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Chapter 6 - "LA ENCICLOPEDIA DE MAGIA"

Desde que presencié aquella extraña energía emanando de mi madre, todo cambió.

Ya no era curiosidad.

Era un objetivo de alto nivel.

Aprender a leer y escribir dejó de ser una simple ventaja… se convirtió en una prioridad absoluta. Era el único camino hacia el siguiente paso: la biblioteca.

Y cuando por fin fui capaz de articular mis primeras palabras, inicié mi nueva fase.

La de "niño curioso".

El problema fue… que no era tan simple.

Para un hombre que en otra vida comandó escuadrones y enfrentó situaciones de vida o muerte, mi primer gran dilema en este mundo fue ridículamente doméstico.

Me vi acorralado.

Literalmente.

Bajo la mirada expectante de Elara y Jared, quienes parecían disputar una batalla silenciosa por el honor de mi primera palabra.

—Di "papá"…

—No, no. "mamá"…

El asedio era constante.

Pero al final, la lógica se impuso.

Elara controlaba el suministro de alimento… y, más importante aún, era la portadora de esa energía que había reescrito las reglas de este mundo frente a mis ojos.

Así que tomé una decisión.

—Ma… má…

Silencio.

Un segundo.

Y luego…

Elara explotó de felicidad.

Jared suspiró con una decepción apenas disimulada.

Y yo… yo sentí una vergüenza técnica difícil de describir.

Pero había valido la pena.

Ese momento selló mi tapadera.

A partir de ahí, me convertí en lo que todos querían ver:

El pequeño milagro de los Vancroft.

Bajo la tutela de Elara… y de Shizuka, la mujer de cabello dorado, todo avanzó con una facilidad inesperada.

Ellas creían que solo estaban alimentando la curiosidad de un niño.

No tenían idea.

Cada garabato…

Cada símbolo…

Cada palabra repetida…

yo lo absorbía todo.

Analizaba. Comparaba. Memorizaba.

Y finalmente… todo encajó.

El mundo dejó de ser una mancha borrosa.

Se convirtió en un tablero.

Este mundo se llama Tellus.

Una masa continental única, colosal, conocida como Pangea, donde seis reinos se disputan la supremacía.

Según lo que he logrado reconstruir a partir de las conversaciones de mi madre, nuestra ubicación es clara:

El reino de Surlanth.

Extremo occidental.

Territorio humano.

La hegemonía humana es dominante… al menos en apariencia.

Controlamos aproximadamente el 70% del continente, divididos en tres grandes potencias:

Surlanth.

El reino del norte, Homers.

Y Asteria.

Pero el equilibrio no es tan simple.

Existen otros tres nombres que rompen esa supremacía:

Sahar.

Himal-gar.

Palagy.

Y ahí… es donde todo cambia.

Porque la razón de esa división no es política.

Es histórica.

—Hace mucho tiempo… —escuché decir a Elara en una de sus historias—, hubo una guerra en el cielo…

No reaccioné de inmediato.

Pero cuando escuché el nombre…

todo se detuvo.

—Lucifer.

Mi mente se quedó en blanco por un instante.

¿Lucifer?

Ese nombre no debería existir aquí.

No en otro mundo.

No en otra historia.

Y sin embargo…

ahí estaba.

—Dicen que cayó del cielo como un rayo sobre Tellus…

El relato continuó, pero ahora cada palabra era procesada con máxima prioridad.

—Su cuerpo… se destruyó. Sus alas… desaparecieron. Y su sangre…

hizo una pausa.

—… contaminó el mundo.

Eso no sonaba a religión.

Sonaba a evento biológico… o energético.

—Los ríos, el aire… todo cambió. Y los animales comenzaron a mutar…

Monstruos.

—Y esa misma esencia… les permitió manipular la realidad.

Mi mente empezó a conectar todo.

Energía.

Mutación.

Capacidad de alteración.

—Los humanos… tuvieron que adaptarse.

Y lo hicieron.

No todos sobrevivieron igual.

Algunos… cambiaron.

Intentaron contener esa esencia.

Y en el proceso…

evolucionaron.

Así nacieron las otras razas:

Elfos.

Enanos.

Semihumanos.

Variaciones… desviaciones… adaptaciones.

Pero no todos lo aceptaron.

Los humanos que conservaron su forma original se autoproclamaron "puros".

Y como siempre…

la pureza llevó al conflicto.

Se desató una guerra.

La humanidad buscó erradicar todo rastro de lo que consideraban corrupción.

Y lo lograron… en parte.

El 70% del continente quedó bajo su dominio.

El resto… fragmentado entre las otras razas.

Pero no fue suficiente.

Querían eliminarlo todo.

Y entonces…

cuando el odio alcanzó su punto máximo…

apareció un héroe.

No uno que luchara.

Uno que… murió.

Su sacrificio purgó el mundo.

Y de esa muerte…

nació algo nuevo.

Magia.

No la esencia corrupta de Lucifer.

Sino una energía distinta.

Divina.

Equilibrada.

Capaz de ser utilizada por todas las razas.

Capaz de enfrentar tanto a monstruos… como a demonios.

Esa historia… lo cambió todo.

