duncan.

El punk se congeló por completo en su lugar. Sus ojos se abrieron tanto que parecieron salirse de sus órbitas y, con el aire completamente fuera de sus pulmones, lanzó un agudísimo e inhumano grito de dolor que hizo eco en toda la isla, rompiendo varias ventanas de la cabaña de control.

Apenas dos segundos después del impacto, las piernas de Duncan cedieron por completo y cayó de bruces contra el suelo de la portería, completamente desmayado por la intensidad del dolor.

Chris miró el cronómetro digital que sostenía en su mano izquierda con total tranquilidad.

"¡Y... diez segundos exactos!", anunció Chris con una enorme sonrisa, apuntando al cuerpo caído en el suelo. "¡Duncan logra resistir el castigo y pasa oficialmente a la siguiente ronda!"

Chris continuó riéndose a carcajadas frente a las cámaras, mientras en la toma se alcanzaba a ver el cuerpo inconsciente de Duncan tirado boca abajo, con una tortuga todavía colgada firmemente de su oreja izquierda, balanceándose perezosamente.

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Mientras el Chef entraba a la portería arrastrando los pies para retirar el cuerpo inconsciente de Duncan de un solo brazo, un silencio sepulcral se apoderó de las bancas.

En la fila superior, Cody se inclinó ligeramente hacia adelante para hablar en voz baja con Gwen, quien se encontraba justo debajo de él en la fila intermedia. Noah, sentado al lado del castaño, mantuvo la vista al frente pero ladeó la cabeza, escuchando con atención la conversación.

"Cielos... esto va a ser mucho más duro y estúpido de lo que imaginaba", comentó Gwen en un susurro, frotándose los brazos mientras veía cómo le quitaban una tortuga de la espalda al punk.

"Coincido por completo", aportó Noah con su habitual tono monótono, acomodándose los chalecos. "Y lo peor es que aquello apenas acaba de empezar. McLean no se va a detener hasta que alguien termine en una camilla."

Cody miró de reojo hacia el escenario donde Chris ya preparaba la Ruleta del Infortunio para el siguiente turno. Con total tranquilidad, se acercó un poco más a sus amigos para darles un consejo sincero.

"Escuchen, si llega el peor de los casos y les toca una tortura que de verdad no puedan soportar... ríndanse", les dijo Cody con voz suave pero firme. "No vale la pena romperse un hueso o terminar desmayados por esto. Lo único que perderán si dicen 'basta' será la inmunidad individual de hoy."

Gwen lo miró de reojo, un tanto dubitativa, pero Cody le dedicó una sonrisa reconfortante antes de continuar.

"Pero recuerden que seguimos teniendo una mayoría absoluta en los votos. Mientras nos mantengamos unidos en la fogata, estamos a salvo. No hay necesidad de jugar al héroe."

Al escuchar sus palabras, la expresión de preocupación de Gwen se desvaneció por completo. Una sonrisa cálida y aliviada se dibujó en sus labios. Cody, con total naturalidad, estiró la mano hacia abajo y tomó la de ella; Gwen no lo pensó dos veces y entrelazó sus dedos con los de él de manera cariñosa, apretándola con suavidad para transmitirle su apoyo.

Ambos mantuvieron el agarre mientras desviaban la mirada por un momento hacia el resto de su grupo: Noah, que asentía levemente dándole la razón a Cody; Owen, que seguía asustado pero les sonreía; e incluso Heather, Lindsay y Bridgette, quienes compartían muecas de complicidad desde sus lugares. En medio de un juego diseñado para destruirlos y un formato individual que buscaba enemistarlos, los dos apreciaron profundamente la auténtica amistad, el afecto y la confianza que habían logrado construir orgánicamente dentro de la isla.

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Chris caminó de regreso hacia la Ruleta del Infortunio, dándole un giro perezoso para limpiar los restos de la ronda anterior.

"¡Muy bien! Continuamos con la diversión de la tarde... ¡Lindsay, tu turno!", exclamó Chris, apuntando a la fila inferior con el megáfono.

