Cherreads

Chapter 13 - "RITMO, CAOS Y UNA GATA TRAICIONERA"

Después del almuerzo me dirigí al patio para mi entrenamiento, como todos los días.

Eligak me siguió detrás.

—¿Qué quieres ahora, demonio? ¿No te bastó con robarme la comida? —dije, aún algo ofendido.

Al llegar, me detuve en mi punto habitual y comencé mi sesión.

Respiración controlada.

Postura firme.

Eligak se sentó justo en medio.

Mirándome.

Fija.

Como si supiera exactamente lo que estaba a punto de pasar.

—Te lo advierto… —murmuré, ajustando mi guardia—. Ahora no estoy para tus juegos.

Parpadeó.

Lentamente.

Y en lugar de moverse…

Se quedó ahí.

Justo donde iba a empezar.

—Claro… perfecto.

Di el primer paso.

Desplazamiento corto. Cambio de peso. Giro de cadera.

Fluido.

Preciso.

Todo iba bien…

Hasta que sentí ese ligero cambio en el aire.

No venía de la gata.

Venía de atrás.

Giré apenas—

Demasiado tarde.

Un golpe seco impactó contra mi guardia, obligándome a retroceder medio paso.

—Sigues dejando espacios —dijo la voz calmada de Shizuka.

Chasqueé la lengua.

—¿Desde cuándo estás ahí?

—Desde antes de que empezaras a presumir frente a una gata.

—No estaba presumiendo.

—Claro.

Se acercó con pasos suaves, casi sin hacer ruido.

Como siempre.

Como si el suelo no quisiera delatarla.

Fue entonces cuando ocurrió.

Eligak se movió.

Saltó.

Pero no hacia mí.

Hacia ella.

Aterrizó con precisión sobre el hombro de Shizuka, acomodándose con total naturalidad, como si ese siempre hubiera sido su lugar.

Parpadeó una vez…

Y me miró.

Silencio.

—…Traición —murmuré.

Shizuka ni siquiera reaccionó ante el peso extra.

—Parece que hoy estás en desventaja —dijo.

Eligak soltó un leve maullido.

Como si estuviera completamente de acuerdo.

—¿En serio? —exhalé, negando con la cabeza—. ¿Ahora hacen equipo?

No hubo respuesta.

No la necesitaba.

Shizuka dio un paso al frente.

Y esta vez no avisó.

Se movió rápido.

Directo.

Un ataque limpio.

Elevé la guardia—

Impacto.

Retrocedí.

—Otra vez tarde —dijo.

Fruncí el ceño, ajustando la postura.

—No estoy tarde… estoy calentando.

Eligak inclinó levemente la cabeza.

Juzgando.

—Claro —respondió Shizuka—. Entonces calienta más rápido.

Desapareció de mi línea directa.

No con magia.

Movimiento.

Precisión.

Instinto.

Giré—

Bloqueo.

A medias.

El golpe me sacudió el brazo.

A diferencia de Jared, Shizuka no dependía de una fuerza bruta constante. Su estilo era más preciso… pero no menos peligroso. Usaba magia para reforzar sus golpes, concentrando el impacto en un solo punto. Lo suficiente como para destruir piedra con sus puños si era necesario.

—Maldición… —murmuré.

Esto ya no era un entrenamiento normal.

—Esto ya es abuso —añadí.

—Esto es realidad —corrigió Shizuka.

Eligak no se movía.

Pero estaba ahí.

Observando.

Atenta.

Como si eligiera el momento perfecto para intervenir.

Solté el aire.

Sonreí levemente.

—Perfecto…

Ajusté mi postura.

Más bajo.

Más ligero.

—Dos contra uno otra vez.

Y esta vez…

Fui yo el que avanzó.

Avancé primero.

Paso corto.

Cambio de ritmo.

Nada de ataques directos.

Si iba a pelear contra dos…

Entonces tenía que dejar de pensar como uno.

Shizuka no se movió de inmediato.

Observaba.

Esperando.

Analizando.

Eligak, en su hombro, inclinó la cabeza… como si también estuviera evaluando.

—No te quedes quieta —murmuré—. Me haces sentir observado.

No respondió.

Así que aceleré.

Amagué por la izquierda.

Cambio de peso.

Entrada baja—

Shizuka reaccionó.

Rápido.

Demasiado limpio.

Bloqueó.

Contraatacó.

Retrocedí antes del impacto completo, usando la inercia para girar el cuerpo y salir por un costado.