Hasta ese momento, este mundo era un entorno desconocido que debía analizar. Un territorio hostil, sí, pero comprensible bajo ciertas reglas.

Ahora no.

Ahora había algo más.

Una variable que no existía en mi mundo.

Magia.

Y no como concepto abstracto o superstición… sino como una fuerza real, funcional y, lo más importante, accesible.

Desvié la mirada lentamente hacia mi madre.

Elara.

La misma mujer que, sin esfuerzo aparente, había cerrado una herida en mi pierna como si el daño nunca hubiera existido.

En ese momento lo entendí.

Eso no había sido un "truco".

Había sido… aplicación práctica de esa energía.

—…

No dije nada.

Pero dentro de mi cabeza, todo empezó a reorganizarse.

Si esa "magia" era el resultado de una energía distinta a la corrupción de Lucifer… entonces debía tener reglas.

Y si tenía reglas…

podía aprenderse.

Y si podía aprenderse…

podía dominarse.

Mi mirada se endureció apenas, algo que por suerte pasó desapercibido para Elara, quien seguía hojeando el libro con tranquilidad.

Perfecto.

Nuevo objetivo establecido.

Adquirir conocimiento sobre la magia.

Y para eso…

solo había un lugar posible.

La biblioteca.

Mis incursiones dejaron de ser simples visitas "casuales".

Ahora eran operaciones con propósito.

Entraba, observaba, memorizaba… y salía.

Sin embargo, esta vez necesitaba algo más.

No solo letras sueltas o historias.

Necesitaba información estructurada.

Clasificada.

Y tras varios intentos fallidos —incluyendo un incidente donde casi derribo una pila completa de libros— finalmente encontré lo que buscaba.

Una especie de volumen grueso, más pesado que el resto.

Cubierta desgastada.

Símbolos grabados.

Uso frecuente.

Importante.

Me tomó un esfuerzo ridículo lograr abrirlo sin llamar la atención. Mis manos aún no tenían la fuerza suficiente, pero tras unos segundos de lucha silenciosa… lo conseguí.

Pasé las páginas con torpeza controlada.

Hasta que encontré algo clave.

Un título.

Magia.

Bien.

Por fin.

Mis ojos recorrieron el texto con rapidez.

"La magia es la esencia del creador, conocida como maná. Es la principal fuerza utilizada para contrarrestar la hechicería."

Maná.

Entonces ese era el nombre.

Continué.

"Los métodos de manifestación se dividen en dos:

Conjuraciones: lentas, pero de alto poder.

Círculos mágicos: rápidos, pero de menor intensidad."

Mi mente empezó a trabajar de inmediato.

Tiempo de ejecución vs potencia.

Clásico.

—…

Seguí leyendo.

"La magia se clasifica en cinco ramas principales:

Ataque.

Defensa.

Apoyo.

Invocación.

Sellos."

Sistema estructurado.

Especialización.

Nada fuera de lo esperado… pero bien definido.

Pero lo siguiente…

eso sí era importante.

"Todo individuo en Tellus posee la capacidad de manipular el maná."

Me detuve.

Volví a leer la línea.

Otra vez.

Y una más.

¿Todos?

Eso me incluía.

Sentí una ligera tensión en el pecho.

No de miedo.

De expectativa.

Continué.

"Sin embargo, no todos pueden manifestarla externamente. Aquellos que no logran comprender las leyes del mundo son capaces únicamente de usar el maná de forma interna."

Interna…

Mis pensamientos se desviaron automáticamente hacia Jared.

Sus movimientos.

La forma en que el aire reaccionaba.

—…

Ya veo.

Eso explicaba todo.

No era que no usara magia.

Era que la usaba… dentro de su propio cuerpo.

Refuerzo físico.

Aumento de capacidades.

Eso lo hacía peligroso.

Muy peligroso.

Volví al texto.

"Para determinar la afinidad de un individuo, se debe realizar un proceso de concentración en el núcleo de maná, ubicado en el ombligo."

… curioso.

"Este núcleo se encuentra disperso en fragmentos a lo largo del cuerpo. El usuario debe concentrarse en reunirlos hasta formar un punto central."

Fragmentación energética.

Reunificación.

Visualización interna.

Era… entrenamiento mental.

Eso lo entendía.

"Una vez formado el núcleo, el usuario podrá percibir las estructuras necesarias para manifestar magia externa."

Y si no aparecían…

"Significa que el individuo solo puede utilizar el maná de forma interna."

Cerré el libro lentamente.

Mi mente estaba en completo silencio.

Procesando.

Organizando.

Evaluando.

Esto… no era solo una ventaja.

Era una oportunidad.

Si todos podían usar maná…

entonces la diferencia no estaba en el talento.

Estaba en la comprensión.

Y ahí…

yo tenía ventaja.

Lentamente, cerré mis manos.

Pequeñas.

Torpes.

Pero funcionales.

Si esto depende de entendimiento… entonces puedo aprenderlo.

Y si puedo aprenderlo…

puedo superarlos.

Mi mirada se desvió inconscientemente hacia la puerta.

Luego hacia el pasillo.

Y finalmente…

hacia algún punto indefinido más allá de esta casa.

Más allá de este mundo.

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