Lindsay se levantó de la banca dando un pequeño brinco de alegría, totalmente ajena al destino que había sufrido Duncan apenas unos minutos antes. Caminó con paso ligero hacia la gran rueda y, con un movimiento delicado, empujó la estructura de madera. La aguja comenzó a girar con rapidez, haciendo su característico sonido, hasta que fue perdiendo fuerza poco a poco. Finalmente, el indicador se detuvo justo sobre el dibujo del **malvavisco en llamas**.

Chris ensanchó su sonrisa y golpeó sus manos con entusiasmo.

"¡Perfecto! ¡Tenemos ganadora! ¡Tortura de malvavisco!", anunció el presentador.

De inmediato, se giró hacia el grupo para detallar las sádicas especificaciones del reto.

"El juego funciona de la siguiente manera: nuestro querido Chef Hatchet se encargará de cubrir distintas y muy sensibles partes de tu cuerpo con una generosa capa de malvavisco caliente. Una vez que se asiente, lo arrancará de un solo golpe seco. Si logras soportar el dolor sin gritar la palabra mágica durante diez segundos enteros, avanzarás a la siguiente ronda."

A un costado del anfiteatro, las cámaras enfocaron al Chef, quien se encontraba revolviendo una enorme olla de metal que hervía sobre una fogata, llena hasta el tope de una sustancia blanca, espesa y sumamente pegajosa que desprendía un vapor denso.

Para sorpresa de todos los campistas y del propio Chris, Lindsay lejos de asustarse, soltó un chillido de emoción y juntó las manos frente a su rostro.

"¡Oh, por Dios, necesito muchísimo esto!", exclamó Lindsay con los ojos brillando de la alegría. "¡No tienen una idea de cómo he estado sufriendo estas últimas semanas por culpa de los horribles raspones y los vellitos enterrados de la afeitadora del campamento!"

Caminó decidida hacia la silla de tortura y miró al Chef con una sonrisa angelical.

"Solo un detalle, señor Chef... por favor, procure no llevarse mi bronceado artificial, me costó muchísimo conseguirlo", le pidió de lo más natural.

El Chef no se molestó en responder, ni mucho menos en mostrar compasión. Con una expresión completamente fría, tomó un enorme cucharón de madera, lo sumergió en la olla hirviendo y, sin previo aviso, le vació una descomunal cantidad de malvavisco directamente sobre el rostro, cubriéndole las mejillas, la frente y la barbilla por completo.

"¡¡¡AAAHHH!!! ¡¡Está hirviendo, quema, quema!!", gritó Lindsay de dolor, agitando las piernas en el aire mientras la sustancia caliente se adhería a su piel.

En las bancas, todos los campistas quedaron completamente impactados y horrorizados por la brusquedad de la escena, cubriéndose la boca ante el sufrimiento de su compañera.

El malvavisco no tardó más que unos breves segundos en enfriarse, volviéndose una máscara rígida y sumamente adherente. El Chef Hatchet se plantó frente a ella, tomó el borde inferior de la masa blanca con sus enormes manos y, poniendo toda su fuerza, lo arrancó de un solo y brutal tirón hacia arriba. Un sonido pastoso y seco rasgó el aire del anfiteatro, dejando ver cómo una gran cantidad de vello facial invisible y parte de las cejas de Lindsay quedaban completamente pegados a la plasta blanca.

"¡¡¡AAAAAAGGGGGHHHH!!!", volvió a gritar Lindsay con todas sus fuerzas, con los ojos llorosos por el tremendo jalón.

Desde la fila superior, Owen soltó un grito idéntico, tapándose los ojos con las manos y encogiéndose en su lugar de la pura impresión de ver el tirón.

Cody, que seguía sosteniendo la mano de Gwen, hizo una mueca de dolor solidario y comentó en voz baja:

"Cielos... eso tuvo que doler muchísimo en serio. Definitivamente yo no podría aguantar algo así ni por un millón de dólares."

Gwen, al escucharlo, soltó una sonrisa burlona y de suficiencia, dándole un ligero apretón en los dedos.

"Ay, por favor... se nota a leguas que son chicos", dijo Gwen con tono divertido, mirando de reojo a Cody y a Owen. "Hay dos cosas en este mundo que ustedes los hombres nunca van a poder soportar: los tratamientos de belleza y el verdadero dolor."