Me estaba adaptando.

Pero ella…

También.

—Mejor —dijo.

No sonaba impresionada.

Sonaba… conforme.

Eso era peor.

Volví a entrar.

Esta vez más agresivo.

Encadené movimientos: giro, finta alta, barrido bajo—

Y entonces—

¡zas!

Algo cayó sobre mi cabeza.

—¿Qué…?

Perdí el equilibrio un segundo.

Suficiente.

El golpe de Shizuka llegó.

Seco.

Controlado.

Directo al costado.

—¡Tch—!

Rodé por el suelo, amortiguando como pude.

Me levanté de inmediato.

Miré arriba.

Eligak.

Había saltado.

Desde el hombro de Shizuka…

Directo a mí.

Y ahora estaba otra vez en el suelo, moviendo la cola con total tranquilidad.

—…Esto es sabotaje.

Un maullido.

Sin culpa.

Shizuka no dijo nada.

Pero atacó de nuevo.

Más rápido.

Más directa.

Bloqueé.

Esta vez mejor.

Desvié su brazo apenas lo suficiente para evitar el impacto completo y contraataqué con un golpe corto al torso.

Lo detuvo.

Sin esfuerzo.

Pero por primera vez…

La obligué a reaccionar.

Sonreí.

—Te moviste.

—Lo necesitabas —respondió.

Y entonces—

Eligak volvió.

Esta vez no saltó a mi cabeza.

No.

Fue peor.

Se cruzó entre mis piernas en pleno desplazamiento.

—¡¿En serio?!

Mi pie se enganchó.

Perdí el eje.

Otra vez.

Shizuka apareció frente a mí en ese mismo instante.

Puño directo.

No pude bloquear bien.

Impacto.

Retrocedí dos pasos.

Dolió.

—…Esto ya no es dos contra uno —murmuré, recuperando la postura—. Esto es trampa.

—No hay trampas —respondió Shizuka—. Solo variables.

Miré a la gata.

Luego a ella.

Suspiré.

—Perfecto… entonces empezaré a usar las mías.

Bajé el centro de gravedad.

Relajé los hombros.

Y cambié.

No fue solo postura.

Fue… ritmo.

Mi respiración se volvió más ligera.

Mis pasos dejaron de ser lineales.

Ya no seguía una estructura.

Fluía.

Avancé otra vez.

Pero no directo.

Mi pie marcó un compás irregular, balanceándose de un lado a otro… como si dudara.

No era duda.

Era engaño.

Mi guardia subió—

Y en el último instante cayó, transformándose en un ángulo completamente distinto.

Un amague.

Luego otro.

Cambio de ritmo.

Entrada.

Salí.

Volví a entrar.

No había patrón.

No había secuencia clara.

Shizuka reaccionó.

Pero esta vez…

No fue tan limpia.

Su brazo se movió para bloquear…

Un instante tarde.

Sonreí.

—Eso es… —murmuré.

Giré sobre mi propio eje.

Lo que parecía un golpe recto terminó convirtiéndose en un giro de cadera, soltando una patada lateral desde un ángulo incómodo.

No era elegante.

No era "correcto".

Pero era efectivo.

Shizuka se vio obligada a retroceder medio paso.

Eligak se tensó sobre su hombro.

Atenta.

Ahora sí lo sentían.

La diferencia.

No estaba peleando como un niño.

Ni como un espadachín.

Ni como un guerrero de este mundo.

Estaba peleando como algo que no encajaba.

Avancé otra vez.

Pero esta vez usé el entorno.

Un paso sobre el banco.

Apoyo.

Impulso.

No fue un salto limpio.

Fue un movimiento encadenado, usando la superficie para redirigir mi cuerpo en pleno desplazamiento.

Cambié el ángulo en el aire.

Ataque descendente—

Pero no terminé ahí.

Caí.

Rodé.

Me levanté sin detener el flujo.

Otro ataque.

Otra entrada.

Otra salida.

Como una danza…

Pero una que no seguía música.

Shizuka bloqueó.

Pero ahora…

Tenía que pensar.

Tenía que adaptarse.

Y eso…

Era exactamente lo que quería.

—A ver… —murmuré, con una leve sonrisa—

—cómo lees esto.

Shizuka no respondió en cambio

Desapareció de mi frente.

No hacia atrás.

Hacia los lados.

Movimiento lateral.

Fluido.

Sin cortes.

Y esta vez…

No venía sola.