Cuando la prueba finalmente terminó y el cronómetro llegó a cero, Lindsay se quedó temblando un momento en la silla, parpadeando para quitarse las lágrimas mientras se pasaba las manos con cuidado por las mejillas. Sin embargo, lejos de estallar en llanto o mostrarse molesta con la producción, sus ojos se abrieron con total asombro y una sonrisa emocionada volvió a dibujarse en su rostro.

"¡No puedo creerlo! ¡Es increíble!", exclamó Lindsay, tocándose la cara una y otra vez con la punta de los dedos. "¡No puedo creer lo asombrosamente suave y limpia que quedó mi piel! ¡Es la mejor depilación que me han hecho en la vida!"

Se levantó de la silla saltando de alegría y miró hacia donde estaba el presentador, agitando la mano con entusiasmo.

"¡Muchas gracias por el tratamiento, Chip!", le gritó con total agradecimiento.

Chris soltó un largo y pesado suspiro de frustración, frotándose el puente de la nariz con cansancio.

"Es Chris... Lindsay. Llevamos ocho semanas aquí, mi nombre es Chris... no Chip", murmuró el conductor, completamente rendido ante la distracción de la rubia.

Aun así, Chris miró su cronómetro y confirmó el resultado oficial ante las cámaras, apuntando hacia ella.

"En fin... ¡Lindsay soporta el tiempo reglamentario y supera oficialmente la prueba!", anunció Chris, mientras la chica regresaba feliz a su lugar presumiendo su rostro completamente exfoliada.

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El Chef Hatchet regresó de los arbustos arrastrando un enorme barril de madera reforzado con metal. Al quitar la tapa pesada, un penetrante olor a pantano inundó el anfiteatro. El contenedor estaba lleno hasta el tope con miles de sanguijuelas negras y viscosas que se retorcían en una masa compacta y hambrienta.

Eva fulminó a Lindsay con una mirada asesina que prometía una venganza lenta y dolorosa. Sin embargo, en lugar de reclamar o mostrar el más mínimo rastro de duda, la musculosa chica caminó con paso pesado hacia el centro del escenario, subió los escalones laterales del barril y, sin decir una sola palabra, se metió de golpe dentro de la fosa de parásitos, hundiéndose hasta los hombros.

Todos los campistas se inclinaron hacia adelante en sus bancas, cubriéndose la boca y esperando que la prueba fuera una tortura insoportable que hiciera gritar a la giganta.

Sin embargo... la reacción de Eva dejó a todos mudos.

Permaneció completamente tranquila, manteniendo los brazos cruzados dentro del barril y una expresión de total aburrimiento en el rostro, como si simplemente estuviera tomando un baño relajante en un spa. Las sanguijuelas comenzaron a adherirse a su piel de inmediato por decenas, pero ella ni parpadeó. Aguantó los diez segundos reglamentarios sin el menor problema, sosteniéndole la mirada a una Lindsay que empezaba a perder el color en el rostro.

Cuando sonó la chicharra, Eva salió del barril por su cuenta. Su cuerpo estaba completamente cubierto de los parásitos negros que se sacudían pegados a sus brazos, cuello y ropa. El Chef, de lo más normal, encendió un soplete de taller con un chasquido ruidoso y comenzó a pasar la llama azul a escasos centímetros de la piel de Eva. El calor provocó que las sanguijuelas se soltaran una a una, cayendo al suelo con sonidos pastosos.

Chris miró el cronómetro y aplaudió con fingido entusiasmo.

"¡Y el tiempo se ha cumplido! ¡Eva demuestra que tiene nervios de acero y supera oficialmente la primera ronda sin soltar una sola lágrima!", anunció el presentador con una sonrisa.

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"Lo que nos lleva a la otra cara de la moneda", continuó Chris, clavando su mirada divertida en la rubia. "Dado que el objetivo de elegir a un contrincante es que este falle para tú asegurar tu lugar, y Eva superó el reto con éxito... ¡Lindsay queda automáticamente eliminada del desafío por la inmunidad!"

Un par de pasantes aparecieron de inmediato sosteniendo una pesada y tosca estructura de madera: un cepo medieval, de esas esposas antiguas donde el prisionero debe meter la cabeza y las manos a través de tres agujeros circulares.

"¡No, esperen! ¡Mi peinado, arruinarán mi peinado!", protestó Lindsay mientras los pasantes la escoltaban hacia el centro del anfiteatro.

Sin el menor cuidado, la obligaron a inclinarse y cerraron la pesada tabla de madera sobre su cuello y muñecas con un candado ruidoso, dejándola atrapada e indefensa en una posición bastante incómoda.

"¡Ay, esto es súper injusto, Chip!", se quejó Lindsay, intentando mover las manos sin éxito mientras Cody y los demás miraban la escena con una mezcla de lástima y preocupación por lo rápido que el juego estaba cobrando sus primeras víctimas.

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Los retos continuaron de manera implacable en el anfiteatro. La Ruleta del Infortunio siguió dictando el destino de los campistas con total crueldad, y Chris McLean se veía cada vez más complacido a medida que el tablero acumulaba nuevos castigos para el grupo.

El siguiente en pasar al centro del escenario fue Owen. La ruleta giró con fuerza y la aguja se detuvo en el icono que mostraba unos pantalones cortos con texturas extrañas. Chris ensanchó su sonrisa de inmediato.

"¡Oh, esto va a ser una delicia visual! ¡Owen, te presento la tortura de los pantalones de madera!", anunció Chris con entusiasmo.

Un par de pasantes arrastraron una pesada y rígida estructura que básicamente eran unos shorts gigantescos tallados en un tronco de roble macizo. Con mucho esfuerzo, lograron meter a Owen dentro de ellos, ajustándolos firmemente a su cintura. El grandulón apenas podía moverse, atrapado en esa incómoda prisión de madera.

"A ver, Chris, viejo... esto no se siente tan mal. Es un poco rígido, pero creo que puedo aguantar diez segundos sin comer nada", dijo Owen, tratando de mantener su típico optimismo mientras se palmeaba la estructura.

"Oh, la madera no es el castigo, mi gordo amigo", respondió Chris con malicia. "El verdadero castigo es nuestro invitado especial. ¡Liberen al pájaro carpintero de pico de marfil de la isla!"

El Chef Hatchet abrió una pequeña jaula metálica y un pájaro carpintero con un pico largo y afilado salió disparado directamente hacia el enorme short de madera. El ave se plantó sobre la estructura y comenzó a picotear a una velocidad supersónica.

¡¡PRRRRRRRRRRRRRT!!

El sonido del pico perforando la madera resonó fuertemente, pero la vibración y el impacto se transfirieron directamente a las piernas de Owen.

"¡Oh! ¡Oh, cielos! ¡Eso vibra mucho! ¡Está haciendo cosquillas! ¡Espera, no, no son cosquillas! ¡¡¡AAAAAAAHHHHHHH!!!", comenzó a gritar Owen con los ojos desorbitados mientras el pájaro traspasaba la madera y empezaba a alcanzar su piel. "¡¡SÁQUENME DE AQUÍ!! ¡¡ME ESTÁ PICANDO EL TRASERO!! ¡¡BASTA, BASTA, BASTA, DIJE BASTA!!"

La chicharra sonó de inmediato, registrando el grito de rendición de Owen. Los pasantes ahuyentaron al pájaro y ayudaron a un lloroso Owen a salir de la estructura mientras se frotaba la retaguardia con desesperación.

"¡Andi Owen queda oficialmente eliminado por no resistir la presión aviar!", sentenció Chris mientras anotaba una cruz en su libreta.

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La ruleta volvió a girar, y esta vez el destino seleccionó el icono de las tijeras. Chris miró a la fila intermedia y apuntó con el megáfono a la chica gótica.

"¡Gwen! Pasa al frente. Te ha tocado un clásico de la tortura cosmética: ¡Extracción profunda de vello nasal!", exclamó Chris con una risita sádica.

Gwen soltó un largo suspiro de fastidio, se soltó suavemente del agarre de Cody y bajó las bancas con los brazos cruzados, mostrando una expresión de total desprecio.

"¿En serio, Chris? ¿Vello de la nariz? ¿Eso es lo mejor que se les ocurrió con todo el presupuesto de la producción?", espetó Gwen, sentándose en la silla central de mala gana.