Eligak saltó justo en el momento exacto en que Shizuka avanzaba.

No fue coincidencia.

Fue sincronización.

—…¿Ya ensayaron esto o qué? —murmuré, retrocediendo un paso.

Ataque frontal.

Desvío.

Pero en el mismo instante—

Eligak cayó desde arriba.

Giré el cuerpo por instinto.

Evité el impacto.

A medias.

Shizuka ya estaba ahí.

Puño directo.

Bloqueé—

El impacto me hizo retroceder.

Otra vez.

Más fuerte.

Más rápido.

Más limpio.

No estaban improvisando.

Se movían como si compartieran un mismo ritmo.

Como si ya supieran lo que la otra iba a hacer.

—Tch…

Apreté la mandíbula.

Esto… estaba subiendo de nivel.

Y aun así…

Podía seguirles el ritmo.

Apenas.

No por fuerza.

No por magia.

Por otra cosa.

Respiré.

Lento.

Profundo.

Sentí el aire.

La vibración del suelo.

El cambio en la presión cuando se movían.

No las veía…

Las percibía.

Como un animal.

Como una presa rodeada… que decide dejar de huir.

En un mundo donde todos dependen del maná…

Yo no tenía nada de eso.

Así que mi cuerpo…

Se adaptó.

Mis sentidos se agudizaron.

Más de lo normal.

Más de lo humano.

Como esos animales que sobreviven no por ser más fuertes…

Sino por sentir antes.

Escuchar antes.

Reaccionar antes.

Shizuka atacó otra vez.

No la vi.

Pero sentí el desplazamiento.

Me moví antes del impacto.

Por poco.

Eligak volvió a intervenir.

Esta vez directo al rostro—

Incliné la cabeza.

Sus uñas pasaron a centímetros.

—…Ya entendí —murmuré.

No podía seguir reaccionando.

Tenía que anticipar.

Avancé.

Directo.

Pero no al cuerpo.

A los puntos.

Recordé.

Algo viejo.

Muy viejo.

De mi otro mundo.

El cuerpo humano no es solo músculo y hueso… es un sistema.

Canales.

Flujos.

Ritmos.

La sangre circula a través de rutas específicas, y algunos expertos eran capaces de alterarlas: acelerar el flujo, forzarlo, llevarlo al límite… y con ello, aumentar momentáneamente la velocidad y la fuerza del cuerpo.

Yo había practicado eso.

Pero no era lo único.

También existía el reverso.

La interrupción.

Se decía que, con la precisión adecuada, un impacto mínimo —apenas un toque— podía alterar ese flujo, desestabilizarlo… incluso bloquearlo por un instante.

No era fuerza.

Era exactitud.

Así que memoricé el cuerpo de Shizuka en mi mente.

No como una oponente.

Como un mapa.

Visualicé cada punto clave, desde sus pies hasta la cabeza… los lugares donde el equilibrio, la movilidad y la respuesta del cuerpo dependían de un flujo constante.

No sabía si funcionaría igual con el maná.

Pero…

Si el cuerpo seguía siendo el mismo…

Valía la pena intentarlo.

—Vamos a probar algo… —susurré.

Entré en su rango.

Shizuka reaccionó.

Rápido.

Como siempre.

Pero esta vez…

No iba a golpear fuerte.

Iba a golpear exacto.

Deslicé mi mano entre su guardia.

Un toque.

Seco.

Preciso.

Directo al pie de apoyo.

No para hacer daño.

Para interrumpir.

Su siguiente movimiento…

Se cortó.

Eligak se tensó.

Yo también.

Vi cómo, en ese mismo instante, el equilibrio de Shizuka se quebraba levemente, como si su pie hubiera dejado de responderle por una fracción de segundo.

Un instante.

Pero suficiente.

—…Funcionó.

Retrocedí de inmediato.

El corazón me latía más rápido.

No por el esfuerzo.

Por la idea.

—Interrumpí… el flujo.

No completamente.

Pero lo suficiente.

Shizuka me miró.

Diferente.

Más seria.

Más atenta.

Ya no era solo entrenamiento.

—Interesante… —murmuró.

Eligak bajó del hombro.

Esta vez no para atacar.

Para observar.

Como si también hubiera notado el cambio.

Sonreí levemente.

—Bueno… parece que sí sirve en este mundo.

Ajusté mi postura otra vez.

Pero ahora…

No era solo adaptación.

Era evolución.

More Chapters