"Créeme, gótica, desearás que te hubieran tocado las sanguijuelas de Eva", respondió Chris con un guiño.

El Chef Hatchet se acercó a ella portando unas pinzas de metal quirúrgico cromadas. Con una mano firme, tomó la barbilla de Gwen y la obligó a levantar la cabeza, exponiendo su rostro. Gwen mantuvo la mandíbula apretada, decidida a no darle el gusto a Chris de verla quebrarse.

El Chef introdujo con cuidado la punta de las pinzas en la fosa nasal derecha de Gwen. En las bancas, Cody observaba la escena completamente tenso, apretando los puños por la pura empatía del dolor.

"Tú puedes, Gwen, solo son diez segundos... concéntrate", murmuró Cody en voz baja, sin apartar la mirada.

El Chef localizó el vello objetivo, apretó las pinzas y, sin previo aviso, dio un jalón seco y violento hacia afuera.

Un sonido casi imperceptible de desgarro ocurrió dentro de la nariz de Gwen. Sus ojos se abrieron de golpe por completo y una oleada instantánea de lágrimas involuntarias inundó sus pupilas debido a las terminaciones nerviosas. Su rostro se puso rojo y el cuerpo se le tensó en la silla, pero apretó los dientes con tanta fuerza que sus sienes temblaron.

"¡¡Mmmghghh...!!", ahogó Gwen en el fondo de su garganta, negándose a gritar o a decir la palabra maldita.

¡¡BZZZZZZZZT!!

La chicharra sonó, indicando el final de los eternos diez segundos. El Chef la soltó y Gwen inmediatamente se inclinó hacia adelante, tapándose la nariz con ambas manos mientras un par de lágrimas le rodaban por las mejillas del puro dolor reflejo.

"¡Increíble! ¡Gwen demuestra tener una resistencia sobrehumana y pasa a la siguiente ronda!", celebró Chris.

Cody soltó un suspiro de alivio enorme y sonrió con orgullo desde su lugar al ver que su amiga lo había logrado.

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La ruleta volvió a girar con un zumbido violento, y tras varios clics perezosos que mantuvieron a todos conteniendo el aliento, la aguja se detuvo exactamente sobre el icono contiguo a la tortuga, revelando la prueba de la serpiente.

"¡Oh, sí! ¡Cody, pasa al frente para tu cita con el destino en el foso de reptiles!", exclamó Chris, frotándose las manos con malicia.

Cody se levantó de la fila superior con total tranquilidad, acomodándose los hombros sin mostrar el más mínimo rastro de preocupación. Noah le dio una palmada solidaria en la espalda.

"Fue un honor conocerte, viejo. Si esa cosa te traga entero, ¿puedo quedarme con tus geles para el cabello?", comentó Noah con su habitual humor seco.

"Sigue soñando, Noah", respondió Cody con una sonrisa confiada, bajando los escalones con paso firme.

Al llegar al centro del escenario, el Chef Hatchet ya se encontraba de pie junto a una gran caja de acrílico transparente. Dentro de ella se alcanzaba a ver una enorme, gruesa y brillante serpiente constrictora de color verde oscuro, un ejemplar masivo que siseaba de forma imponente mientras golpeaba las paredes del contenedor. Era una criatura fuerte, de un tamaño descomunal y mandíbulas amenazantes, diseñada para infundir pánico en cualquiera.

"Muy bien, Cody, las reglas son sencillas", explicó Chris, colocándose a una distancia segura. "Deberás entrar a la arena delimitada en el suelo y luchar cuerpo a cuerpo con esta hermosa anaconda de la isla durante diez segundos enteros. Si te asfixia, te muerde o dices 'basta', estás fuera."

Gwen, que aún se limpiaba las lágrimas de la nariz tras su propia prueba, se puso de pie de inmediato en la banca intermedia, con el rostro desencajado por la preocupación al ver el colosal tamaño del reptil. El resto de los campistas también se inclinó hacia adelante, asustados por el peligro real de la situación.

"¡Espera, Chris! ¡Eso es ridículamente peligroso! ¡Esa cosa es enorme, lo va a lastimar de verdad!", protestó Gwen en voz alta, con el corazón en un hilo.

Cody volteó a mirarla de reojo y, al notar la genuina angustia en su rostro y en el de los demás, les dedicó una sonrisa ligera y sumamente relajada. Para él, a diferencia de los horrorizados espectadores, aquello no era más que un juego.

"Tranquila, Gwen. No pasa nada, tengo esto bajo control", dijo Cody con un tono de voz calmado, plantándose en el centro del círculo de tiza con una postura impecable.

El Chef Hatchet abrió la compuerta de la caja y, con brusquedad militar, tomó a la pesada serpiente y la arrojó directamente sobre los hombros de Cody.

¡¡BZZZZZZZZT!!

La chicharra dio inicio al tiempo reglamentario.

La enorme serpiente, enfurecida por el movimiento, reaccionó por puro instinto depredador. Con una velocidad pasmosa, se deslizó alrededor de su cuerpo, enroscando sus gruesos anillos musculosos en torno al torso y los brazos de Cody, aplicando de inmediato una fuerza de constricción brutal que generó un crujido sordo en la lona del escenario. Desde las gradas, el impacto visual fue aterrador; parecía que el reptil iba a tragar vivo al chico, lo que hizo que Owen soltara un grito ahogado y Gwen se cubriera la boca, temiendo lo peor.

Sin embargo, lo que prometía ser una masacre se convirtió en un espectáculo de absoluta superioridad. En lugar de flaquear, perder el aire o ceder ante la imponente fuerza de la constrictora, Cody plantó firmemente los pies en el suelo, tensando su cuerpo con una frescura asombrosa. Expandió el torso con pura potencia física, bloqueando por completo el agarre del animal como si fuera una simple cuerda de feria.

La serpiente se retorcía desesperadamente, apretando con toda la fuerza de su naturaleza salvaje, pero la musculatura de Cody resultó ser un muro completamente infranqueable. Con una soltura pasmosa y movimientos fluidos, el castaño metió ambos brazos por dentro del enredo, sujetó el grueso cuerpo del reptil con firmeza y comenzó a separarlo de su pecho de forma constante, demostrando que aquella imponente criatura no era, en absoluto, rival para él.

"¡Vaya, miren eso! ¡El chico tiene más fuerza de la que aparenta!", exclamó Duncan desde la fila superior, pasando de la preocupación a una risa de genuina sorpresa al ver cómo Cody dominaba la situación con tanta facilidad.

En un último intento por defenderse, la cabeza de la enorme serpiente se irguió frente a su rostro, abriendo las fauces e intentando lanzar un ataque directo para morderlo. El público contuvo el aliento, pero Cody, manteniendo una expresión perfectamente tranquila y divertida, estiró la mano izquierda con reflejos felinos. Con un movimiento seco y preciso, la sujetó con fuerza justo debajo de la mandíbula, inmovilizándola por completo en el aire mientras sostenía el resto del masivo peso con el otro brazo.

El cronómetro digital de Chris corría en cuenta regresiva, pero para Cody aquello era un simple trámite recreativo. Mantuvo al imponente y enfurecido reptil totalmente sometido, sosteniendo la posición con una calma tan aplastante que dejó a Eva con la boca abierta en la fila inferior, visiblemente frustrada y atónita al ver que el chico ni siquiera parpadeaba ni sudaba ante la supuesta amenaza.

¡¡BZZZZZZZZT!!

El sonido de la chicharra final resonó en todo el anfiteatro, rompiendo el trance de los espectadores.

De inmediato, el Chef Hatchet intervino para llevarse a la frustrada y agotada serpiente de regreso a su caja de acrílico. Cody simplemente se sacudió los hombros con total normalidad, acomodándose la playera y respirando como si nada hubiera pasado, esbozando una sonrisa triunfal hacia las gradas que hizo que el alma les volviera al cuerpo a sus amigos.

Chris miró su reloj y apuntó a Cody con una sonrisa de satisfacción por el inesperado y emocionante despliegue de poder.

"¡Diez segundos exactos de pura adrenalina y Cody camina directo a la siguiente ronda sin despeinarse!", anunció Chris a las cámaras, girándose de inmediato hacia la Ruleta del Infortunio. "¡Muy bien, esto se está poniendo cada vez más interesante! ¡Veamos quién es la siguiente alma en desgracia que pasará a probar su suerte!"

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